Ceremonia de entrega del Premio Panhispánico de Traducción Especializada
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Ceremonia de entrega del Premio Panhispánico de Traducción Especializada

Seminario de traducción especializada  

Lenguaje científico-técnico y lengua general: diferencias y semejanzas
Alberto Gómez Font
 

García, oriundo de Caracas, con 95 envíos, 58 para strike, vio frustrado su juego sin hit ni carrera cuando Jacque Jones le adivinó la bola de humo y botó la pelota por el jardín derecho, en el octavo episodio. En causa perdida el paracorto dominicano Miguel Tejada pegó grand slam y jonrón. Tejada botó la pelota en el octavo episodio solo, y en el noveno con casa llena para llegar a 24 jonrones. El bateador designado jonroneó en el primer episodio con un compañero en el camino para llegar a 45 bambinazos, y más tarde amplió la cifra a 46 con otro vuelacercas en la tercera entrada, también con uno en los senderos. El curazoleño Andruw Jones pisó el plato del Citizens Bank Park, en Filadelfia, y en causa perdida pegó batazo de 133,5 metros (438 pies) para botar la pelota por el jardín izquierdo del parque.

Si entre los presentes no hay ningún caribeño, o más exactamente, si aquí hoy no hay ninguna persona oriunda de algunos de los países del área del Caribe en los que el deporte nacional, el deporte rey, es el beisbol, lo más probable es que nadie haya entendido nada de lo que acabo de leer. Para los hispanohablantes ajenos a ese deporte, que en España, donde no se juega, llamamos béisbol, esa terminología es extraña.

"Paulita" estuvo lucidísimo en un quite por caleserinas en su turno al segundo de la tarde. Ya en el primero de su lote, un morlaco con muchos kilos y pocas fuerzas, volvió a lucirse en un quite por chicuelinas que remató con una templada serpentina y respondió también a un buen quite por verónicas de Alfonso Romero con otro de igual guisa lento y hondo. Luego, con la muleta, "Paulita" ante un oponene reservón, templó naturales y derechazos de fino corte. Un buen trasteo al que le faltó emoción por la mala condición del astado. Martínez, con el sobrero de Astolfi, se lució bien a la verónica en los medios y remató con media airosa. El cuadrúpedo, justo de fuerzas, se defendía en la muleta. Martínez planteó la faena en los medios, serio y firme. Enseguida se puso por el izquierdo y se mostró templado y quieto al natural, tranquilo, reposado, con gusto. Acabó con dos hermosos y hondos ayudados por bajo, y de matar bien hubiera paseado una oreja.

Hay por lo menos una persona entre los presentes, el director de la Unión Latina, Daniel Prado, que no habrá entendido nada de lo que escribió y describió el autor de esos párrafos. Y como él seguro que hay muchos más hispanohablantes, sobre todo si son argentinos, que, debido a la prohibición de las corridas de toros en su país, no pueden entender de qué se hablaba ahí. Hay que ser aficionado a los toros para conocer ese lenguaje técnico taurino.

El sustento de este modelo educativo lo constituyen los ejes integradores teórico, heurístico y axiológico, que son la base a partir de la cual se orientarán los trabajos hacia la construcción de los nuevos currícula de la Universidad Veracruzana. La transversalidad puede considerarse como la estrategia metodológica fundamental en este modelo ya que a través de ella se logrará la incorporación de los ejes integradores, es decir, de una perspectiva integrada de los conocimientos.

No sé de dónde hay que ser, si del Caribe, de la Argentina o de las islas Galápagos, para entender a la primera qué es eso de la transversalidad. Debo confesar que a mí han tratado de explicármelo ya varias veces y aún no he logrado hacerme una idea clara, lo suficientemente clara como para incorporar ese concepto en mi vocabulario y poder usarlo para demostrar así lo moderno que soy, pues se trata de un vocablo muy de moda.

El adjetivo técnico, según el diccionario, se aplica a las palabras o expresiones empleadas exclusivamente, y con sentido distinto de lo vulgar, y lenguaje técnico es el propio de un arte, un oficio, una ciencia… y cuando se trata de esto último, de una ciencia, el adjetivo técnico se mezcla con el adjetivo científico.

Tecnicismo es el conjunto de voces técnicas empleadas en el lenguaje de un arte, una ciencia, un oficio..., o cada una de estas voces.

Tecnología es el tratado de los términos técnicos o el lenguaje propio de una ciencia o un arte.

Si algo caracteriza y asemeja al lenguaje científico y al lenguaje técnico es su léxico. El léxico general, el propio de todos los hablantes, puede ser utilizado para transmitir mensajes a todos los que conocen una determinada lengua, y el grado de comprensión de esos mensajes dependerá del nivel de información que posea el receptor, sea lector u oyente. Pero el léxico de un lenguaje especializado no puede ser dirigido a toda la gente y no admite grados de comprensión. Ante un texto escrito en lenguaje científico o técnico tiene más posibilidades de comprensión un novato en el campo correspondiente del saber, que las que tiene un buen conocedor del léxico de la lengua que no sepa nada de la especialidad de la que trate el texto. Tomemos un ejemplo esclarecedor, una definición tomada del Vocabulario Científico y Técnico de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales [1]. Veamos qué es una charnela desmodonta.

Charnela desmodonta es la "charnela propia de los pelecípodos clavícolas, formada por repliegues ligamentarios paralelos al borde de la concha, sin verdaderos dientes".

Y si miramos la voz charnela veremos que se trata de la "estructura mediante la cual se articulan las dos valvas que forman el exoesqueleto en los pelecípodos, braquiópodos y ostrácodos. Punto de máxima curvatura que presenta un pliegue geológico en un perfil transversal al mismo".

Cambiemos ahora de diccionario y miremos qué es una charnela en la lengua general, en el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE): (del francés charnière.) Bisagra para facilitar el movimiento giratorio de las puertas. Gozne, herraje articulado. (Zool.) Articulación de las dos piezas componentes de una concha bivalva.

En el lenguaje científico y técnico los vocablos especializados son absolutamente insustituibles y no pueden ser retirados del texto para colocar otros que actúen como sinónimos o casi sinónimos, pues estos no pueden existir.

La parte esencial de lo que llamamos vocabulario especializado la constituye el léxico científico y técnico. La especialización no se produce por ningún otro mecanismo que pueda afectar al léxico sino por la eliminación de cualquier posibilidad significativa que no sea la deseada en la oportuna utilización del vocablo. El lenguaje especializado exige un significante propio para cada significado. Los tecnicismos han de ser monosémicos. Un texto científico en el que cada noción especializada no tuviera una palabra (un significante) propia sería necesariamente un texto confuso. Sólo los especialistas pueden distinguir con precisión los términos propios de su ciencia, ya que frecuentemente estos tienen la forma de una palabra del léxico general, pero en el texto científico o técnico tienen un significado unívoco para su empleo especializado. Quien pretenda interpretar el sentido de las voces propias de un campo especializado, sin ser especialista, caerá en una confusión total, pues cometerá el error de tratar esos términos como si fueran palabras de la lengua general, y la realidad es que no tienen nada que ver con ellos.

El significado de un término científico debe aprenderse de una sola vez. No se consiguen mayores matizaciones ni se alcanza un mejor conocimiento del significado del término por el hecho de que el lector lo encuentre repetidas veces, pues en todas ellas esa palabra deberá tener el mismo significado, y si el lector no la conoce antes de leer el texto no podrá entenderlo. Es más, dentro de una ciencia determinada, una metodología nueva puede adoptar un significante ya existente con un nuevo significado que resultará oscuro para el especialista que no conozca esa nueva metodología.

El léxico científico y técnico no puede ser tratado como parte del vocabulario general de la lengua. Lo único que el léxico científico y técnico puede tener en común con el léxico general es su forma gramatical.

Y eso es fácil de comprobar hojeando dos diccionarios: el de la Real Academia Española y el de la Real Academia de Ciencias. Rápidamente se da uno cuenta de que no son diccionarios redundantes: las voces que están en uno no se encuentran en el otro, y las que parecen repetidas en los dos sólo lo son en la forma, pues sus significados difieren en uno y otro diccionario. El de la Real Academia Española solo recoge el léxico general y el de la Real Academia de Ciencia solo recoge el léxico científico y técnico.

Los textos especializados son los que contienen un vocabulario que solo puede comprender un grupo muy reducido de hablantes, y todos los textos sobre ciencias o tecnología son así. Tratar de leer un texto especializado científico o técnico sin ser especialista en el campo correspondiente es casi lo mismo que tratar de leer un texto literario en una lengua que no se conoce. Es posible que el lector no sienta como ajenas a su lengua las palabras que va encontrando, pero finalmente tiene que convencerse de que no está entendiendo nada de nada. En un texto especializado, el lector no especialista no encuentra ningún auxilio en la relación gramatical entre las palabras, sino que más bien sucede lo contrario.

Para su empleo, el vocabulario científico y técnico está sujeto a las normas sintácticas generales, pues ya hemos visto que se diferencia por el léxico, es decir, por los nombres, los verbos, los adjetivos y los adverbios; pero las llamadas partes gramaticales (artículo, pronombre, preposición y conjunción) son comunes tanto a textos científicos como no científicos. Parece, pues, evidente, que el vocabulario científico y técnico no tiene nada que ver con el vocabulario general de la lengua. El vocabulario científico y técnico forma parte de las ciencias y técnicas a cuyos significados representa, y sacarlo de ahí y confundirlo con el léxico general no está justificado en ningún caso. No es posible unir ambos léxicos en uno solo, las ramas de la ciencia son muy numerosas y dentro de cada una hay un léxico especializado cuyos usuarios son poco numerosos; pero aunque es deseable que el léxico de la lengua no sufra alteraciones por esta vía, no se pueden rechazar sistemáticamente las incursiones de vocablos técnicos en el léxico general.

Actualmente la exposición científica para un público amplio se hace a base de la colaboración entre los científicos y los periodistas especializados de los grandes periódicos y las grandes agencias de información internacionales. Estos últimos, los periodistas, deben transformar el lenguaje científico en lenguaje periodístico, prestando atención a los niveles de los receptores de esos mensajes, que pueden ser científicos, personas cultivadas o público en general y que pueden variar según los países y las sociedades, precisando cada uno de ellos una determinada forma en la exposición, en los razonamientos y en el lenguaje. De ahí el importante papel que desempeña en la sociedad el llamado periodismo científico. El periodismo científico se ocupa de la divulgación de la actividad científica y tecnológica y para ello, como ya hemos dicho, emplea un lenguaje periodístico que permite la comprensión del público en general.

El meteorólogo de Televisión Española José Antonio Maldonado, en unas declaraciones al diario "El País" el domingo 2 de octubre, decía: "[...] es esencial que nos entienda todo el mundo, desde los aficionados a la meteorología hasta el último de los espectadores".

Sobre este mismo asunto la profesora de la Universidad de Navarra María Victoria Romero Gualda, al analizar el lenguaje periodístico [2] dice: "la presencia de voces técnicas de difícil descodificación está justificada cuando el contenido lo exige y el receptor lo permite". Y añade: "eso quiere decir que el periodista tiene dos deberes difíciles de concordar respecto al uso de este tipo de voces: no puede banalizar determinados contenidos científicos o técnicos y tampoco puede abandonar una cierta labor de divulgación que permita al lector comprender el texto. No hay duda de que en una crónica de arquitectura puede aparecer: 'remate de antepecho con merlones embrionarios y gárgolas en cañón' o en unas páginas de economía se hablará de plusvalía, inflación, encaje bancario, tipos de interés, etc. El problema está en el contagio que pueden sufrir otras informaciones que nada tienen que ver con ámbitos especializados. Y así se nos habla de que en la próxima semana tendremos 'temperaturas a la baja', mezclando el lenguaje técnico de la economía con el de la información meteorológica".

Otra labor muy importante es la que desarrolla la Academia Norteamericana de la Lengua Española, cuya comisión de traducciones edita un boletín titulado Glosas [3], dirigido por el académico Joaquín Segura, en el que, en la sección dedicada a los neologismos norteamericanos con equivalentes propuestos por la comisión de traductores, encontramos listas de términos técnicos propios de la cibernética con la forma inglesa, su traducción y la correspondiente definición.

Tras veinticinco años trabajando como asesor lingüístico de un medio de comunicación internacional en español, la Agencia Efe, labor que ahora sigo desempeñando en la Fundación del Español Urgente (Fundéu), tengo cada vez más clara la necesidad de que los institutos de investigación científica, las academias de la lengua, las asociaciones de traductores y las asociaciones de terminólogos busquen el apoyo de los medios de comunicación, pues estos son los difusores tanto de las noticias como del saber en general, y las noticias científicas, traducidas del lenguaje técnico a la lengua general, al lenguaje periodístico, pueden colaborar en que ese saber llegue cada día a más personas, que sea más democrático.

Termino ya con una definición tomada de un diccionario de términos marineros [4], la definición de escandalosa. Se trata de una de esas definiciones fascinantes, que dejan al lector impotente ante el aluvión de palabras ajenas a su cotidianidad, a no ser que sea un especialista en la materia.

Escandalosa es la "vela triangular o trapezoidal que se larga entre el pico y el mastelero en los aparejos cangrejos, con garruchos en el palo, el puño de amura fijo mediante una cargadera y con su escotín pasando por el penol del pico".

El autor de ese diccionario, en una introducción titulada "Antes de embarcarnos", cuenta la siguiente anécdota: "Un día me encontré con un viejo marino y, para aprovechar aquello de la sabiduría de nuestros mayores, le pregunté qué era un sobrebrazal.
" —Muchacho: sobrebrazal es la pieza total que se pone sobre cada uno de los brazales, cruzando los escarpes o empalmes de los parciales que componen uno y otra. Sirve para mayor fortificación de aquel y para clavar contra ella las tablas de las batayolas, y lleva dos tolinos formados de su misma madera, para que contra ellos rocen los calabrotes cuando el buque se espía."


Notas
 

[1] Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. Vocabulario Científico y Técnico. (3º Edición) Espasa Calpe, Madrid, 1996.

[2] Romero Gualda, María Victoria. El español en los medios de comunicación. Arco Libros, Madrid, 1993.

[3] Glosas. Academia Norteamericana de la Lengua Española (Comisión de Traducciones) Vol.1 Num.2 , octubre de 1994.

[4] Álvarez Forn, Hernán. Léxico marinero(Diccionario náutico ilustrado).Buenos Aires: Letemendia, 2004.






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