ACTAS - Congreso internacional sobre lenguas neolatinas en la comunicación especializada
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Congreso internacional sobre lenguas neolatinas
en la comunicación especializada

El Colegio de México, México
28 - 29 de noviembre de 2002
 

PALABRAS DE APERTURA A CARGO DE PERSONALIDADES POLÍTICAS Y CULTURALES

Allocution de Pierre Baillargeon - Délégué général de Québec au Mexique

Allocution de Jean-Jacques Beucler - Agrégé de l'Université (Paris IV Sorbonne), Délégué Général de l'Alliance Française de Paris au Mexique

Palabras de Jaime Nualart - Coordinador de Asuntos Internacionales - Consejo Nacional para la Cultura y las Artes - México

Palabras de Daniel Prado – Director - Dirección Terminología e Industrias de la Lengua - Unión Latina

PONENCIA INTRODUCTORIA GLOBAL

Español, francés, portugués: ¿equipamiento o merma? - Carlos Leáñez Aristimuño - Unión Latina

LAS LENGUAS NEOLATINAS EN LOS ORGANISMOS INTERNACIONALES Y LAS CONFERENCIAS INTERNACIONALES

Presencia del idioma español en los organismos y en las conferencias internacionales - Eloy Ybáñez Bueno - Embajador de España

LAS LENGUAS NEOLATINAS EN LAS PUBLICACIONES CIENTÍFICO-TÉCNICAS

El español como lengua de las ciencias frente a la globalización del inglés. Diagnóstico y propuestas de acción para una política iberoamericana del lenguaje en las ciencias - Rainer Enrique Hamel - Universidad Autónoma Metropolitana - Departamento de Antropología

Le français dans la communication scientifique et technique - Louis Jean Rousseau - Agence Intergouvernementale de la Francophonie

A língua portuguesa nas publicações científicas: o caso brasileiro - Lígia Café - Instituto Brasileiro de Informação em Ciência e Tecnologia – IBICT

LAS LENGUAS NEOLATINAS EN INTERNET

La expansión del español en Internet - Francisco Gómez Aladillo - Asociación Hispanoamericana de Centros de Investigación y Empresas de Telecomunicaciones – AHCIET- España

Presencia de las lenguas neolatinas en la internet - Daniel Pimienta - Fundación Redes y Desarrollo - FUNREDES

LAS LENGUAS NEOLATINAS EN LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN ESPECIALIZADOS

La lengua española en el espacio internacional - Raúl Ávila - El Colegio de México

Espaço de enunciação latino-americano numa sociedade em rede - Eduardo Guimarães - Unicamp - Brasil

 

Presencia del idioma español en los organismos
y en las conferencias internacionales

Eloy Ybáñez Bueno
Embajador de España

 
 
 

En la carta que los miembros del Comité científico me enviaron, invitándome, muy amablemente, a presentar una ponencia sobre el tema de la presencia del español en los organismos y en las conferencias internacionales, se me informó que el Congreso “busca reunir a especialistas y personalidades a fin de reflexionar y dar testimonio sobre el estado actual de las lenguas neolatinas –específicamente el español, el francés y el portugués- en la comunicación especializada y las acciones a llevar a cabo para abrir, afianzar o recuperar ámbitos de uso, tales como conferencias internacionales y organismos internacionales, Internet, medios de comunicación especializada y publicaciones técnico-científicas”.

Estoy muy lejos de ser un especialista o una personalidad, soy simplemente un funcionario diplomático, jubilado, que, en un muy especial momento de mi país, hice incursiones temporales en la política, pero creo que estoy en condiciones de dar testimonio sobre el estado actual del idioma español, en las conferencias y organismos internacionales, porque la mayoría de mis puestos como Jefe de Misión ha sido en Organizaciones Internacionales: Embajador Representante Permanente de España ante los organismos internacionales con sede en Viena : Naciones Unidas (N.U.), Organismo Internacional de Energía Atómica (O.I.E.A.), Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (O.N.U.D.I.) y United Nations Relief and Works Agency (U.N.R.W.A.), de 1986 a 1990, y Embajador-Jefe de la Delegación Permanente de España en la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos (O.C.D.E.), con sede en París.

Incluso en mis embajadas bilaterales: Finlandia y Estonia, con residencia en Helsinki, lo multilateral ha estado muy presente: adhesión de Finlandia a la Unión Europea (U.E.) y establecimiento de vínculos de Estonia con esta Unión Europea.

Y, antes de ser Jefe de Misión, realicé algunas incursiones en el multilateralismo, como diplomático: asistencia a las reuniones, en París, del Grupo del Banco Mundial de Ayuda a la Agricultura de Túnez, país en el que yo estaba destinado, y como político, en Ginebra, como Subsecretario del Ministerio de Sanidad y Seguridad Social, asistencia a la Asamblea Mundial de la Salud de la Organización Mundial de la Salud (O.M.S.) y, en Roma, como Secretario de Estado de Turismo, a la Asamblea General de la Organización Mundial del Turismo (O.M.T.).

Estas vivencias y el contacto y colaboración con colegas y funcionarios internacionales, españoles e iberoamericanos, con los que me une el interés común por la promoción y la defensa de la utilización de nuestro idioma en estos foros, me llevaron a redactar los capítulos titulados "El idioma español en las Organizaciones Internacionales" del libro "El peso de la lengua española en el mundo", y del titulado "El español en el Mundo. Anuario del Instituto Cervantes 1998".

Y a pronunciar conferencias, escribir artículos y participar en seminarios, reuniones, congresos y coloquios sobre este tema.

Lo que no hubiera podido hacer sin la colaboración de la Asociación de Funcionarios Internacionales Españoles (A.F.I.E.) y la de mis compañeros, funcionarios diplomáticos o de otros Ministerios, destinados en las Misiones de España ante los diversos organismos internacionales de que nuestro país es miembro, u ocupándose de ellos en la Administración Central.

Basado en todo lo que ellos me han aportado y en mi, quizás, excesiva osadía, me he atrevido, en ocasiones -cuando estaba en el servicio activo y después de mi jubilación- incluso a propugnar, colaborar a poner en práctica o sugerir acciones a llevar a cabo para abrir, afianzar o recuperar ámbitos de uso, tales como conferencias internacionales y organismos internacionales.

Una vez más, abusando probablemente de su benevolencia, me lanzo hoy a este, tan atractivo y, a mi juicio, interesante ruedo:

Considerar la presencia de un idioma, del español en nuestro caso, en los Organismos y Conferencias Internacionales, creo es, hoy, la perspectiva más adecuada para juzgar sobre su importancia real, sus posibilidades, sus riesgos y sus carencias y, sobre este juicio, basado en hechos, en datos de la realidad, trazar una estrategia orientada a la acción, posibilista, pero ambiciosa, con los pies en la tierra y la mirada en el horizonte.

Baso esta afirmación en el hecho de que una de las características más definidoras del siglo que acaba de terminar, el XX, es el creciente protagonismo de las Conferencias, los Organismos y las Organizaciones Internacionales y la dominante tendencia a abordar en estos foros cada vez más aspectos de mayor número de problemas: unas veces para adoptar, por consenso o por mayoría, posiciones comunes, que se imponen a las decisiones individuales de cada Estado, otras, simplemente, para un debate no decisorio, pero preparador y condicionador, en muchas ocasiones, de decisiones futuras.

Las dos mayores catástrofes que ha sufrido la Humanidad –y no sólo en el aspecto material, sino también en el de sufrimiento y degradación de la condición humana– : las dos guerras mundiales, ocurrieron en este siglo XX que acaba de terminar y han sido percibidas por los sectores más sensibles e influyentes, en los países más avanzados, como consecuencia del enfrentamiento entre los Estados soberanos, sin instancia superior.

También en ese siglo XX se ha producido un espectacular progreso de las comunicaciones, en su más amplio sentido, que permite el traslado de mercancías, personas, noticias, imágenes e ideas, de manera rápida (instantánea e incluso relativamente previa a veces) y asequible, que ha producido un Mundo interdependiente, en el que todos nos vemos afectados -en diverso grado, por supuesto- por lo que ocurre en cualquier lugar del Planeta, que ha devenido, en la acertada, y, por ello, tan repetida, formulación de McLuhan, la "aldea global".

De la coincidencia y complementariedad de estos dos fenómenos han nacido el creciente protagonismo de las Conferencias, los Organismos y las Organizaciones Internacionales y la dominante tendencia a abordar en estos foros cada vez más aspectos de mayor número de problemas, a que me he referido.

Creciente protagonismo y dominante tendencia que, pienso, favorecen a los países capaces de basar su actuación en la escena internacional más en la fuerza de la razón, estudiada por sus dirigentes y esgrimida por sus representantes, que en la razón de la fuerza.

Pero datos importantes también a tener muy en cuenta por los dirigentes y representantes de las grandes potencias, que no pueden ignorar que, en nuestros días, la opinión pública internacional -sobre los problemas internacionales y a nivel internacional-, afortunadamente, empieza a existir e influye, cada vez más, afortunadamente también, sobre las decisiones políticas.

Entre las entidades a las que España pertenece llevan el título de Organización, p. ej.: la Organización de las Naciones Unidas (O.N.U.), la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (United Nations Educational, Scientific and Cultural Organization, U.N.E.S.C.O.), la Organización Mundial de la Salud (O.M.S.), la Organización Meteorológica Mundial (O.M.M.), la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (O.M.P.I.), la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (Food and Agricultural Organization, F.A.O.), la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (O.N.U.D.I.), la Organización de Aviación Civil Internacional (O.A.C.I.), la Organización Mundial del Turismo (O.M.T.), la Organización Mundial de Aduanas (O.M.A.), la Organización Internacional de las Maderas Tropicales (O.I.M.T.), la Organización Marítima Internacional (O.M.I.), la Organización Internacional del Cacao (O.I.C.C.), la Organización Internacional del Café (O.I.C.), la Organización Internacional del Azúcar, la Organización de los Estados Americanos (O.E.A.), la Organización Internacional de Cooperación y Desarrollo Económicos (O.C.D.E.), la Organización del Tratado del Atlántico Norte (O.T.A.N.), la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (O.E.I.), la Organización Iberoamericana de Seguridad Social (O.I.S.S.) y la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (O.S.C.E.).

Mientras que han sido denominados "Organismo", p. ej. : el Organismo Internacional de Energía Atómica (O.I.E.A.), el Organismo de Obras Públicas y Socorro de las Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en el Cercano Oriente (O.O.P.S, más conocido por sus siglas en inglés, U.N.R.W.A., United Nations Relief and Works Agency for Palestine Refugees in the Near East), el Organismo para la Vigilancia de la Tregua en Palestina (O.N.U.V.T.) y el Organismo Multilateral de Garantía de Inversiones (O.M.G.I.).

Varias llevan otros diversos nombres, como, p.ej. : Oficina, Unión, Consejo, Comisión, Grupo, Centro, ...

Sin embargo, la unidad administrativa encargada de estos temas en nuestro Ministerio de Asuntos Exteriores se llamó Dirección General de Organismos y Conferencias Internacionales (O.C.I.).

La Real Academia Española define al Organismo como "conjunto de oficinas, dependencias o empleos que forman un cuerpo o institución" y a la Organización como "conjunto de personas con los medios adecuados que funcionan para alcanzar un fin determinado".

Definiciones ambas aplicables a estas entidades.

Las emplearé indistintamente (abreviadamente OOII) aunque "Organizaciones Internacionales" sea la denominación mayoritaria y "Organismos Internacionales", la utilizada en el título de la ponencia que me ha sido encargada.

Estoy consciente de que el artículo 3 de la vigente Constitución de mi país dispone :

"El castellano es la lengua española oficial del Estado".

Recuerdo que no prosperó la enmienda de los senadores de designación real para denominar "español" al idioma oficial de nuestro país.

Pero en esta disertación usaré la expresión "idioma español" porque es la utilizada en las normativas de los Organismos y las Organizaciones Internacionales objeto de nuestra consideración, aunque, obviamente, parto del reconocimiento constitucional de la existencia de varias lenguas españolas dentro de mi país, "riqueza (...) que es un patrimonio cultural objeto de especial respeto y protección", en palabras de la propia Constitución.

Estoy consciente asimismo de que los miembros de la Comunidad Internacional ya no son sólo los Estados, sino entes supraestatales, unas veces públicos o de interés público, otras privados, e, incluso, a veces, los individuos, los seres humanos directamente.

Pero, por ahora, en los trabajos que he publicado me he limitado fundamentalmente -y así lo haré hoy- a las Organizaciones de carácter intergubernamental, aunque creo que es necesario proseguir el camino emprendido, extendiendo el ámbito de la recogida de datos a otros modelos de organismos, de carácter no gubernamental, que también son lugares e instrumentos de creación de opinión pública, primero, de estructuración de diversos tipos, después, de esta "aldea global", en la que estamos empezando a vivir.

En mis mencionados trabajos he considerado algunas de estas Organizaciones No Gubernamentales, a título de ejemplo, para marcar el camino que he propuesto seguir.

En la Historia del Mundo -el denominado "occidental", primero, globalizado, hoy- han existido dos tendencias contrapuestas: la pretensión de imponer una lengua imperial o, al menos, franca, para facilitar el contacto, el comercio en su sentido más amplio, y la reivindicación de lo "típico", lo propio, las señas de identidad.

En unas épocas ha predominado la vocación al comercio, en otras al aislamiento.

Del juego de ambas han ido surgiendo las circunstancias concretas, con lenguas, valga la paradoja, universalmente locales o localmente universales, que tanto da, porque, en cada momento histórico, la parte del planeta en que se desarrollaban sus vidas era, para sus respectivos habitantes, el Universo:

Griego, latín, español, francés, inglés, árabe, swahili, turco, ..., son algunos ejemplos de estas lenguas.

Limitándonos a nuestro entorno más cercano -y el que, por tanto, más nos determina, y, por ahora, o hasta ahora, al resto del Planeta-, recordemos:

La crisis del Sacro Romano Imperio y de la Cristiandad produjo la crisis como lengua universal -es decir, europea- del latín, que, en un momento (discurso de Carlos V, el 17 de abril de 1536, lunes de Pascua, en Roma, ante el Papa Pablo III) pareció que el Emperador pretendía que fuera sustituido por el español, aspiración no alcanzada, porque ya no eran tiempos de Imperio en Europa y no podía pararse la reivindicación de soberanía de los Estados nacionales, que se consagrará, en 1648 (92 años después de la abdicación del Emperador Carlos V y 90 después de su muerte), en el Congreso de Westfalia (fin de la tremenda Guerra de los 30 años), en que aparece, por primera vez, el concepto de igualdad entre los Estados y, como corolario, el de la igualdad entre los idiomas.

El latín empieza a dejar paso a los idiomas romances en la redacción de plenipotencias y en las deliberaciones, si bien todos los documentos se redactaron en latín.

En Rastadt, 1714, fin de la guerra de sucesión en España, por primera vez, el francés es idioma único de negociación.

El Tratado de Aquisgrán, 1748, fin de la guerra de sucesión en Austria, se firmó en francés, pero en él se insertó un artículo especial con el fin de puntualizar que con ello no se quería sentar un precedente.

Una reserva semejante se hizo en el Tratado de París de 1763 (fin de la guerra de los 7 años), en el de Versalles de 1783 (independencia de EEUU) y en el Acta final del Congreso de Viena, en 1815.

En este Congreso de Viena de 1815 y en el de París de 1856 (fin de la guerra de Crimea) las negociaciones se realizaron en francés.

Al ir avanzando el siglo XIX la revolución en los medios de transporte ferroviarios y marítimos y el comienzo del tremendo progreso de las comunicaciones ofrecieron a la actividad humana un campo transnacional que,

por un lado, hizo necesario eliminar obstáculos, multiplicándose, p. ej . a partir de los tres últimos cuartos del siglo XIX, los convenios para la apertura e internacionalización de vías marítimas y fluviales –evoquemos a título de ejemplo los Tratados de 1901 y 1902 relativos al Canal de Panamá; Tratado de Andrinópolis de 1829 para los estrechos turcos; Tratado de Copenhague de 1857 para los estrechos daneses; Convención de Constantinopla de 1888 para el Canal de Suez; Tratados de 1815, 1831 y 1868 para la internacionalización comercial del Rhin; 1821 del Elba; 1839 del Escalda y del Mosa; 1856, 1878 y 1883 del Danubio; 1885 del Congo y del Niger; creación de Comisiones Internacionales Permanentes para la navegación del Rhin (1815) y del Danubio (1856), ...-

y, por otro, dio lugar a la aparición, en la segunda mitad del siglo, de las primeras Organizaciones Internacionales técnicas, creadas por convenios internacionales multilaterales que establecen Organismos Permanentes. P. ej.:

La Unión Telegráfica Internacional, nacida en 1865, que originaría, en 1922, la Unión Internacional de Telecomunicaciones (U.I.T.).

El Instituto Internacional Agrícola también llamado Oficina Internacional de Agricultura, creado en 1905, del que nacería, en 1945, la F.A.O.

De la Convención Sanitaria Internacional (1853), la Oficina Internacional de la Higiene (1907) y la Oficina Internacional de la Salud Pública (1904) nacería en 1946, la Organización Mundial de la Salud (O.M.S.).

La Unión Postal Universal (U.P.U.), establecida en virtud de la Convención de Berna de 9 de octubre de 1874, que sigue existiendo con este mismo nombre.

En América, tras la independencia, la nostalgia de la unidad perdida y el ejemplo de los Estados Unidos de Norteamérica produjeron una serie de tentativas, en las que se intentó conciliar, alumbrando nuevas fórmulas de organización internacional, la soberanía recién adquirida con las exigencias de una cooperación, que empezó a presentarse -con gran énfasis por Simón Bolívar- como la exigencia de la nueva época, desembocando en el que es hoy el organismo regional más antiguo del mundo, la Organización de Estados Americanos (O.E.A.), cuyo origen inmediato se remonta a la Primera Conferencia Internacional Americana, celebrada en Washington, entre octubre de 1889 y abril de 1890, en la que se aprobó, el 14 de abril de 1890, la creación de la Unión Internacional de las Repúblicas Americanas, cuyo antecedente es el Congreso de Panamá de 1826.

La importante casi homogeneidad lingüistica permitió que en la Conferencia de Washington de 1889-90, se aprobara, aunque "después de movidas deliberaciones" -recuerda el Embajador de España Joaquín Ortega Salinas en su Memoria, inédita, presentada en la Escuela Diplomática, en Madrid, el 19 de abril de 1961, "El español en las Organizaciones Internacionales" - "un Reglamento que serviría de pautas a las Conferencias posteriores y en el que se regulaba con criterio liberal la cuestión de los idiomas. Los delegados" -precisa mi colega- "podían intervenir en sus lenguas respectivas, con ello se estableció un principio de generalidad, pero no de igualdad absoluta. Estaba prevista la traducción oral sucesiva, en forma resumida, por el propio orador o por intérprete; estaba estipulada la traducción al castellano de las intervenciones en inglés y la traducción al inglés de las intervenciones en los otros tres idiomas reconocidos. La delegación de los Estados Unidos no necesitaba así entender ningún idioma extranjero y se suponía que las delegaciones de habla latina podían entenderse entre sí sin necesidad de interpretación. Las actas se redactaban en inglés y español y al principio de cada sesión se leía en estos dos idiomas el acta de la sesión anterior"

Los textos en español, inglés, portugués y francés de la Carta de la OEA son igualmente "auténticos" , según dispone el vigente artículo 139 de esta Carta de la OEA.

Estos son los idiomas de todos los órganos de la OEA .

De hecho el español es el idioma más empleado, seguido por el inglés (EEUU, Canadá y caribeños), y -ya muy de lejos- por el francés (Haití y en alguna medida Canadá) y por el portugués (Brasil, en las reuniones).

El orden alfabético en español, combinándolo con otros criterios, es utilizado también para regular temas de precedencias, ejercicio de presidencias y vicepresidencias, orden en las votaciones, ordenación de candidaturas, ...

Durante la Primera Guerra Mundial la presión de la opinión pública se hizo muy fuerte para imponer soluciones que evitasen la repetición de la catástrofe y dio más audiencia a quienes venían propugnando la creación de una Organización Internacional para arbitrar los conflictos y preservar la paz.

El presidente de Estados Unidos, Thomas Woodrow Wilson, profesor en Pricenton de Ciencias Políticas, el 8 de enero de 1918, asumió esta fuerte demanda de la opinión pública proclamando, en su Punto 14 : "Debe formarse por convenios formales una Sociedad general de las Naciones que tenga por objeto proporcionar garantías recíprocas de independencia política y territorial tanto a los pequeños Estados como a los grandes".

Debatida simultáneamente con los Tratados de Paz, la creación de esta Sociedad de las Naciones fue decidida el 28 de abril de 1919 e inscrita en el Tratado de Versalles

Suscitó un gran entusiasmo, la "mística de Ginebra", sede de la novísima Organización, que se creyó que iba a terminar para siempre con las guerras, en un intento de sustituir el sistema de relaciones internacionales basado en la idea imperial, primero, y en el enfrentamiento de soberanos, sin superior común, después, por otro basado en la cooperación entre estos soberanos, institucionalizada en Organizaciones Internacionales.

El nuevo sistema trató, ante todo, de evitar la repetición de la catástrofe, basándose en el aplastamiento de los vencidos, con la esperanza de impedir que su agresión se repitiera y tomando medidas -jurídicas- para impedir la guerra, a través de su prohibición.

El Pacto Briand-Kellog (1928) y las declaraciones unilaterales de algunas nuevas Constituciones, como la alemana de Weimar (uno de los países vencidos) (1919) o la española de 1931 (un neutral), son ejemplos de esta mentalidad.

En la práctica sólo resolvió algunos conflictos menores y fue incapaz de abordar los enfrentamientos graves que fueron naciendo de las semillas sembradas por los propios Tratados de paz.

45 eran sus miembros en 1919, desautorizando la iniciativa de su Presidente, los EEUU no se adhirieron. No se admitió, en el momento fundacional a los vencidos. El máximo de integrantes se quedó en 60, pero ya no contaba más que con 44 en 1939, al empezar la Segunda Guerra Mundial.

A instancias del Presidente Wilson, en la Conferencia de la Paz de 1919 el inglés fue equiparado al francés.

El Tratado de Versalles (1919, con Alemania) se redactó en dos versiones: francesa e inglesa, igualmente auténticas.

Pero en los de Neuilly, (1919, con Bulgaria), Saint Germain (1919, con Austria), Trianon (1920, con Hungría) y Sèvres (1920, con Turquía), se estableció que el texto francés sería el fehaciente en caso de discrepancia.

Y el Tratado de Lausanne, que, en 1923, revisó el de Sèvres después de las victorias turcas, se redactó sólo en francés.

La pretensión de imponer una lengua empezó a ser sustituida por la búsqueda de consenso en determinar cuál, o cuáles, van a ser las lenguas de cada una de las Organizaciones Internacionales en las que se pretende institucionalizar la cooperación internacional.

La Sociedad de las Naciones, adoptó, para su funcionamiento, un régimen de bilinguismo: francés e inglés.

El Comité consultivo de juristas que, en 1920, preparó el primer proyecto de Estatuto de la Corte Permanente de Justicia Internacional, se pronunció a favor del monolingüismo francófono.

Pero el Consejo y la Asamblea de la Sociedad de Naciones impusieron el bilingüismo franco-inglés también para la Corte.

Continuó progresando la conciencia de la necesidad de dotar a la cooperación internacional de estructuras permanentes y aparecieron nuevos Organismos u Organizaciones Internacionales: Oficina Internacional del Trabajo (O.I.T.), Unión Internacional de Telecomunicaciones (U.I.T.), Bureau International des Expositions (B.I.E.) ...

La composición tripartita de las delegaciones de los Estados miembros (representantes obreros,empresariales y gubernamentales) en la Conferencia de la Oficina Internacional del Trabajo (O.I.T.), una de estas nuevas Organizaciones, planteó un primer desafío al bilingüismo franco-inglés de la Sociedad de las Naciones, pues no podían esperarse de los representantes obreros y empresariales los conocimientos lingüisticos característicos en la formación tradicional de los diplomáticos, que venían asegurando en las reuniones de otros Organismos la representación gubernamental:

En la primera reunión de la O.I.T., Washington 1919, los representantes de los países de habla española solicitaron, sin éxito, que se tradujeran las intervenciones al español.

En 1927 Alemania pidió para su idioma el rango de "lengua oficial".

Después de largas deliberaciones se llegó a un acuerdo sobre la "traducción oficial" de los instrumentos concertados, cuyos textos en francés e inglés seguían siendo "auténticos", de conformidad con las disposiciones reglamentarias.

En 1920, en la Conferencia de la Unión Postal Universal, celebrada en Madrid, los EEUU pidieron, también sin éxito, que el español fuera declarado lengua oficial junto al francés, e incluso con caracter prioritario por ser más los paises representados que lo utilizaban.

A partir de 1939 se repitió la catástrofe y ésta, por primera vez en la Historia, adquirió la categoría de "guerra total": se ataca al adversario en todos sus componentes, ya no hay distinción entre combatientes y civiles, y, sobre todo, ya no se pretende simplemente vencer, sino aniquilar al enemigo, del que sólo se acepta la rendición incondicional.

El remedio, como en el conflicto anterior, fue recomendado por los EE.UU., cuyo Presidente, Franklin Delano Roosevelt, acuñó el nombre "Naciones Unidas", que se utilizó por primera vez el 1º de enero de 1942, cuando representantes de 26 naciones aprobaron la "Declaración de las Naciones Unidas", en virtud de la cual sus respectivos gobiernos se comprometieron a seguir luchando juntos contra las potencias del Eje.

El 14 de agosto de 1941 el Presidente Roosevelt (los EE.UU. aún no habían entrado en la guerra) y el Primer Ministro británico, Winston Churchill, habían hecho pública una declaración de principios común a ambas naciones, conocida como Carta del Atlántico, en la que enumeraban, en 8 puntos, los principios democráticos que, cuando terminaran las hostilidades, debían prevalecer en las relaciones internacionales: ningún engrandecimiento territorial sería reivindicado por los firmantes; ninguna modificación territorial podría hacerse sin acuerdo de los pueblos interesados; cada pueblo podría escoger libremente la forma de su gobierno; la futura paz debería garantizar la seguridad internacional, la reducción general de los armamentos, la libertad de los mares, el libre acceso a las primeras materias; todos los Estados deberían cooperar para promover el progreso económico y social.

Esta Carta del Atlántico, sin embargo, no preveía ninguna organización internacional precisa.

La "Declaración de Moscú" (30 0ctubre 1943), publicada al final de una conferencia anglo-americana-rusa, proclamó "la necesidad de establecer, tan pronto como sea posible, una organización internacional fundada sobre el principio de una igual soberanía de todos los Estados pacíficos, grandes y pequeños, para asegurar el mantenimiento de la paz y de la seguridad internacionales".

Las grandes líneas de esta organización fueron precisadas (agosto-octubre 1944) entre EE.UU., URSS, Gran Bretaña y China, en la Conferencia de Dumbarton Oaks, mientras que la Conferencia de Bretton Woods (julio 1944) definió los principios que debían aplicarse a la organización económica mundial.

En la Conferencia anglo-americano-rusa de Yalta, celebrada del 4 al 11 de febrero de 1945, entre Churchill, Roosevelt y Stalin, se acordó conceder un derecho de veto a las grandes potencias.

Del 25 de abril. al 26 de junio de 1945 representantes de 50 países se reunieron en San Francisco, en la denominada Conferencia de las Naciones Unidas sobre Organización Internacional, en la que deliberaron sobre la base de propuestas preparadas por los representantes de EE.UU., URSS, Gran Bretaña y China, en la Conferencia de Dumbarton Oaks que antes he citado.

En esta Conferencia de San Francisco se buscaron nuevas bases para tratar de organizar nuestro planeta, con consecuencias sobre el régimen lingüistico de las Organizaciones Internacionales que sobre ellas se crearán:

- 1ª) acuerdo permanente entre las cinco potencias consideradas vencedoras: EE.UU., Gran Bretaña, Francia, URSS y China.

- 2ª) implicación clara del gran vencedor, EE.UU. , -cuya ausencia de la Sociedad de las Naciones se consideraba una de las causas del fracaso de ésta- y atención a la zona en la que primero se había realizado su expansión, las Américas, cuyos recursos habían sido tan importantes en el esfuerzo bélico.

Y cuyas élites se embarcaron entonces decididamente en la construcción de la nueva Utopía.

Contaban, además, estas élites americanas, con la experiencia de organización internacional, que, con el antecedente del Congreso de Panamá en 1826, había conducido a la Primera Conferencia Internacional Americana, celebrada en Washington, de octubre de 1889 a abril de 1890, y a la creación de la Unión Internacional de las Repúblicas Americanas, el 14 de abril de 1890.

- 3ª) cooperación internacional para el desarrollo económico y social de todos, que, en sí mismo se consideraba democratizador y garantía de la paz.

La Carta de las Naciones Unidas se firmó en San Francisco el 26 de junio de 1945, al terminar la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Organización Internacional.

Además de los 50 países representados en la Conferencia de San Francisco, firmó, más tarde, la Carta, Polonia, que no estuvo en la Conferencia, convirtiéndose en uno de los 51 Estados miembros fundadores.

Con la admisión de la Confederación Suiza, el 10 de Septiembre de este año 2002, y de la República Democrática de Timor Oriental, el 27 del mismo mes de septiembre del 2002, la Organización de las Naciones Unidas ha alcanzado la cifra de 191 miembros, prácticamente la universalidad.

Recordemos que la S. de N. empezó con 45 miembros. El máximo de sus integrantes quedó en 60, pero ya no contaba más que con 44 en 1939, al empezar la Segunda Guerra Mundial.

La Santa Sede no es miembro de las NNUU, pero participa en algunas de sus actividades y contribuye al presupuesto ordinario con un porcentaje de 0,001%.

La Organización de las Naciones Unidas empezó a existir jurídicamente el 24 de octubre de 1945, al ratificar la Carta China, los Estados Unidos, Francia, el Reino Unido, la Unión Soviética y la mayoría de los demás signatarios, por lo que el Día de las Naciones Unidas se celebra todos los años en esa fecha, 24 de octubre.

La disolución de la Sociedad de las Naciones se hizo efectiva el 31 de julio de 1947

España -como saben ustedes- no fue invitada a participar en la Conferencia de San Francisco y no ingresó en las Naciones Unidas hasta el 14 de diciembre de 1955.

Durante la Segunda Guerra Mundial e inmediata postguerra se produjeron contradicciones en el papel desempeñado por los distintos idiomas en los Organismos y Conferencias Internacionales:

-Por una parte, se redactaron en inglés los grandes textos de la época: Carta del Atlántico, Acuerdos de Bretton Woods , ...

-Por otra, se introdujo el multilingüismo limitado en las Conferencias Internacionales que se celebraron.

En el proyecto elaborado por la Conferencia de Dumbarton Oaks, no se contienen referencias a los idiomas, ni de la proyectada Conferencia de San Francisco, ni de la futura Organización de las Naciones Unidas, que en ella iba a crearse.

Tampoco en las observaciones previas de los Gobiernos a la propuesta circulada antes de la Conferencia, salvo las de Brasil y Venezuela, que se pronunciaban a favor de conservar el sistema de la Sociedad de las Naciones y de Cuba, que pedía la equiparación del español al francés e inglés y presentó propuestas concretas en este sentido al principio de la Conferencia.

En el proyecto de Reglamento presentado por la Secretaría Provisional se proponían los 5 idiomas oficiales en los que debía redactarse el texto definitivo de la Carta, pero se señalaba un único idioma de trabajo, el inglés.

Francia, que no era potencia invitante, pero que estaba previsto sería uno de los miembros permanentes del Consejo de Seguridad, se opuso a este monolingüismo, con el apoyo en general de las Delegaciones hispanoamericanas:

Chile, Venezuela y Perú intervinieron en favor del francés.

Honduras anunció que, si se concedía al francés el rango de lengua suplementaria de trabajo, exigiría el mismo trato para el español.

La Carta se redactó finalmente en 5 idiomas "igualmente auténticos" (art.111): chino, francés, ruso e inglés, los 4 de los 5 miembros permanentes del Consejo de Seguridad, "a los que se añadió el español, fruto de la importante participación de los Estados Latinoamericanos en la Conferencia de San Francisco", según palabras textuales del Prof. Jean Paul Jacqué, en sus comentarios a la Carta.

En estos comentarios el Profesor Jacqué recuerda que durante los trabajos preparatorios únicamente el representante de los Países Bajos se refirió a las dificultades que podrían originarse por esta Redacción de la Carta en cinco idiomas, todos con el mismo valor jurídico. El delegado soviético replicó que aún serían mayores las dificultades que se producirían si quería hacerse prevalecer uno de los textos.

El resultado fue, como afirma el Profesor Jacqué, citando a Ruth Russell, que no se incluyó en la Carta ninguna disposición sobre su interpretación, lo que teóricamente puede dar lugar a problemas en relación no sólo con este instrumento, sino en general con otros tratados multilingües.

Este artículo 111 no determinó cuáles serían los idiomas en los que se realizarían los trabajos de los órganos de la nueva Organización, a quienes correspondió la decisión.

En su primer período de sesiones la Asamblea General adoptó, el 1 febrero 1946, un Reglamento Provisional de idiomas, (basado en un texto que figuraba en el Informe de la Comisión Preparatoria de las Naciones Unidas) según el cual todos los órganos de las Naciones Unidas, excepto la Corte Internacional de Justicia, tendrían como idiomas oficiales: chino, francés, inglés, ruso y español, y de trabajo inglés y francés.

Pero la III Asamblea, en 1948, decidió incluir también al español entre sus idiomas de trabajo, categoría atribuida por la XXIII Asamblea al ruso y por la XXVIII al chino y al árabe, con lo cual se incorporaba un nuevo idioma, el árabe, a los citados en el artículo 111 y quedaba, por tanto, definitivamente claro que este artículo no tenía jurídicamente ninguna relevancia en la determinación de los idiomas en que se desarrollarían los trabajos de los órganos de las Naciones Unidas y que su alcance se limitaba a establecer la igualdad de los cinco textos de la Carta.

En el Consejo de Seguridad se ha seguido la misma evolución que en la Asamblea, con el mismo resultado de estos 6 idiomas oficiales y de trabajo.

En el Consejo Económico y Social continúa, sin embargo, la distinción entre idiomas oficiales (árabe, chino, español, francés, inglés y ruso) y de trabajo (español, francés e inglés).

La Secretaría de la O.N.U. y la Corte Internacional de Justicia trabajan en inglés y francés.

Con las peculiaridades de cada caso, que dan lugar a números diferentes de "idiomas privilegiados", este modelo se ha ido extendiendo a las Organizaciones Internacionales de vocación geográfica universal, de ámbito planetario, que han ido naciendo en el marco de la Organización de las Naciones Unidas, o paralelamente o al margen del mismo.

Las excepciones son de tres tipos:

1) Organismos u Organizaciones Internacionales, de vocación no universal, cuyos miembros están unidos por vínculos especiales, la lengua común en ocasiones: El paradigma es la Liga de Estados Árabes, en la que sólo se utiliza el idioma religioso común: el árabe en su forma clasica.

En los Organismos u Organizaciones Internacionales iberoamericanos, portugués y español tienen el mismo nivel y en los panamericanos se les unen inglés y francés.

2) Organismos u Organizaciones Internacionales, de vocación no universal, cuyos miembros están unidos por vínculos especiales, pero que, por razones históricas, tienen lenguas diferentes. El ejemplo más característico es la Unión Europea con su multiplicidad de lenguas.

3) Organismos u Organizaciones Internacionales, de carácter financiero predominantemente, más algunos Grupos reguladores del comercio de algunas materias primas, o protectores de ciertas especies animales, en que han prevalecido las consideraciones económicas imponiendo el monolinguismo inglés, con creciente presión de los defensores del multilingüismo limitado que van, que vamos, consiguiendo algunos éxitos.

En el modelo "onusiano" muy pronto, las dificultades presupuestarias, agravadas por la actitud de EEUU y las reticencias de los Estados cuyos idiomas no estaban entre los seis privilegiados, produjeron una reacción a favor del monolingüismo en inglés, segundo idioma de las élites de muchos de estos paises.

Contra esta corriente monolingüista en inglés se debaten, nos debatimos, los defensores del actual régimen de multilingüismo limitado, que encarnan, que encarnamos, fundamentalmente Francia y los países hispanófonos.

Frente a la amenaza en la práctica del monolingüismo en inglés, los esfuerzos de los defensores del actual régimen de multilingüismo limitado consiguen, conseguimos, con cierta frecuencia, marcar, incluso, nuevos puntos importantes, en el terreno normativo, como,: por ejemplo:

- las Resoluciones tituladas "Multilingüismo" de la Asamblea General de Naciones Unidas y los consiguientes Informes a la Asamblea General del Secretario General, que han ido reafirmando este multilingüismo como "un objetivo primordial de la Organización", estableciendo mecanismos de control para la aplicación de la normativa vigente e incrementando el apoyo de los países miembros.

La última, por el momento, de estas Resoluciones ha sido aprobada, por consenso, en el 56 período de sesiones, el pasado 14 de febrero de este mismo año 2002.

En ella la Asamblea General "toma nota" del Informe del Secretario General, "de que se ha designado un coordinador de cuestiones relativas al multilingüismo" (atendiendo a la petición de la Resolución de la Asamblea General de 6 diciembre de 1999, 53 período de sesiones), muestra su satisfacción por las medidas tomadas, subraya algunas de ellas y recuerda otras.

Y pide al Secretario General, "que en su quincuagésimo octavo período de sesiones" -(2004)- "le presente un informe amplio" al respecto.

- "Respeto de la igualdad entre los idiomas oficiales", aprobada por la 50 Asamblea Mundial de la Salud (Organización Mundial de la Salud, O.M.S.) el 13 de mayo 1997, que produjo un Informe a la 51 Asamblea (11 a 16 mayo 1998) del Director General, fechado el 19 de marzo de 1998. Y una Resolución de la 51 Asamblea, en mayo de 1998. Las dos Resoluciones fueron aprobadas por aclamación, por consenso, previa negociación, sin votación, por tanto. Las Asambleas posteriores han seguido insistiendo en este tema.

En el final del siglo XX debemos señalar dos grupos de hechos relevantes:

-1. La reunificación alemana y el derrumbamiento del sistema soviético, que han aumentado el deseo de protagonismo internacional de Alemania y su capacidad de atracción respecto a una zona europea en la que el idioma alemán figuró tradicionalmente entre los preponderantes y, consiguientemente, alentado las reivindicaciones germanas en algunos foros internacionales de un status preferencial para el mismo.

-2. El creciente peso económico del Japón y la también creciente inserción asiática en la economía mundial, que está haciendo de estos países, Japón muy destacadamente, pero también otros asiáticos junto a él, posibles temibles líderes del monolingüismo en inglés, como la opción más "razonable" y "económica" para optimizar la utilización de los siempre insuficientes recursos económicos disponibles para la cooperación internacional y la ayuda a un desarrollo para todos, que siguen proclamándose como objetivos urgentes e ineludibles.

La implantación del monolingüismo en inglés en las OOII supondría, dada la creciente tendencia a tratar todos los problemas en este tipo de foros, que todo el desarrollo futuro de todos los países estaría supeditado al conocimiento de ese idioma así impuesto, pues, sin dominarlo, sus expertos no podrían participar en las correspondientes reuniones internacionales, ni aprovechar las experiencias de sus colegas, ni ofrecer las suyas, ni influir en las decisiones que, cada vez más, serán coordinadas internacionalmente.

Partiendo de la favorable situación de nuestro idioma en la normativa vigente de la gran mayoría de OOII de vocación universal, los países que lo compartimos no deberíamos estar dispuestos a que ésto nos ocurra.

Pienso que nuestro objetivo debe ser asegurar al idioma español una posición, en la normativa y en la práctica, en los distintos Organismos, Organizaciones y Conferencias Internacionales, que corresponda a sus posibilidades.

A través de la acción coordinada de los países que tienen el español como idioma propio, teniendo en cuenta la gran ventaja que significa poder representar la voluntad colectiva de un grupo tan importante de tantos países, de tan consolidada tradición de presencia en la vida internacional.

Esta coordinación dispone ya de instrumentos en algunas sedes de importantes Organizaciones Internacionales: Comités del Idioma Español, en la U.N.E.S.C.O. (París), desde 1974, y en los Organismos Internacionales con sede en Viena, desde 1989 (era yo entonces Embajador Representante Permanente de España ante estos Organismos Internacionales con sede en Viena), y en Ginebra, desde 1997.

La Asociación de Funcionarios Internacionales Españoles (A.F.I.E.) creó, en 1987, una Comisión de la Lengua, para contribuir a unificar el uso de nuestro idioma en las diferentes OOII, realizar investigaciones terminológicas sobre el mismo e impulsar su utilización.

Esta Comisión de la Lengua de la A.F.I.E. envió, inmediatamente después de su constitución, a la Comisión de Vocabulario Técnico de la Real Academia Española, a fin de que formulara los comentarios oportunos, una serie de glosarios utilizados en las Naciones Unidas o en sus Organismos especializados.

En junio de 1996 la A.F.I.E. remitió un cuestionario a los Jefes de los Servicios de Traducción al Español de diversas Organizaciones Internacionales para conocer la situación real de la utilización de nuestro idioma en estas Organizaciones y estudiar, entre otras posibilidades, la de organizar una reunión de estos Jefes de los Servicios de Traducción al Español para discutir temas de interés común e intercambiar información.

En Viena, además de la A.F.I.E., la "Confraternidad Hispánica", que agrupa a los funcionarios de habla española, no sólo a los españoles, también se preocupa del tema y desempeña un importantísimo papel en esta tarea común de promoción y defensa de la utilización de nuestro idioma en los foros internacionales.

Creo que aún puede hacerse algo más:

Toda la acción –he señalado en diferentes ocasiones- debería ser diseñada como una acción colectiva de este grupo de países que tienen el español como idioma propio y expresión, por tanto, de la voluntad común, producto de sus intereses coincidentes.

En cada uno de estos países esta tarea debería individualizarse de las actividades ordinarias de su Administración, a través de una estructura mínima, específicamente dedicada a la preparación y acompañamiento de la acción -que podría estar constituida por un Comisionado para la promoción de la utilización del idioma español en las Organizaciones Internacionales, asistido por una Secretaría, asimismo mínima- con la misión de diseñar, impulsar, coordinar, acompañar y seguir la acción de las distintas unidades de la respectiva Administración con competencia en la materia y establecer los necesarios contactos con las Administraciones y Autoridades de los demás países hispanófonos.

El diseño de la acción debe también concretar los caminos y medios de esta puesta en práctica, para no quedar reducida su expresión a meras declaraciones de intenciones, sin concreciones reales.

Como se sugirió en la Asamblea General Ordinaria de la A.F.I.E., en Ginebra, el 8 de diciembre de 1995, la Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de los países iberoamericanos puede ser, desde luego, foro adecuado para debatir esta acción conjunta y tratar de llegar al acuerdo de realizarla, pero, antes, las instancias competentes de los países hispanófonos debieran haber ya estudiado el tema y determinado estos caminos y medios, para poder, inmediatamente después de producirse la declaración pública de la Cumbre, iniciar su puesta en práctica.

Sería, por tanto, conveniente que el tema fuera, previamente a la Cumbre, abordado en una reunión de los Ministros de Asuntos Exteriores de estos países.

Y, previamente, que sus Representantes Permanentes en las Organizaciones Internacionales, al menos en las más importantes y las más relevantes y significativas, lo hubieran estudiado y formulado diagnósticos de situación y propuestas de acción individualizadas en cada una de estas Organizaciones Internacionales, a sus respectivos Ministerios y, siempre que ello fuera posible, conjuntas a la reunión de Ministros de Asuntos Exteriores para su eventual elevación a la Cumbre.

Si la declaración de la Cumbre tendría, necesariamente, que ser de carácter general, las propuestas de acción en cada Organización Internacional deberían, para ser eficaces y eficientes, ajustarse a las características de la respectiva Organización

De esta preparación deberían salir también instrucciones que, después, habría que ir ajustando a la cambiante realidad, no sólo para los Representantes Permanentes, sino también para las Delegaciones colectivas o delegados individuales, que asistan a las reuniones de cada uno de estas Organizaciones Internacionales.

Y el seguimiento de la evolución de toda la acción y sus resultados.

Instrucciones, evaluación y seguimiento que deberían ser, no sólo de cada uno de los países hispanófonos, sino también de su conjunto institucionalizado en los diferentes niveles: Representaciones Permanentes ante las Organizaciones Internacionales, Delegaciones o delegados para reuniones concretas, Instituciones públicas o, incluso, en la medida de lo posible, privadas, Autoridades competentes, Ministerios de Asuntos Exteriores y Cumbre de Jefes de Estado y Gobierno.

En los más de 57 años transcurridos desde la firma de la Carta de las Naciones Unidas, nuestro idioma ha tenido ocasión de probar su aptitud para desempeñar el papel de idioma oficial y de trabajo en Organizaciones Internacionales y dejar constancia de que su elección no había sido el resultado de una mera coyuntura favorable a los países que lo utilizaban como propio.

Pero la conservación de este papel, en la normativa y, sobre todo en la práctica, depende, en gran parte, del esfuerzo que los hispanófonos hagamos para obtenerla.

Esfuerzo, que no tiene un objetivo puramente de vanidad narcisista, sino que, como antes he recordado, debe tener muy en cuenta las implicaciones que, para el futuro desarrollo de los países que compartimos el idioma español como propio, tendría la sustitución del actual régimen de multilingüismo limitado por otro de monolingüismo en inglés, como algunos pretenden.

Y las aducidas por el actual Embajador de España en Londres, Marqués de Tamarón, sobre la "industria de la enseñanza del inglés como lengua extranjera" en su ponencia "El español, ¿lengua internacional o lingua franca?", presentada en el Congreso de la Lengua Española, celebrado en Sevilla, del 7 al 10 de octubre de 1992.

Creo, muy sinceramente, que merece la pena.

Muchísimas gracias por su paciente atención.

Estoy a su más completa disposición, si, ahora, desean ustedes precisar, ampliar, matizar, corregir o complementar lo que yo he osado afirmar.

O quieren que yo trate de precisarlo, ampliarlo, matizarlo, corregirlo o complementarlo.

Lo intentaría, si lo creen conveniente.




                    






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