II Seminario Interamericano sobre la Gestión de Lenguas
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La comunicación internacional unilingüe y sus riesgos

Delicia Villagra-Batoux
Lingüista
 

 

 
 

Desafiar a Babel como una alternativa para la comunicación entre las sociedades en la aldea global enciende pasiones y antagonismos entre los partidarios de las supuestas virtudes de la uniformidad lingüística y los defensores de la diversidad de las lenguas como garante y vectora de una interrelación respetuosa y mutuamente ventajosa. La tendencia hacia una comunicación internacional unilingüe, asociada actualmente a la expansión del anglomericano, interpela sobre los numerosos riesgos en ella implícitos.

Todas las lenguas, sin excepción, se ven amenazadas y, a través de ellas, se ve amenazada  también la soberanía de los ciudadanos del mundo. Efectivamente, el debilitamiento del pulso dialogal entre los Estados y pueblos constituye un gran peligro para cualquier lengua por más poderosa que sea y significa, además, un serio freno para todo proyecto de desarrollo.

El proyecto de integración continental previsto para nuestros países deberá tener en cuenta esta problemática.


La comunicación internacional
 

El campo de la comunicación internacional,  lejos de ser un espacio definido y uniforme, engloba  a varios escenarios y diversas realidades. Las normas que rigen la comunicación en las instancias internacionales dependen del carácter de las organizaciones, de su implantación geográfica  y de los fines específicos que ellas persiguen.

La primera gran diferencia se perfila entre las organizaciones intergubernamentales  como la ONU,  la UNESCO, la CE, etc. y las no gubernamentales, como las diversas ONGs, por ejemplo. Por otro lado tenemos los diferentes tipos de instancias internacionales que abarcan determinadas áreas de interés común en sus intercambios : cultura, comercio, deporte, ciencia, finanzas, etc. Estas, a su vez, pueden estar sujetas a convenios ( estatales o no) bilaterales o multilaterales y ocupar espacios regionales, continentales o intercontinentales.

Si bien es cierto que existe una fuerte tendencia hacia la entronización del angloamericano como  medio obligado de comunicación en las diversas instancias internacionales, todas ellas se caracterizan aún, en menor o mayor grado,  por su  multilingüismo. La noción de lenguas de trabajo es, desde luego, uno de los indicadores que permite definir la identidad de cada organización. Es de reconocer, sin embargo, la supremacia  del angloamericano especialmente en el campo de la divulgación científica y tecnológica así como en el de las transacciones comerciales y financieras, razón suficiente par interrogarnos sobre el lugar de las demás lenguas en la comunicación internacional.


El unilingüismo, una trampa tentadora
 

La aspiración a un retorno al Babel primitivo bajo la forma de una lengua artificial (esperanto, europanto u otras) o de una lengua natural (angloamericano), con miras hacia un entendimiento común, pudo y puede habitar aún en algunas mentes sinceras que contemplan el mundo actual desmesuradamente uniforme y terriblemente dislocado al mismo tiempo. Una rápida mirada hacia los fenómenos que configuran hoy nuestro modo de vida : guerras y  conflictos permanentes, inestabilidades territoriales, migraciones masivas y constantes,  pero también acortamiento de las distancias entre regiones y continentes, dinamismo en los contactos grupales, instantaneidad en las comunicaciones, basta para afirmar que nuestros entrecruzamientos en un escenario compartido estan hechos de un encuentro de alteridades. La cuestión no radica en negar  o reconocer esta realidad sino en alinearse en la corriente que opta por acallar las diversidades o estimular un entendimiento a partir de ellas.

El discernimiento de esta cuestión constituye el obligado punto de partida para la toma de posturas de los Estados y las instancias internacionales a la hora de tomar las grandes decisiones que atañen a la comunicación internacional. Es de esperar que estos diseñen, apliquen y defiendan políticas lingüísticas y culturales acordes con esta realidad multifacética, y asuman sus responsabilidades ante los ciudadanos de un mundo que no es unilingüe ni uniforme.

En este sentido, el rol llamado a jugar por nuestro continente adquiere una importancia de primer orden. América, como parte integrante del mundo que llamamos Occidente, alberga cuatro lenguas de gran trayectoria internacional, portadoras de  culturas milenarias y pertenecientes a Estados fuertemente consolidados y desarrollados económica y socialmente. Estas lenguas inmigrantes, si bien dominantes, no han sido lo suficientemente poderosas par extirpar a las lenguas amerindias y dar origen a Estados unilingües. Hoy, sin embargo, una de esas lenguas hace resurgir el peligro de un avasallamiento lingüístico aún no conocido.


El angloamericano, universal pero frágil
 

Es normal que una potencia mundial busque imponer su lengua para asegurar el control de sus dominios y conquistar nuevos mercados. Las lenguas, empero, son algo más que piezas de canje mercantiles y están sujetas a numerosos factores que pueden favorecer o entorpecer las dimensiones de su promoción social y política. Ciertamente, no podemos subestimar las ventajas de una lengua que expande los avances de las ciencias  y la técnica, las aceleraciones de la información en los medios de comunicación  masiva o los estereotipos del éxito y de lo moderno. Pero, paradójicamente, estas mismas ventajas pueden ser las portadoras de grandes riesgos para cualquier lengua dominante. Una lengua que representa el poderío y el dinero no es un elemento neutro de comunicación en un mundo polífono de voces que expresan desigualdades abismales. El dominio de una oligarquía lingüística puede suscitar, además, deseos de emancipación. Una lengua dominante, aunque pueda vender sueños y pueda diseñar espacios para triunfadores y frustrados, está sujeta, al mismo tiempo, a la representación que puedan hacerse de ella los hablantes que la acogen, a la idea que éstos puedan hacerse de sus locutores y del país que la expande, es decir, está sujeta a la manera cómo la lengua dominante es interiorizada por sus usuarios no nativos.

El angloamericano, en las condiciones actuales de su expansión, dificilmente pueda ser visto como el único instrumento capaz de garantizar una comunicación  de igual a igual, en cualquier ámbito, a todos. Su dominio es asociado prioritariamente a los imperativos de las instancias economico-financieras, pero éstas, como bien sabemos, necesitan, a su vez, conquistar mercados y consumidores heterogéneos, diseminados en un vasto universo plurilingüe.


La coexistencia lingüística pacífica para una comunicación internacional sin riesgos
 

La salud de las lenguas va de par con la soberanía lingüística. Si todas las lenguas necesitan nutrirse del contacto respetuoso de las diversas culturas para acompañar el dinamismo de los cambios en las sociedades actuales, el inglés lo necesita aún más.

Una expansión incontrolada, asociada a un "imperialismo lingüístico" (el término fue usado por primera vez en 1992 por el profesor dinamarqués Robert Phillipson), atenta contra la propia identidad de esta lengua. Hoy se habla de un singlish en Singapur, de un konglish en Corea del Sur o de un spanglish en el propio territorio de los Estados Unidos. No es pues de extrañar que numerosos especialistas de habla inglesa adviertan sobre los peligros que se ciernen sobre el inglés que, debido a su condición de lengua oficial en 45 países y de primera lengua extranjera en más de 100 países, está evolucionando,  prioritariamente, en los labios de sus hablantes no nativos, alejado de las 341 millones de personas que lo poseen como lengua materna.

Siendo, ciertamente, universal pero no sentido como la lengua materna de sus usuarios dispersos en las diversas latitudes, el inglés arriesga seriamente su fragmentación. Debemos tener en cuenta que un mensaje codificado en esta lengua  es descodificado de una manera muy diferente en un gran número de lenguas maternas  de sus locutores no nativos, quienes amenudo poseen sólo un conocimiento mínimo de la lengua para un cierto tipo de relaciones. Por otro lado,  estos mismos locutores otorgan fácilmente más de una forma a un mismo contenido, a modo de réplica a una codificación reductora de sus realidades. Desde luego,  es impensable que el inglés por sí solo ( u otra lengua en la misma situación)  pueda reflejar sin empobrecer la realidad, por ejemplo, las múltiples designaciones que posee el quéchua para las variedades del maíz o la papa, o las 25 palabras del nahuatl para indicar la idea de portar un objeto, o expresar las profundidades semánticas del reloj léxico guaraní, que emplea una palabra para cada instante de la aurora  (ko'ëtï, ko'ëju, ko'ësoro, ko'ëmbota, etc., etc.).

Con sobrada razón, no podemos dejar de estar de acuerdo con los especialistas cuando adelantan que los anglófonos deberán aprender a ser como los otros: ser  multilingües, o por lo menos bilingües, para estar en condiciones de cohabitar con los hablantes de otras lenguas  y lograr ser escuchados.


Conclusiones
  El unilingüismo constituye una seria amenaza para los Estados por su falta de receptividad a las necesidades ajenas. Somos ciudadanos de un continente pluriilingüe, nuestras voces tienen colores y sonidos múltiples. Nuestras necesidades no son siempre las mismas, nuestros hábitos y posibilidades de consumo tampoco.  Escucharnos significa demostrar la capacidad de percibir nuestras alteridades, única manera de concebir un proyecto de integración sin exclusiones. Ninguna razón puede justificar la fatalidad del empleo de un solo medio de comunicación en nuestro continente.

Proposiciones
 

Tomar medidas efectivas que impidan  la violación, de los derechos lingüísticos de los Estados en los intercambios interamericanos.

Presionar a las instancias internacionales para que respeten los acuerdos lingüísticos.

Asegurar que las organizaciones interamericanas propicien el uso de las cuatro lenguas oficiales y estimulen el empleo y la promoción de las demás lenguas del continente.

Considerar el conocimiento de las lenguas como un valor agregado que reporta ventajas económicas en las relaciones de mercado.

Desarrollar políticas educativas que impulsen la adquisición precoz de las lenguas. Crear escuelas multiplicadoras de multilingües reales.


Referencias
 

Claude Hagège : Halte à la mort des langues, Edition Odile Jacob, Paris, 2000.

Langues : une guerre à mort, Panoramiques, Corlet, Condé-sur-Noireau (France), 2000.

Cause toujours ! Courrier International (Hors-série Culture), Paris, mars, avril, mai 2003.






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