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"No nos atrevemos a muchas cosas porque son difíciles, pero son difíciles porque no nos atrevemos a hacerlas." Séneca El uso diferenciado de las lenguas no es reciente. ¿Acaso el Emperador Carlos V (1500-1556) no decía: "Hablo en inglés a los comerciantes, en italiano a las mujeres, en francés a los hombres, en español a Dios y en alemán a mi caballo"? En grados diversos, siempre hemos tenido necesidad de recurrir a las lenguas para viajar, comerciar, producir, etc. En la actualidad, todo parece poder hacerse en inglés. En un debate, en 1924, para hacer del inglés la única lengua oficial del Estado de Texas, una política, la señora Ma Ferguson, dijo: "Si el inglés era suficiente para Jesucristo, ¡también lo es para Texas!". Bueno, dejemos las bromas a un lado. La globalización en todas sus formas permite que el inglés ocupe casi exclusivamente cada vez más situaciones de comunicación en el plano supranacional, ya sea en el transporte, las finanzas, la investigación o las ciencias, las nuevas tecnologías, la economía, las relaciones internacionales e incluso los productos y servicios culturales. La dinámica de las lenguas en el mundo y, por ende, la competencia entre las lenguas, se ha ido transformando. Todos los autores coinciden en jerarquizar las lenguas de la siguiente manera:
Se observa, asimismo, que el papel de lingua franca que desempeña el inglés limita el que tienen las lenguas internacionales pero, principalmente, ocupa un espacio cada vez más grande en las funciones reservadas a las lenguas nacionales dentro de sus propios territorios. Concretamente, esto significa que, dentro de los Estados, un número cada vez mayor de comunicaciones no se realizan en la o las lengua/s oficiales o nacionales del país y menos aún en las lenguas regionales minoritarias, sino en la lengua mundial. Este aumento del uso y, por ende, del poder del inglés en las comunicaciones dentro de los Estados Naciones pone en tela de juicio algunos derechos [1] reconocidos a los ciudadanos de un Estado:
Además, en el contexto de la liberalización de los intercambios, suele cuestionarse el derecho de los Estados a promover su lengua oficial o nacional para garantizar la cohesión social, el buen funcionamiento de la sociedad, la identidad nacional y la expresión cultural. En otras palabras, si bien hay numerosas lenguas que, efectivamente, están amenazadas en el mundo, en su mayoría, lenguas regionales o sobre todo minoritarias, y si bien es preciso esforzarse por limitar esta pérdida lingüística y cultural para la humanidad, los debates sobre las lenguas ocultan, la mayoría de las veces, que, en el contexto de la muNdernización, según el neologismo de Rossiaud, las lenguas más perjudicadas, cuyo uso disminuye y, por consiguiente, pierden prestigio y utilidad, son las lenguas nacionales u oficiales.
¿Qué hacer? ¿Una lingua franca es necesaria, ineluctable? Nadie puede dudar de la necesidad o la utilidad de una lingua franca, de una lengua común mundial, para intercambiar información rápidamente entre especialistas, con frecuencia poco numerosos en su ámbito y distribuidos en diferentes países, para viajar a países cuya lengua es difícil de aprender, etc. Pero ¿esto significa que todos los ámbitos de comunicación supranacionales deben ser ocupados por el inglés? ¿Esta situación es rentable, económica y socialmente hablando? ¿Es equitativa en el plano político? En el nivel colectivo, no es seguro. Desde el punto de vista del locutor, del que elige aprender una lengua extranjera (o segunda), el conjunto de los modelos matemáticos elaborados para tener en cuenta la dinámica del aprendizaje de las lenguas en un contexto internacional (sea por intermedio de la teoría de los juegos [Selten y Pool] o de la de las redes [de Swan, van Paris]) pone de manifiesto el carácter ineluctable del incremento del poder del inglés. La idea central de todos estos modelos es que los actores sociales tratan de aprender las lenguas útiles y que, cuanto más numerosos sean los potenciales interlocutores con los que una lengua permite hablar, más útil y rentable se la considera. En otras palabras, la dinámica de las lenguas, tal como la describen estos modelos matemáticos, no puede traducirse sino por una convergencia hacia la hegemonía de una lengua única. El principio que actúa es el de curvas de rendimiento creciente o, para hablar más familiarmente, en el contexto quebequense, el de la salchicha Hygrade. Cuantas más personas comen esas salchichas, más frescas son, y cuanto más frescas son, ¡más la gente las come!
Los costos de "todo en inglés" Si bien los pocos análisis económicos sobre la dinámica de las lenguas predicen una convergencia acelerada hacia una hegemonía lingüística ejercida por el inglés, el estudio de François Grin [2], por su parte, nos muestra que tal evolución "resulta ineficaz en términos de asignación de recursos, injusta, en términos de distribución de los recursos, peligrosa para la diversidad lingüística y cultural, y preocupante en cuanto a sus implicancias geopolíticas". Señalemos que la originalidad del estudio de Grin es que integra la visión económica a la de la evaluación de políticas públicas y coloca en el mismo plano la búsqueda de rentabilidad y la de equidad. La eficiencia no es todo, y toda política pública también debe evaluarse en función de la equidad. Los resultados del estudio de Grin muestran que, en el contexto europeo:
Según este estudio, el escenario "esperanto" es utópico, a pesar de que sería económicamente rentable. Para el autor, el escenario "multilingüismo" goza de mayor aceptabilidad política. De este rodeo por los estudios económicos, debemos retener que:
La pregunta que debemos plantearnos entonces es: ¿por qué, a pesar de los daños colaterales del "todo en inglés" (derechos lingüísticos que no se respetan, desigualdades entre los hablantes de lengua materna y de lengua extranjera para negociar y exponer sus ideas con precisión, ventajas financieras sustanciales para los países de lengua inglesa, etc.), la mayoría de los Estados y la opinión pública no ven las pérdidas que sufren y parecen aceptar el "todo en inglés" con tanta facilidad? La experiencia de planificación lingüística en Québec, pero también en muchos otros Estados que han adoptado una verdadera política lingüística, nos muestra que los Estados, si así lo desean, poseen herramientas eficaces para contener esas tendencias sociológicas negativas. Dado que la lengua es un bien colectivo, el Estado puede regular el uso de las lenguas. Pero planteemos la cuestión de manera más global.
Adoptar una estrategia de gobernanza del uso de las lenguas La cuestión que debe plantearse, pues, es la de saber cómo actuar en el plano supranacional, cuestión muy compleja sobre todo porque implica a numerosos actores: los Estados, los espacios supranacionales de concertación y de acción (por lo que respecta a Québec, las estructuras interamericanas antiguas y nuevas) que se instauran, así como los espacios de concertación y cooperación ya establecidos, como los organismos de la Francofonía, la Organización de los Estados Americanos (OEA), la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI), las organizaciones internacionales, las grandes empresas, etc. Las estrategias por definir deben alcanzar, pues, un grado de generalización que no debe perjudicar la acción, la cual varía según los niveles de responsabilidad.
Un nuevo orden Como introducción, hemos esbozado brevemente el cuadro de las consecuencias negativas del "todo en inglés" sobre el respeto de los derechos lingüísticos de los ciudadanos en un Estado determinado (derecho del consumidor, el trabajador, el ciudadano, etc.). Sin embargo, resulta que todo Estado que pretende garantizar a sus ciudadanos el conjunto de estos derechos puede ser enjuiciado en el plano internacional, por la Organización Mundial del Comercio (OMC), en particular, por obstaculizar la libre circulación de los bienes y servicios. De modo que es necesario comprender bien el nuevo orden en el que estamos, nuevo orden que nos obliga a tratar de establecer un nuevo equilibrio entre:
La resolución de las tensiones que provoca este nuevo orden depende, entonces, de la puesta en práctica de una nueva ética que conduzca a una gobernanza [5] lingüística. Al respecto, la promoción de la diversidad lingüística en el plano supranacional, instaurando estrategias de uso del multilingüismo, nos abre un camino.
Una gobernanza lingüística Keynes decía, en efecto, que la economía, la política y la ética son tres pasajeros de un mismo vehículo y añadía que la economía no debía estar al volante. En estos últimos años, se ha actuado como si el juego de las fuerzas económicas fuera a solucionar todos los problemas. Sin embargo, desde Seattle y Porto Allegre, un movimiento por una globalización con rostro humano se propone contrarrestar el neoliberalismo promovido por la OMC. La situación actual nos brinda la ocasión de intentar reequilibrar las relaciones entre la economía, la tecnología y la política. En el plano lingüístico, se puede poner en práctica una nueva gobernanza lingüística y cultural que se apoye en la firma de contratos sociolingüísticos y socioculturales en todos los niveles, del supranacional al local, como se hace en otros ámbitos, como el medio ambiente, el agua, etc. No se puede pretender lograr una integración económica, como el Área de Libre Comercio de las Américas, o participar en el desarrollo de una economía mundial, sin tomar en consideración los efectos colaterales posibles, para utilizar una expresión de moda, en los planos social, cultural y lingüístico. El libre mercado debe ser un libre comercio, equitativo y humano. En el plano lingüístico, parece que los Estados deben sentar las bases de una iniciativa de promoción del multilingüismo en todos los ámbitos de comunicación supranacional, a fin de fortalecer el uso de lenguas oficiales en su propio territorio. Como escribía recientemente Amin Maalouf, en L’Orient-Le Jour:
Escribe también [7] en su libro Les identités meurtrières:
Reglas generales de acción Para dar forma a esta ética y limitar los efectos perversos que pueden observarse actualmente, la idea de un instrumento internacional, cualquiera sea la forma que adopte, crece rápidamente, pues ¿cómo actuar en el plano supranacional sin que los Estados adopten directrices de acción que procurarán aplicar en su contexto particular? Este instrumento, que debe ser objeto de la adhesión del mayor número posible de Estados, debe tender a que se reconozca:
Una gobernanza que puede apoyarse en un precedente En el plano cultural, numerosos países han votado recientemente en favor de la adopción de un instrumento internacional (la Convención de la UNESCO sobre la protección y promoción de la diversidad de las expresiones culturales) para que la liberalización del mercado de productos y servicios culturales pueda hacerse sin que haya que cuestionar el poder de los Estados de dotarse de políticas culturales orientadas a dinamizar la expresión cultural de su territorio y, accesoriamente, dar una oportunidad de sobrevivir a las diferentes expresiones culturales. Ése es, al menos, el propósito de la Convención. ¿Qué sucede con la lengua? ¿La promoción de la diversidad lingüística está contemplada en la Convención de la UNESCO? La Convención consagra el reconocimiento internacional del derecho soberano de los Estados y los Gobiernos a formular y poner en práctica políticas culturales que permitan el desarrollo de sectores culturales fuertes que puedan contribuir a una verdadera diversidad cultural en las escenas nacional e internacional. Subraya, además, la importancia de la apertura a las otras culturas del mundo, al tiempo que reafirma los lazos que unen cultura, desarrollo y diálogo, y crea una plataforma innovadora de cooperación internacional. La dificultad estriba en lo siguiente: en la mayoría de los casos, lo que causa problemas es la libre circulación de productos culturales con fuerte connotación lingüística. Es el caso, por ejemplo, de las canciones, películas, libros o multimedia. Y es la imposición de cupos, particularmente el nivel de dichos cupos (25%, 40% ó 60%), lo que causa y seguirá causando problemas. Por otra parte, se corre el riesgo de que las negociaciones bilaterales de Estados Unidos fijen un piso mínimo, como puede observarse en las negociaciones con Corea del Sur, que harían pasar de ciento cuarenta y seis a setenta y tres el número de días reservados para la exhibición de películas coreanas. La Convención de la UNESCO es un avance importante, ya que, frente a las reglas del libre mercado, establece que un Estado puede razonablemente regular los intercambios de los productos y servicios culturales (y por qué no lingüísticos) en beneficio colectivo de sus mandantes [8].
Una gobernanza que apunta a administrar la diversidad lingüística A) Mediante una planificación del uso del multilingüismo Permítanme parafrasear una expresión de Boutros Boutros Ghali y decir que una política de planificación del multilingüismo es a la diversidad lingüística lo que el multipartidismo es a la democracia. En Europa, se tiende a que el multilingüismo dependa principalmente de los individuos, por lo tanto, el libre mercado de las lenguas tiene que regular la diversidad de los usos. En la práctica, sin embargo, esta estrategia actúa de tal modo que, paulatinamente, se elige una sola lengua como lengua de intercomunicación. El uso de las lenguas, como todo bien colectivo, se administra. Una política de planificación del multilingüismo está dirigida a enmarcar el uso de las lenguas en el conjunto de las situaciones de comunicación. Establece una clara distinción entre el multilingüismo institucional, es decir, el uso de varias lenguas por las instituciones (lo que no significa que todos los empleados deban ser plurilingües), y el plurilingüismo individual. Centrándose en las funciones lingüísticas de las instituciones, públicas o privadas, crea las condiciones de uso de las lenguas y permite su empleo por parte de los individuos. Procura lograr que:
En otras palabras, tratar de administrar el multilingüismo es fortalecer el uso de la lengua oficial en el propio territorio y favorecer el multilingüismo en el plano supranacional. De más está decir que dicho multilingüismo debe ser asumido por las instituciones privadas o públicas dentro de las cuales los individuos ofrecen sus competencias lingüísticas, así como sus competencias profesionales. Las principales ventajas que pueden obtenerse de esta planificación lingüística son las siguientes:
B) Mediante la multiplicación de la firma de contratos sociolingüísticos Un contrato sociolingüístico es un acuerdo que vincula a socios de la misma lengua o de lenguas diferentes para establecer reglas de uso de las lenguas, dentro de la agrupación misma o en las comunicaciones del grupo con el exterior. Pretende crear las condiciones de uso de las lenguas, actuar, en cierta medida, sobre la demanda de uso de las lenguas, y adoptar los medios necesarios para intervenir en caso de trato desigual. En efecto, en el plano supranacional resulta muy conveniente promover una visión multilingüe que se materialice mediante la firma de contratos sociolingüísticos en todos los niveles posibles. La gobernanza [9] lingüística a la que ya me he referido depende de ello. Así pues, ya sea dentro de agrupaciones profesionales de carácter científico u otro, coloquios internacionales, alianzas entre organizaciones no gubernamentales o gubernamentales o incluso de empresas, el estatus de las lenguas y las reglas de uso merecen ser definidos con precisión y oficialmente adoptados. Por otra parte, la adopción de normas técnicas o tecnolingüísticas [10] en el plano supranacional que apunten a una adaptabilidad lingüística y cultural de los productos y servicios también forma parte de estos contratos sociolingüisticos a elaborar. Además, estos contratos sociolingüisticos [11] pueden firmarse en todos los espacios lingüísticos a fin de fortalecer el uso de sus propias lenguas, pero también para precisar las condiciones de uso de las lenguas nacionales y las lenguas asociadas en los territorios nacionales. En este sentido, naturalmente deberían suscitar el establecimiento de políticas nacionales sobre el uso de las lenguas. Antes de terminar, quisiera insistir brevemente en la necesidad de actuar, a la vez, sobre la oferta y la demanda de uso de las lenguas. La mayoría de las veces, en los acuerdos comerciales, no se toma en consideración la lengua de los intercambios (por ejemplo, Acuerdo de Libre Comercio y Tratado de Libre Comercio de América del Norte). Sin embargo, la lengua es la que estructura los intercambios. La economía también se construye con palabras, como dice Jean-Marie Klinkenberg [12], no sólo porque las palabras permiten vender, comprar, fabricar o exponer ideas, dar instrucciones, sino también porque estructuran cada vez más la materia misma de la economía. La normalización lingüística también sirve para garantizar la fluidez de los intercambios y del circuito económico desde el diseño hasta el consumo, estableciendo definiciones comunes de la mercadería. Así, cada vez más, con las exigencias de calidad de la ISO, las empresas deben decir lo que hacen y hacer lo que dicen. Si se venden productos lingüísticos hoy más que nunca, si la lengua estructura el universo de la producción y los intercambios, lengua y economía se unen también en un tercer ámbito: las competencias que se exigen a los trabajadores, especialmente en lengua escrita, desde los niveles básicos hasta los niveles más elevados de la estratificación socioprofesional. Incluso en Europa, donde la oficialización del uso de lenguas es la más clara y avanzada, parece difícil, a pesar de las reglas de uso establecidas, resistir al "todo en inglés". Sin embargo, debe decirse:
Desarrollar la oferta, mediante el aprendizaje de lenguas, sin enmarcar la demanda de uso, puede conducir a un fracaso. Sólo tomaré el ejemplo de un profesor de francés, japonés, que se preguntaba cómo motivar a los jóvenes japoneses en el aprendizaje del francés, cuando la empresa francesa utiliza el inglés en Japón. Para terminar, permítanme hacerme eco del llamado que hizo el ex Secretario General de la Organización Internacional de la Francofonía, señor Boutros Boutros Ghali, en la Jornada del Francés, Lengua del Mundo, celebrada en Bruselas los días 19 y 20 de marzo de 2002, cuando invitaba, en su discurso de clausura, a "reconocer que hablar francés, cuando se es una gran empresa, cuando se es un funcionario internacional, cuando se es un investigador francófono, no es un acto ridículo, sino un acto político, diría incluso geopolítico, un acto de civismo lingüístico que compromete el futuro de la comunidad toda". Este llamado es válido para cada una de las lenguas oficiales o nacionales de nuestros respectivos países. Muchas gracias por su atención.
Estos derechos forman parte de lo que se llama los derechos civiles y políticos, por oposición a los derechos universales que derivan de lo que se llama los derechos humanos. François Grin, autor del informe realizado a pedido del Haut Conseil de l’évaluation de l’école en France, titulado L’enseignement des langues étrangères comme politique publique, [en línea], 2005. Algunos estudios llevados a cabo en Gran Bretaña destacaron el número importante de contratos que se perdieron debido al unilingüismo de algunos trabajadores e instan a realizar esfuerzos por aumentar el aprendizaje de las lenguas extranjeras. François Grin, « Coûts et justice linguistique dans l’Union européenne », en Favre d’Échallens (dir.), L’avenir s’écrit aussi en français, Condé-sur-Noireau, Éditions Charles Corlet, 2004, p. 97-104 (Panoramiques, 69). En Estados Unidos, la reducción constante de la enseñanza de lenguas extranjeras durante la escolaridad obligatoria, es decir antes de la universidad, permite un ahorro que puede calcularse en dieciséis mil millones de dólares. Véase mi conferencia "Pour une gouvernance linguistique et culturelle", en Organisation internationale de la Francophonie, Le français, langue du monde, París, L’Harmattan, 2003, pp. 57-65. « Cause toujours », Courrier international, hors série Culture, marzo-abril-mayo de 2003, p. 45. Véase el artículo de Pierre Georgeault en Le français, langue de la diversité québécoise, bajo la dirección de Pierre Georgeault y Michel Pagé, Montreal, Québec Amérique, 2006. La única cláusula que hace referencia explícita a la lengua es la siguiente: "Artículo 6 - Derechos de las Partes en el plano nacional. 1. En el marco de sus políticas y medidas culturales, tal como se definen en el párrafo 6 del Artículo 4, y teniendo en cuenta sus circunstancias y necesidades particulares, las Partes podrán adoptar medidas para proteger y promover la diversidad de las expresiones culturales en sus respectivos territorios. 2. Esas medidas pueden consistir en: a) medidas reglamentarias encaminadas a la protección y promoción de la diversidad de las expresiones culturales; b) medidas que brinden oportunidades, de modo apropiado, a las actividades y los bienes y servicios culturales nacionales, entre todas las actividades, bienes y servicios culturales disponibles dentro del territorio nacional, para su creación, producción, distribución, difusión y disfrute, comprendidas disposiciones relativas a la lengua utilizada para tales actividades, bienes y servicios". Véase el artículo de Alain Prujiner que examina el alcance jurídico de la Convención en Le français au Québec : les nouveaux défis, bajo la dirección de Alexandre Stefanescu y Pierre Georgeault, Saint-Laurent, Fides, 2005. Los Estados intervienen en su territorio y en el plano supranacional a través de las estructuras que implantan, pero los campos de acción son limitados y distan de cubrir todos los ámbitos. Por ello, es necesario orientarse hacia una gobernanza lingüística, en todos los niveles posibles, conducida por las diferentes agrupaciones, cualquiera sea su naturaleza. Señalemos al respecto la acción pionera del Office québécois de la langue française, que puso a disposición la plataforma multilingüe del Grand Dictionnaire terminologique.
Jean-Marie Klinkenberg, La langue et le citoyen, París, PUF, 2001.
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