| Gabriel García Marques vaticina
que la humanidad entrará en el tercer milenio
bajo el imperio de las palabras. Nunca como hoy
ha sido tan grande ese poder. Necesitamos recurrir
al poder de la palabra en tanto vehículo
privilegiado de comunicación y de acceso
al saber y los valores más íntimos
de una comunidad impulsando nuevas formas de pensamiento
y comunicación recuperando y creando nuevos
vehículos de identidad colectiva que faciliten
la búsqueda de alternativas a los desafíos
de este tiempo. Actuar en los complejos tiempos
actuales requiere no perder la memoria, no porque
se necesite explicar el pasado sino porque en
todo presente hay un pasado vigente cuya comprensión
es clave para proyectar el futuro.
La mundialización de la economía
y la tecnología tiende a estandarizar la
vida cotidiana.
Globalizar no puede significar solamente la creación
de un gran mercado mundial que garantice el aumento
del consumo de productos provenientes de países
fuertemente industrializados, sino también
la promoción de una distribución
más justa de las riquezas materiales, el
acceso al conocimiento y la búsqueda de
la unidad preservando en todos los casos la pluralidad
cultural.
La creciente tendencia a la homogeneización
abarca, tanto la implantación de valores
y hábitos de consumo, como la adopción
de una actitud cultural pasiva y sumisa. La apertura
de las fronteras, asociada al desarrollo de los
vínculos entre las naciones, pareciera
conducirnos a un proceso de homogeneización
donde el uso de un solo idioma como medio de comunicación
internacional se plantea casi como un requisito
básico.
Este fenómeno creciente confronta a las
sociedades al reto de encontrar y desarrollar
nuevas formas de actividad productiva, nuevas
estructuras sociales y políticas que garanticen
la supervivencia de personas, de la naturaleza,
de las culturas y en general, de los valores universales
inalienables del hombre.
En las Américas más que nunca las
relaciones hoy se desarrollan a una velocidad
exponencial, favorecidas por los procesos de integración.
La consolidación y la perdurabilidad de
estos procesos, ya sean regionales o interamericanos,
pasan necesariamente por una profundización
del pluralismo lingüístico, tanto
de las organizaciones como de los individuos.
Los procesos de integración abren camino
a nuevas colaboraciones y a nuevas formas de solidaridad.
Las sociedades reaccionan ante la globalización
con la revitalización de lo propio local,
en una suerte de búsqueda de equilibrio.
La necesidad de conservar o de desarrollar la
identidad cultural propia dentro de la globalización,
conduce a descubrir o a redescubrir las riquezas
de la propia lengua y de la cultura.
La globalización avanza y ya es más
que económica ya se anuncia como una globalización
de sistemas de comunicación y de lenguaje.
En ese sentido los idiomas minoritarios corren
peligro de ser discriminados.
Nos alertan contra el peligro de muerte de más
de mil lenguas en los próximos veinte años
reduciendo la diversidad lingüística
de 5 mil a 4 mil idiomas. Con cada lengua que
muere es un mundo que desaparece definitivamente.
Al menos la mitad de los aproximadamente 5 mil
lenguias habladas actualmente en el mundo corren
el riesgo de desaparecer de aquí a finales
del siglo XXI.
El patrimonio lingüístico mundial
está, en efecto, repartido muy desigualmente
el 96% de las lenguas hablan tan solo un 4% de
la población mundial.
La extinción de las lenguas viene acelerada
por un conjunto de factores muy diversos asociados
a la mundialización y a la “tercera
revolución industrial”: industrialización,
urbanización, aparición de nuevos
modos de consumo, influencia de los medios audiovisuales.
Ante la rapidez y la amplitud de este fenómeno,
¿debemos permanecer impasibles? ¿Podemos
considerar esta extinción, como hacen ciertos
científicos, una pura y simple fatalidad
casi darwiniana, por la que tan sólo las
lenguas “más aptas”, en un
contexto dado, están llamadas a sobrevivir?
Es por eso también que los desafíos
lingüísticos implícitos en
el proyecto de la creación de un Área
de Libre Comercio de las Américas,
nos convoca a serias reflexiones. Abiertos al
proceso de integración, aceptamos también
el desafío de la solidaridad lingüística
en la que las lenguas no saldrán perdedoras,
sino enriquecidas en virtud de una revitalización
de espacios propios conforme vayamos diseñando
nuestros sueños de lo que significa para
nosotros una América integrada.
Este II Seminario Interamericano sobre la Gestión
de la Lenguas, nos invita a aportar nuestros conocimientos
y experiencias con el fin de elaborar estrategias
que puedan garantizar el respeto y la promoción
de las lenguas y culturas del continente dentro
de este nuevo proyecto diseñado para el
proceso de integración de las Américas.
Deseamos debatir las políticas lingüísticas
y culturales que puedan garantizar espacios de
promoción y respeto de las lenguas de nuestro
continente, y la valoración de la diversidad
cultural. Para eso nos hemos reunido.
Para llevar a la práctica las declaraciones
de una política plurilingüe sólida,
necesitamos urgentemente una discusión
amplia y transparente con el fin de delimitar
las directrices de las políticas lingüísticas
interamericanas y nacionales, sin dejar de lado
las situaciones específicas de cada región.
Somos conscientes del derecho de todo ciudadano
de adquirir y utilizar sus propias lenguas nacionales
y minoritarias, pues renunciar a ellas representaría
una limitación y un empobrecimiento de
la cultura.
La tarea de garantizar el plurilingüismo
está no solo en manos de las escuelas y
las instituciones de educación superior
y de actualización, sino también
en manos del Estado.
Los medios para el aprendizaje y la enseñanza
de las lenguas así como también
para el fomento del plurilingüismo deben
contemplarse como inversiones en la capacidad
de supervivencia de una América multilingüe,
considerando que la convivencia sólo es
posible con una actitud favorable hacia la diversidad
lingüística y cultural manifestada
en hechos concretos.
Este encuentro es un espacio privilegiado para
delinear esas acciones concretas y esas grandes
metas que harán posible la verdadera integración,
la que se realiza sobre la base del respeto lingüístico
y cultural, la que mira la diversidad como una
riqueza y no como un obstáculo, la que
considera que todas las lenguas – o los
hablantes de esas lenguas – valen por igual.
La integración que reacciona ante la homogeneización
lingüística y cultural con propuestas
de acciones a favor de la pluralidad, de la diversidad.
Al reiterar la bienvenida a todos, expreso el
deseo que el Seminario permita debatir con amplitud
de criterios, con altura, a sacar conclusiones
válidas, que al final serán sugeridas
a los Estados y Gobiernos de las Américas.
Muchas gracias.

|