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En la carta que los miembros del Comité
científico me enviaron, invitándome,
muy amablemente, a presentar una ponencia sobre
el tema de la presencia del español
en los organismos y en las conferencias internacionales,
se me informó que el Congreso “busca
reunir a especialistas y personalidades a fin
de reflexionar y dar testimonio
sobre el estado actual de las lenguas neolatinas
–específicamente el español,
el francés y el portugués- en la
comunicación especializada y las acciones
a llevar a cabo para abrir, afianzar o recuperar
ámbitos de uso, tales como conferencias
internacionales y organismos internacionales,
Internet, medios de comunicación especializada
y publicaciones técnico-científicas”.
Estoy muy lejos de ser un especialista
o una personalidad, soy simplemente un
funcionario diplomático, jubilado, que,
en un muy especial momento de mi país,
hice incursiones temporales en la política,
pero creo que sí
estoy en condiciones de dar
testimonio sobre el estado actual del idioma español,
en las conferencias y organismos internacionales,
porque la mayoría de mis puestos como Jefe
de Misión ha sido en Organizaciones
Internacionales: Embajador Representante Permanente
de España ante los organismos internacionales
con sede en Viena : Naciones Unidas (N.U.), Organismo
Internacional de Energía Atómica
(O.I.E.A.), Organización de las Naciones
Unidas para el Desarrollo Industrial (O.N.U.D.I.)
y United Nations Relief and Works Agency (U.N.R.W.A.),
de 1986 a 1990, y Embajador-Jefe de la Delegación
Permanente de España en la Organización
de Cooperación y Desarrollo Económicos
(O.C.D.E.), con sede en París.
Incluso en mis embajadas bilaterales: Finlandia
y Estonia, con residencia en Helsinki,
lo multilateral ha estado muy presente: adhesión
de Finlandia a la Unión Europea
(U.E.) y establecimiento de vínculos
de Estonia con esta Unión Europea.
Y, antes de ser Jefe de Misión,
realicé algunas incursiones en el multilateralismo,
como
diplomático: asistencia a las reuniones,
en París, del Grupo del Banco
Mundial de Ayuda a la Agricultura de Túnez,
país en el que yo estaba destinado, y
como político,
en Ginebra, como Subsecretario del Ministerio
de Sanidad y Seguridad Social, asistencia
a la Asamblea Mundial de la Salud de la
Organización Mundial de la Salud (O.M.S.)
y, en Roma, como Secretario de Estado
de Turismo, a la Asamblea General de la Organización
Mundial del Turismo (O.M.T.).
Estas vivencias y el contacto y colaboración
con colegas y funcionarios internacionales, españoles
e iberoamericanos, con los que me une el interés
común por la promoción y la defensa
de la utilización de nuestro idioma en
estos foros, me llevaron a redactar los capítulos
titulados "El idioma español en
las Organizaciones Internacionales" del
libro "El peso de la lengua española
en el mundo", y del titulado "El
español en el Mundo. Anuario del Instituto
Cervantes 1998".
Y a pronunciar conferencias, escribir artículos
y participar en seminarios, reuniones, congresos
y coloquios sobre este tema.
Lo que no hubiera podido hacer sin la colaboración
de la Asociación de Funcionarios Internacionales
Españoles (A.F.I.E.) y la de mis compañeros,
funcionarios diplomáticos o de otros
Ministerios, destinados en las Misiones
de España ante los diversos organismos
internacionales de que nuestro país
es miembro, u ocupándose de ellos en la
Administración Central.
Basado en todo lo que ellos me han aportado y
en mi, quizás, excesiva osadía,
me he atrevido, en ocasiones -cuando estaba en
el servicio activo y después de mi jubilación-
incluso a propugnar, colaborar a poner en práctica
o sugerir acciones a
llevar a cabo para abrir, afianzar o recuperar
ámbitos de uso, tales como conferencias
internacionales y organismos internacionales.
Una vez más, abusando probablemente de
su benevolencia, me lanzo hoy a este, tan atractivo
y, a mi juicio, interesante ruedo:
Considerar la presencia de un idioma, del español
en nuestro caso, en los Organismos y Conferencias
Internacionales, creo es, hoy, la perspectiva
más adecuada para juzgar sobre su importancia
real, sus posibilidades, sus riesgos y sus carencias
y, sobre este juicio, basado
en hechos, en datos de la realidad, trazar
una estrategia orientada a la acción, posibilista,
pero ambiciosa, con los pies en la tierra y la
mirada en el horizonte.
Baso esta afirmación en el hecho de que
una de las características
más definidoras del siglo que acaba de
terminar, el XX, es el creciente protagonismo
de las Conferencias, los Organismos
y las Organizaciones Internacionales y
la dominante tendencia a abordar en estos foros
cada vez más aspectos de mayor número
de problemas: unas veces para adoptar,
por consenso o por mayoría, posiciones
comunes, que se imponen a las decisiones individuales
de cada Estado, otras, simplemente, para un debate
no decisorio, pero preparador y condicionador,
en muchas ocasiones, de decisiones futuras.
Las dos mayores catástrofes
que ha sufrido la Humanidad –y no
sólo en el aspecto material, sino también
en el de sufrimiento y degradación de la
condición humana– : las dos
guerras mundiales, ocurrieron en este siglo
XX que acaba de terminar y han sido percibidas
por los sectores más sensibles e influyentes,
en los países más avanzados, como
consecuencia del enfrentamiento entre los Estados
soberanos, sin instancia superior.
También en ese siglo XX se ha producido
un espectacular progreso
de las comunicaciones, en su más
amplio sentido, que permite el traslado de mercancías,
personas, noticias, imágenes e ideas, de
manera rápida (instantánea e incluso
relativamente previa a veces) y asequible, que
ha producido un Mundo interdependiente,
en el que todos nos vemos afectados -en diverso
grado, por supuesto- por lo que ocurre en cualquier
lugar del Planeta, que ha devenido, en la acertada,
y, por ello, tan repetida, formulación
de McLuhan, la "aldea global".
De la coincidencia y complementariedad
de estos dos fenómenos han nacido el creciente
protagonismo de las Conferencias, los Organismos
y las Organizaciones Internacionales y
la dominante tendencia a abordar en estos foros
cada vez más aspectos de mayor número
de problemas, a que me he referido.
Creciente protagonismo y dominante tendencia
que, pienso, favorecen a los países capaces
de basar su actuación en la escena internacional
más en la fuerza de la razón, estudiada
por sus dirigentes y esgrimida por sus representantes,
que en la razón de la fuerza.
Pero datos importantes también a tener
muy en cuenta por los dirigentes y representantes
de las grandes potencias, que no pueden ignorar
que, en nuestros días, la opinión
pública internacional -sobre los problemas
internacionales y a nivel internacional-, afortunadamente,
empieza a existir e influye, cada vez más,
afortunadamente también, sobre las decisiones
políticas.
Entre las entidades a las que España
pertenece llevan el título de Organización,
p. ej.: la Organización de las Naciones
Unidas (O.N.U.), la Organización de las
Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia
y la Cultura (United Nations Educational, Scientific
and Cultural Organization, U.N.E.S.C.O.), la Organización
Mundial de la Salud (O.M.S.), la Organización
Meteorológica Mundial (O.M.M.), la Organización
Mundial de la Propiedad Intelectual (O.M.P.I.),
la Organización de las Naciones Unidas
para la Agricultura y la Alimentación (Food
and Agricultural Organization, F.A.O.), la Organización
de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial
(O.N.U.D.I.), la Organización de Aviación
Civil Internacional (O.A.C.I.), la Organización
Mundial del Turismo (O.M.T.), la Organización
Mundial de Aduanas (O.M.A.), la Organización
Internacional de las Maderas Tropicales (O.I.M.T.),
la Organización Marítima Internacional
(O.M.I.), la Organización Internacional
del Cacao (O.I.C.C.), la Organización Internacional
del Café (O.I.C.), la Organización
Internacional del Azúcar, la Organización
de los Estados Americanos (O.E.A.), la Organización
Internacional de Cooperación y Desarrollo
Económicos (O.C.D.E.), la Organización
del Tratado del Atlántico Norte (O.T.A.N.),
la Organización de Estados Iberoamericanos
para la Educación, la Ciencia y la Cultura
(O.E.I.), la Organización Iberoamericana
de Seguridad Social (O.I.S.S.) y la Organización
para la Seguridad y la Cooperación en Europa
(O.S.C.E.).
Mientras que han sido denominados "Organismo",
p. ej. : el Organismo Internacional de Energía
Atómica (O.I.E.A.), el Organismo de Obras
Públicas y Socorro de las Naciones Unidas
para los Refugiados de Palestina en el Cercano
Oriente (O.O.P.S, más conocido por sus
siglas en inglés, U.N.R.W.A., United Nations
Relief and Works Agency for Palestine Refugees
in the Near East), el Organismo para la Vigilancia
de la Tregua en Palestina (O.N.U.V.T.) y el Organismo
Multilateral de Garantía de Inversiones
(O.M.G.I.).
Varias llevan otros diversos
nombres, como, p.ej. : Oficina, Unión,
Consejo, Comisión, Grupo, Centro, ...
Sin embargo, la unidad administrativa encargada
de estos temas en nuestro Ministerio de Asuntos
Exteriores se llamó Dirección
General de Organismos
y Conferencias Internacionales (O.C.I.).
La Real Academia Española define al Organismo
como "conjunto de oficinas, dependencias
o empleos que forman un cuerpo o institución"
y a la Organización como "conjunto
de personas con los medios adecuados que funcionan
para alcanzar un fin determinado".
Definiciones ambas aplicables a estas entidades.
Las emplearé indistintamente (abreviadamente
OOII) aunque "Organizaciones Internacionales"
sea la denominación mayoritaria y "Organismos
Internacionales", la utilizada en el
título de la ponencia que me ha sido encargada.
Estoy consciente de que el artículo 3
de la vigente Constitución de mi
país dispone :
"El castellano
es la lengua española oficial del Estado".
Recuerdo que no prosperó la enmienda de
los senadores de designación real para
denominar "español"
al idioma oficial de nuestro país.
Pero en esta disertación usaré
la expresión "idioma
español" porque es la utilizada
en las normativas de los Organismos y las
Organizaciones Internacionales objeto de
nuestra consideración, aunque, obviamente,
parto del reconocimiento constitucional de la
existencia de varias lenguas
españolas dentro de mi país,
"riqueza (...) que es un patrimonio cultural
objeto de especial respeto y protección",
en palabras de la propia Constitución.
Estoy consciente asimismo de que los
miembros de la Comunidad Internacional
ya no son sólo los Estados,
sino entes supraestatales, unas veces públicos
o de interés público, otras privados,
e, incluso, a veces, los individuos, los seres
humanos directamente.
Pero, por ahora, en los trabajos que he publicado
me he limitado fundamentalmente -y así
lo haré hoy- a las Organizaciones de
carácter intergubernamental, aunque
creo que es necesario proseguir el camino emprendido,
extendiendo el ámbito de la recogida de
datos a otros modelos de organismos, de carácter
no gubernamental, que también son lugares
e instrumentos de creación de opinión
pública, primero, de estructuración
de diversos tipos, después, de esta "aldea
global", en la que estamos empezando
a vivir.
En mis mencionados trabajos he considerado algunas
de estas Organizaciones No Gubernamentales,
a título de ejemplo, para marcar el camino
que he propuesto seguir.
En la Historia del
Mundo -el denominado "occidental",
primero, globalizado, hoy- han existido
dos tendencias contrapuestas:
la pretensión de imponer una lengua imperial
o, al menos, franca, para facilitar el contacto,
el comercio en su sentido más amplio, y
la reivindicación de lo "típico",
lo propio, las señas de identidad.
En unas épocas ha predominado la vocación
al comercio, en otras al aislamiento.
Del juego de ambas han ido surgiendo las circunstancias
concretas, con lenguas, valga la paradoja, universalmente
locales o localmente universales, que tanto da,
porque, en cada momento histórico, la parte
del planeta en que se desarrollaban sus vidas
era, para sus respectivos habitantes, el Universo:
Griego, latín, español, francés,
inglés, árabe, swahili, turco, ...,
son algunos ejemplos de estas lenguas.
Limitándonos a nuestro
entorno más cercano -y el que, por
tanto, más nos determina, y, por ahora,
o hasta ahora, al resto del Planeta-, recordemos:
La crisis del Sacro Romano Imperio y de
la Cristiandad produjo la crisis como lengua
universal -es decir, europea- del latín,
que, en un momento (discurso de Carlos V,
el 17 de abril de 1536, lunes de Pascua, en Roma,
ante el Papa Pablo III) pareció
que el Emperador pretendía que fuera
sustituido por el español, aspiración
no alcanzada, porque ya no eran tiempos de Imperio
en Europa y no podía pararse la
reivindicación de soberanía de los
Estados nacionales, que se consagrará,
en 1648 (92 años después de la abdicación
del Emperador Carlos V y 90 después
de su muerte), en el Congreso de Westfalia
(fin de la tremenda Guerra de los 30 años),
en que aparece, por primera vez, el concepto de
igualdad entre los Estados y, como corolario,
el de la igualdad entre los idiomas.
El latín empieza a dejar paso a
los idiomas romances en la redacción de
plenipotencias y en las deliberaciones, si bien
todos los documentos se redactaron en latín.
En Rastadt, 1714, fin de la guerra
de sucesión en España,
por primera vez, el francés es idioma
único de negociación.
El Tratado de Aquisgrán, 1748,
fin de la guerra de sucesión en Austria,
se firmó en francés, pero
en él se insertó un artículo
especial con el fin de puntualizar que con ello
no se quería sentar
un precedente.
Una reserva semejante se hizo en el Tratado
de París de 1763 (fin de la guerra
de los 7 años), en el de Versalles
de 1783 (independencia de EEUU) y en el
Acta final del Congreso de Viena, en 1815.
En este Congreso de Viena de 1815 y en
el de París de 1856 (fin de la guerra
de Crimea) las negociaciones se realizaron
en francés.
Al ir avanzando el siglo
XIX la revolución en los medios de transporte
ferroviarios y marítimos y el comienzo
del tremendo progreso de las comunicaciones ofrecieron
a la actividad humana un campo transnacional que,
por un lado, hizo necesario
eliminar obstáculos, multiplicándose,
p. ej . a partir de los tres últimos
cuartos del siglo XIX, los convenios para la
apertura e internacionalización de vías
marítimas y fluviales –evoquemos
a título de ejemplo los Tratados
de 1901 y 1902 relativos al Canal de Panamá;
Tratado de Andrinópolis de 1829
para los estrechos turcos; Tratado
de Copenhague de 1857 para los estrechos
daneses; Convención de Constantinopla
de 1888 para el Canal de Suez; Tratados
de 1815, 1831 y 1868 para la internacionalización
comercial del Rhin; 1821 del Elba;
1839 del Escalda y del Mosa; 1856,
1878 y 1883 del Danubio; 1885 del Congo
y del Niger; creación de Comisiones
Internacionales Permanentes para la navegación
del Rhin (1815) y del Danubio (1856),
...-
y, por otro, dio lugar
a la aparición, en la segunda mitad del
siglo, de las primeras Organizaciones Internacionales
técnicas, creadas por convenios internacionales
multilaterales que establecen Organismos Permanentes.
P. ej.:
La Unión Telegráfica Internacional,
nacida en 1865, que originaría, en 1922,
la Unión Internacional de Telecomunicaciones
(U.I.T.).
El Instituto Internacional Agrícola
también llamado Oficina Internacional
de Agricultura, creado en 1905, del que
nacería, en 1945, la F.A.O.
De la Convención Sanitaria Internacional
(1853), la Oficina Internacional de la Higiene
(1907) y la Oficina Internacional de la Salud
Pública (1904) nacería en
1946, la Organización Mundial de la
Salud (O.M.S.).
La Unión Postal Universal (U.P.U.),
establecida en virtud de la Convención
de Berna de 9 de octubre de 1874, que sigue
existiendo con este mismo nombre.
En
América, tras la independencia,
la nostalgia de la unidad perdida y el ejemplo
de los Estados Unidos de
Norteamérica produjeron una serie
de tentativas, en las que se intentó conciliar,
alumbrando nuevas fórmulas de organización
internacional, la soberanía
recién adquirida con las exigencias de
una cooperación, que empezó a presentarse
-con gran énfasis por Simón
Bolívar- como la exigencia de la
nueva época, desembocando
en el que es hoy el organismo regional más
antiguo del mundo, la Organización de Estados
Americanos (O.E.A.),
cuyo origen inmediato se remonta a la Primera
Conferencia Internacional Americana, celebrada
en Washington, entre octubre de 1889 y
abril de 1890, en la que se aprobó, el
14 de abril de 1890, la creación de la
Unión Internacional de las Repúblicas
Americanas, cuyo antecedente es el Congreso
de Panamá de 1826.
La importante casi homogeneidad lingüistica
permitió que en la Conferencia de Washington
de 1889-90, se aprobara, aunque "después
de movidas deliberaciones" -recuerda
el Embajador de España Joaquín
Ortega Salinas en su Memoria, inédita,
presentada en la Escuela Diplomática,
en Madrid, el 19 de abril de 1961, "El
español en las Organizaciones Internacionales"
- "un Reglamento que serviría de
pautas a las Conferencias posteriores y en el
que se regulaba con criterio liberal la cuestión
de los idiomas. Los delegados" -precisa
mi colega- "podían intervenir en
sus lenguas respectivas, con ello se estableció
un principio de generalidad, pero no de igualdad
absoluta. Estaba prevista la traducción
oral sucesiva, en forma resumida, por el propio
orador o por intérprete; estaba estipulada
la traducción al castellano de las intervenciones
en inglés y la traducción al inglés
de las intervenciones en los otros tres idiomas
reconocidos. La delegación de los Estados
Unidos no necesitaba así entender ningún
idioma extranjero y se suponía que las
delegaciones de habla latina podían entenderse
entre sí sin necesidad de interpretación.
Las actas se redactaban en inglés y español
y al principio de cada sesión se leía
en estos dos idiomas el acta de la sesión
anterior"
Los textos en español,
inglés, portugués y francés
de la Carta
de la OEA son igualmente "auténticos"
, según dispone el vigente artículo
139 de esta Carta de la OEA.
Estos son los idiomas de
todos los órganos de la OEA
.
De hecho el español
es el idioma más empleado, seguido por
el inglés (EEUU, Canadá y caribeños),
y -ya muy de lejos- por el francés (Haití
y en alguna medida Canadá) y por
el portugués (Brasil, en las reuniones).
El orden alfabético
en español, combinándolo
con otros criterios, es utilizado también
para regular temas de precedencias, ejercicio
de presidencias y vicepresidencias, orden en las
votaciones, ordenación de candidaturas,
...
Durante
la Primera Guerra Mundial
la presión de la opinión pública
se hizo muy fuerte para imponer soluciones que
evitasen la repetición de la catástrofe
y dio más audiencia a quienes venían
propugnando la creación de una Organización
Internacional para arbitrar los conflictos
y preservar la paz.
El presidente de Estados Unidos, Thomas Woodrow
Wilson, profesor en Pricenton de Ciencias
Políticas, el 8 de enero de 1918, asumió
esta fuerte demanda de la opinión pública
proclamando, en su Punto 14 : "Debe formarse
por convenios formales una Sociedad general de
las Naciones que tenga por objeto proporcionar
garantías recíprocas de independencia
política y territorial tanto a los pequeños
Estados como a los grandes".
Debatida simultáneamente con los Tratados
de Paz, la creación de esta Sociedad
de las Naciones fue decidida el 28 de abril
de 1919 e inscrita en el Tratado de Versalles
Suscitó un gran entusiasmo, la "mística
de Ginebra", sede de la novísima
Organización, que se creyó
que iba a terminar para siempre con las guerras,
en un intento de sustituir el sistema de relaciones
internacionales basado en la idea imperial, primero,
y en el enfrentamiento de soberanos, sin
superior común, después, por otro
basado en la cooperación entre estos soberanos,
institucionalizada en Organizaciones Internacionales.
El nuevo sistema trató, ante todo, de
evitar la repetición de la catástrofe,
basándose en el aplastamiento de los vencidos,
con la esperanza de impedir que su agresión
se repitiera y tomando medidas -jurídicas-
para impedir la guerra, a través de su
prohibición.
El Pacto Briand-Kellog (1928) y las declaraciones
unilaterales de algunas nuevas Constituciones,
como la alemana de Weimar (uno de los países
vencidos) (1919) o la española de 1931
(un neutral), son ejemplos de esta mentalidad.
En la práctica sólo resolvió
algunos conflictos menores y fue incapaz de abordar
los enfrentamientos graves que fueron naciendo
de las semillas sembradas por los propios Tratados
de paz.
45 eran sus miembros en 1919, desautorizando
la iniciativa de su Presidente, los EEUU
no se adhirieron. No se admitió, en el
momento fundacional a los vencidos. El máximo
de integrantes se quedó en 60, pero ya
no contaba más que con 44 en 1939, al empezar
la Segunda Guerra Mundial.
A instancias del Presidente Wilson, en
la Conferencia de la Paz de 1919 el inglés
fue equiparado al francés.
El Tratado de Versalles (1919, con Alemania)
se redactó en dos versiones: francesa
e inglesa, igualmente auténticas.
Pero en los de Neuilly, (1919, con Bulgaria),
Saint Germain (1919, con Austria),
Trianon (1920, con Hungría)
y Sèvres (1920, con Turquía),
se estableció que el texto francés
sería el fehaciente en caso de discrepancia.
Y el Tratado de Lausanne, que, en 1923,
revisó el de Sèvres después
de las victorias turcas, se redactó sólo
en francés.
La
pretensión de imponer una lengua empezó
a ser sustituida por la búsqueda de consenso
en determinar cuál, o cuáles, van
a ser las lenguas de cada una de las Organizaciones
Internacionales en las que se pretende institucionalizar
la cooperación internacional.
La Sociedad de las Naciones, adoptó,
para su funcionamiento, un régimen de bilinguismo:
francés e inglés.
El Comité consultivo de juristas
que, en 1920, preparó el primer proyecto
de Estatuto de la Corte Permanente de Justicia
Internacional, se pronunció a favor
del monolingüismo francófono.
Pero el Consejo y la Asamblea de la
Sociedad de Naciones impusieron el bilingüismo
franco-inglés también para la
Corte.
Continuó progresando
la conciencia de la necesidad de dotar a la cooperación
internacional de estructuras permanentes y aparecieron
nuevos Organismos u Organizaciones Internacionales:
Oficina Internacional del Trabajo (O.I.T.), Unión
Internacional de Telecomunicaciones (U.I.T.),
Bureau International des Expositions (B.I.E.)
...
La composición tripartita de las delegaciones
de los Estados miembros (representantes obreros,empresariales
y gubernamentales) en la Conferencia de la
Oficina Internacional del Trabajo (O.I.T.),
una de estas nuevas Organizaciones,
planteó un primer
desafío al bilingüismo franco-inglés
de la Sociedad de las Naciones,
pues no podían esperarse de los representantes
obreros y empresariales los conocimientos lingüisticos
característicos en la formación
tradicional de los diplomáticos, que venían
asegurando en las reuniones de otros Organismos
la representación gubernamental:
En la primera reunión de la O.I.T.,
Washington 1919, los representantes de los
países de habla española solicitaron,
sin éxito, que se tradujeran las intervenciones
al español.
En 1927 Alemania pidió para su
idioma el rango de "lengua oficial".
Después de largas deliberaciones se llegó
a un acuerdo sobre la "traducción
oficial" de los instrumentos concertados,
cuyos textos en francés e inglés
seguían siendo "auténticos",
de conformidad con las disposiciones reglamentarias.
En 1920, en la Conferencia de la Unión
Postal Universal, celebrada en Madrid,
los EEUU pidieron, también sin éxito,
que el español fuera declarado lengua
oficial junto al francés, e
incluso con caracter prioritario por ser más
los paises representados que lo utilizaban.
A partir de 1939 se repitió
la catástrofe y ésta, por primera
vez en la Historia, adquirió la categoría
de "guerra total": se
ataca al adversario en todos sus componentes,
ya no hay distinción entre combatientes
y civiles, y, sobre todo, ya no se pretende simplemente
vencer, sino aniquilar al enemigo, del que sólo
se acepta la rendición incondicional.
El remedio, como en el
conflicto anterior, fue recomendado por los EE.UU.,
cuyo Presidente, Franklin Delano Roosevelt,
acuñó el nombre "Naciones
Unidas", que se utilizó
por primera vez el 1º de enero de 1942, cuando
representantes de 26 naciones aprobaron la "Declaración
de las Naciones Unidas", en virtud de
la cual sus respectivos gobiernos se comprometieron
a seguir luchando juntos contra las potencias
del Eje.
El 14 de agosto de 1941 el Presidente Roosevelt
(los EE.UU. aún no habían
entrado en la guerra) y el Primer Ministro
británico, Winston Churchill, habían
hecho pública una declaración de
principios común a ambas naciones, conocida
como Carta
del Atlántico, en la que enumeraban,
en 8 puntos, los principios democráticos
que, cuando terminaran las hostilidades, debían
prevalecer en las relaciones internacionales:
ningún engrandecimiento territorial sería
reivindicado por los firmantes; ninguna modificación
territorial podría hacerse sin acuerdo
de los pueblos interesados; cada pueblo podría
escoger libremente la forma de su gobierno; la
futura paz debería garantizar la seguridad
internacional, la reducción general de
los armamentos, la libertad de los mares, el libre
acceso a las primeras materias; todos los Estados
deberían cooperar para promover el progreso
económico y social.
Esta Carta del Atlántico,
sin embargo, no preveía ninguna organización
internacional precisa.
La "Declaración de Moscú"
(30 0ctubre 1943), publicada al final de una conferencia
anglo-americana-rusa, proclamó "la
necesidad de establecer, tan pronto como sea posible,
una organización internacional fundada
sobre el principio de una igual soberanía
de todos los Estados pacíficos, grandes
y pequeños, para asegurar el mantenimiento
de la paz y de la seguridad internacionales".
Las grandes líneas de esta organización
fueron precisadas (agosto-octubre 1944) entre
EE.UU., URSS, Gran Bretaña y China,
en la Conferencia
de Dumbarton Oaks, mientras que la Conferencia
de Bretton Woods (julio 1944) definió
los principios que debían aplicarse a la
organización económica mundial.
En la Conferencia
anglo-americano-rusa de Yalta, celebrada
del 4 al 11 de febrero de 1945, entre Churchill,
Roosevelt y Stalin, se acordó
conceder un derecho
de veto a las grandes potencias.
Del 25 de abril. al 26 de junio de 1945 representantes
de 50 países se reunieron en San
Francisco, en la denominada Conferencia
de las Naciones Unidas sobre Organización
Internacional, en la que deliberaron
sobre la base de propuestas preparadas por los
representantes de EE.UU., URSS,
Gran Bretaña y China, en
la Conferencia
de Dumbarton Oaks que antes he citado.
En esta Conferencia
de San Francisco se buscaron nuevas
bases para tratar de organizar nuestro
planeta, con consecuencias
sobre el régimen lingüistico de las
Organizaciones Internacionales que sobre
ellas se crearán:
- 1ª) acuerdo permanente
entre las cinco potencias consideradas vencedoras:
EE.UU., Gran Bretaña, Francia, URSS
y China.
- 2ª) implicación
clara del gran vencedor, EE.UU.
, -cuya ausencia de la Sociedad de las Naciones
se consideraba una de las causas del fracaso de
ésta- y atención
a la zona en la que primero se había realizado
su expansión, las Américas,
cuyos recursos habían
sido tan importantes en el esfuerzo bélico.
Y cuyas élites
se embarcaron entonces decididamente
en la construcción de la nueva
Utopía.
Contaban, además, estas élites
americanas, con la experiencia
de organización internacional,
que, con el antecedente del Congreso de Panamá
en 1826, había conducido a la Primera
Conferencia Internacional Americana, celebrada
en Washington, de octubre de 1889 a abril
de 1890, y a la creación de la Unión
Internacional de las Repúblicas Americanas,
el 14 de abril de 1890.
- 3ª) cooperación
internacional para el desarrollo económico
y social de todos, que, en sí mismo
se consideraba democratizador
y garantía de la paz.
La Carta de las Naciones
Unidas se firmó en San Francisco
el 26 de junio de 1945, al terminar la Conferencia
de las Naciones Unidas sobre Organización
Internacional.
Además de los 50 países representados
en la Conferencia de San Francisco, firmó,
más tarde, la Carta, Polonia,
que no estuvo en la Conferencia, convirtiéndose
en uno de los 51 Estados
miembros fundadores.
Con la admisión de la Confederación
Suiza, el 10 de Septiembre de este año
2002, y de la República Democrática
de Timor Oriental, el 27 del mismo mes de
septiembre del 2002, la Organización
de las Naciones Unidas ha alcanzado la cifra
de 191 miembros,
prácticamente la universalidad.
Recordemos que la S. de N. empezó
con 45 miembros. El máximo de sus integrantes
quedó en 60, pero ya no contaba más
que con 44 en 1939, al empezar la Segunda Guerra
Mundial.
La Santa Sede no es miembro de las NNUU,
pero participa en algunas de sus actividades y
contribuye al presupuesto ordinario con un porcentaje
de 0,001%.
La Organización
de las Naciones Unidas empezó a existir
jurídicamente el 24 de octubre de 1945,
al ratificar la Carta China, los Estados
Unidos, Francia, el Reino Unido,
la Unión Soviética y la mayoría
de los demás signatarios, por
lo que el Día
de las Naciones Unidas se celebra todos
los años en esa fecha, 24
de octubre.
La disolución de
la Sociedad de las Naciones se hizo
efectiva el 31 de julio
de 1947
España
-como saben ustedes- no
fue invitada a participar en la Conferencia
de San Francisco y no
ingresó en las Naciones Unidas hasta
el 14 de diciembre de 1955.
Durante la Segunda
Guerra Mundial e inmediata postguerra
se produjeron contradicciones
en el papel desempeñado por los distintos
idiomas en los Organismos y Conferencias Internacionales:
-Por una parte, se redactaron en
inglés los grandes textos de la
época: Carta del Atlántico, Acuerdos
de Bretton Woods , ...
-Por otra, se
introdujo el multilingüismo limitado
en las Conferencias Internacionales que
se celebraron.
En el proyecto elaborado
por la Conferencia
de Dumbarton Oaks, no se contienen
referencias a los idiomas, ni de la proyectada
Conferencia de San Francisco, ni de la
futura Organización de las Naciones
Unidas, que en ella iba a crearse.
Tampoco en las observaciones
previas de los Gobiernos a la propuesta circulada
antes de la Conferencia, salvo las de Brasil
y Venezuela, que se pronunciaban
a favor de conservar el sistema de la Sociedad
de las Naciones y
de Cuba, que pedía la equiparación
del español al francés
e inglés y presentó propuestas
concretas en este sentido al principio de la Conferencia.
En el proyecto de Reglamento
presentado por la Secretaría Provisional
se proponían los 5
idiomas oficiales en los que debía
redactarse el texto definitivo
de la Carta, pero se señalaba
un único idioma de
trabajo, el inglés.
Francia, que no era potencia invitante,
pero que estaba previsto sería uno de los
miembros permanentes del Consejo de Seguridad,
se opuso a este monolingüismo, con
el apoyo en general de las Delegaciones hispanoamericanas:
Chile, Venezuela y Perú
intervinieron en favor del francés.
Honduras anunció que, si se concedía
al francés el rango de lengua suplementaria
de trabajo, exigiría el mismo trato para
el español.
La Carta se redactó finalmente
en 5 idiomas "igualmente auténticos"
(art.111): chino, francés,
ruso e inglés, los 4 de los
5 miembros permanentes del Consejo de Seguridad,
"a los que se añadió el
español, fruto de la importante participación
de los Estados Latinoamericanos en la Conferencia
de San Francisco", según palabras
textuales del Prof. Jean Paul Jacqué,
en sus comentarios a la Carta.
En estos comentarios el Profesor Jacqué
recuerda que durante los trabajos preparatorios
únicamente el representante de los Países
Bajos se refirió a las dificultades
que podrían originarse por esta Redacción
de la Carta en cinco idiomas, todos con
el mismo valor jurídico. El delegado
soviético replicó que aún
serían mayores las dificultades que se
producirían si quería hacerse prevalecer
uno de los textos.
El resultado fue, como afirma el Profesor
Jacqué, citando a Ruth Russell,
que no se incluyó en la Carta ninguna
disposición sobre su interpretación,
lo que teóricamente puede dar lugar a problemas
en relación no sólo con este instrumento,
sino en general con otros tratados multilingües.
Este artículo 111 no determinó
cuáles serían los idiomas en los
que se realizarían los trabajos de los
órganos de la nueva Organización,
a quienes correspondió la decisión.
En su primer período de sesiones la Asamblea
General adoptó, el 1 febrero 1946,
un Reglamento Provisional de idiomas, (basado
en un texto que figuraba en el Informe de la
Comisión Preparatoria de las Naciones Unidas)
según el cual todos los órganos
de las Naciones Unidas, excepto la Corte
Internacional de Justicia, tendrían
como idiomas oficiales: chino, francés,
inglés, ruso y español, y de trabajo
inglés y francés.
Pero la III Asamblea, en 1948, decidió
incluir también al español
entre sus idiomas de trabajo, categoría
atribuida por la XXIII Asamblea al ruso
y por la XXVIII al chino y al árabe,
con lo cual se incorporaba un nuevo idioma, el
árabe, a los citados en el artículo
111 y quedaba, por tanto, definitivamente claro
que este artículo no tenía jurídicamente
ninguna relevancia en la determinación
de los idiomas en que se desarrollarían
los trabajos de los órganos de las Naciones
Unidas y que su alcance se limitaba a establecer
la igualdad de los cinco textos de la Carta.
En el Consejo de Seguridad se ha seguido
la misma evolución que en la Asamblea,
con el mismo resultado de estos 6 idiomas oficiales
y de trabajo.
En el Consejo Económico y Social
continúa, sin embargo, la distinción
entre idiomas oficiales (árabe, chino,
español, francés, inglés
y ruso) y de trabajo (español, francés
e inglés).
La Secretaría de la O.N.U. y la
Corte Internacional de Justicia trabajan
en inglés y francés.
Con las peculiaridades
de cada caso, que dan lugar a números
diferentes de "idiomas privilegiados",
este modelo se ha ido extendiendo a las Organizaciones
Internacionales de vocación geográfica
universal, de ámbito planetario, que
han ido naciendo en el marco de la Organización
de las Naciones Unidas, o paralelamente
o al margen del mismo.
Las excepciones
son de tres tipos:
1) Organismos u Organizaciones Internacionales,
de vocación no universal, cuyos miembros
están unidos por vínculos especiales,
la lengua común en ocasiones: El paradigma
es la Liga de Estados Árabes,
en la que sólo se utiliza el idioma religioso
común: el árabe en su forma
clasica.
En los Organismos u Organizaciones
Internacionales iberoamericanos, portugués
y español tienen el mismo nivel y
en los panamericanos se les unen inglés
y francés.
2) Organismos u Organizaciones Internacionales,
de vocación no universal, cuyos miembros
están unidos por vínculos especiales,
pero que, por razones históricas, tienen
lenguas diferentes. El ejemplo más característico
es la Unión Europea con su multiplicidad
de lenguas.
3) Organismos u Organizaciones Internacionales,
de carácter financiero predominantemente,
más algunos Grupos reguladores
del comercio de algunas materias primas, o protectores
de ciertas especies animales, en que han prevalecido
las consideraciones económicas imponiendo
el monolinguismo inglés, con creciente
presión de los defensores del multilingüismo
limitado que van, que vamos, consiguiendo
algunos éxitos.
En
el modelo "onusiano" muy pronto,
las dificultades presupuestarias, agravadas por
la actitud de EEUU y las reticencias de
los Estados cuyos idiomas no estaban entre
los seis privilegiados, produjeron una reacción
a favor del monolingüismo en inglés,
segundo idioma de las élites de muchos
de estos paises.
Contra esta corriente monolingüista
en inglés se debaten, nos debatimos,
los
defensores del actual régimen de multilingüismo
limitado, que encarnan, que encarnamos,
fundamentalmente Francia
y los países hispanófonos.
Frente a la amenaza en la práctica del
monolingüismo en inglés, los
esfuerzos de los defensores del actual régimen
de multilingüismo
limitado consiguen, conseguimos, con
cierta frecuencia, marcar, incluso, nuevos
puntos importantes, en el terreno
normativo, como,: por
ejemplo:
- las Resoluciones
tituladas "Multilingüismo"
de la Asamblea General
de Naciones Unidas y los consiguientes
Informes a la Asamblea
General del Secretario General, que
han ido reafirmando este multilingüismo
como "un objetivo primordial de la Organización",
estableciendo mecanismos de control para la
aplicación de la normativa vigente e
incrementando el apoyo de los países
miembros.
La última, por
el momento, de estas Resoluciones
ha sido aprobada, por
consenso, en el 56 período
de sesiones, el pasado 14
de febrero de este mismo año 2002.
En ella la Asamblea General "toma nota"
del Informe del Secretario General, "de
que se ha designado un coordinador de cuestiones
relativas al multilingüismo" (atendiendo
a la petición de la Resolución
de la Asamblea General de 6 diciembre
de 1999, 53 período de sesiones), muestra
su satisfacción por las medidas tomadas,
subraya algunas de ellas y recuerda otras.
Y pide al Secretario General, "que
en su quincuagésimo octavo período
de sesiones" -(2004)- "le presente
un informe amplio" al respecto.
- "Respeto de la
igualdad entre los idiomas oficiales",
aprobada por la 50 Asamblea Mundial de la Salud
(Organización
Mundial de la Salud, O.M.S.) el 13
de mayo 1997, que produjo un Informe a la 51
Asamblea (11 a 16 mayo 1998) del Director
General, fechado el 19 de marzo de 1998. Y
una Resolución de la 51 Asamblea,
en mayo de 1998. Las dos Resoluciones fueron
aprobadas por aclamación, por consenso,
previa negociación, sin votación,
por tanto. Las Asambleas posteriores han
seguido insistiendo en este tema.
En el final del siglo XX
debemos señalar dos
grupos de hechos relevantes:
-1. La reunificación
alemana y el derrumbamiento del sistema soviético,
que han aumentado el deseo de protagonismo internacional
de Alemania y su capacidad de atracción
respecto a una zona europea en la que el idioma
alemán figuró tradicionalmente
entre los preponderantes y, consiguientemente,
alentado las reivindicaciones germanas en algunos
foros internacionales de un status preferencial
para el mismo.
-2. El creciente peso económico
del Japón
y la también creciente
inserción asiática en la economía
mundial, que está haciendo de estos
países, Japón muy destacadamente,
pero también otros asiáticos junto
a él, posibles temibles líderes
del monolingüismo en inglés,
como la opción más "razonable"
y "económica" para optimizar
la utilización de los siempre insuficientes
recursos económicos disponibles para la
cooperación internacional y la ayuda a
un desarrollo para todos, que siguen proclamándose
como objetivos urgentes e ineludibles.
La implantación
del monolingüismo en inglés
en las OOII supondría, dada
la creciente tendencia a tratar todos los problemas
en este tipo de foros, que todo el desarrollo
futuro de todos los países estaría
supeditado al conocimiento de ese idioma así
impuesto, pues, sin dominarlo, sus expertos no
podrían participar en las correspondientes
reuniones internacionales, ni aprovechar las experiencias
de sus colegas, ni ofrecer las suyas, ni influir
en las decisiones que, cada vez más, serán
coordinadas internacionalmente.
Partiendo de la favorable situación de
nuestro idioma en la normativa vigente de la gran
mayoría de OOII de vocación
universal, los países que lo compartimos
no deberíamos estar
dispuestos a que ésto nos ocurra.
Pienso que nuestro objetivo
debe ser asegurar al idioma español una
posición, en la normativa y en la práctica,
en los distintos Organismos, Organizaciones
y Conferencias Internacionales, que corresponda
a sus posibilidades.
A través de la acción
coordinada de los países que tienen
el español como idioma propio, teniendo
en cuenta la gran ventaja que significa poder
representar la voluntad colectiva de un grupo
tan importante de tantos países, de tan
consolidada tradición de presencia en la
vida internacional.
Esta coordinación dispone ya de instrumentos
en algunas sedes de importantes Organizaciones
Internacionales: Comités del Idioma Español,
en la U.N.E.S.C.O. (París), desde
1974, y en los Organismos Internacionales con
sede en Viena, desde 1989 (era yo entonces
Embajador Representante Permanente de España
ante estos Organismos Internacionales con sede
en Viena), y en Ginebra, desde 1997.
La Asociación
de Funcionarios Internacionales Españoles
(A.F.I.E.) creó, en 1987, una
Comisión de la Lengua, para contribuir
a unificar el uso de nuestro idioma en las diferentes
OOII, realizar investigaciones terminológicas
sobre el mismo e impulsar su utilización.
Esta Comisión de la Lengua de la A.F.I.E.
envió, inmediatamente después de
su constitución, a la Comisión
de Vocabulario Técnico de la Real Academia
Española, a fin de que formulara los
comentarios oportunos, una serie de glosarios
utilizados en las Naciones Unidas o en
sus Organismos especializados.
En junio de 1996 la A.F.I.E. remitió
un cuestionario a los Jefes de los Servicios
de Traducción al Español de
diversas Organizaciones Internacionales
para conocer la situación real de la utilización
de nuestro idioma en estas Organizaciones
y estudiar, entre otras posibilidades, la de organizar
una reunión de estos Jefes de los Servicios
de Traducción al Español para
discutir temas de interés común
e intercambiar información.
En Viena, además de la A.F.I.E.,
la "Confraternidad
Hispánica", que agrupa
a los funcionarios de habla española, no
sólo a los españoles, también
se preocupa del tema y desempeña un importantísimo
papel en esta tarea común de promoción
y defensa de la utilización de nuestro
idioma en los foros internacionales.
Creo
que aún puede hacerse algo más:
Toda la acción –he señalado
en diferentes ocasiones- debería ser diseñada
como una acción
colectiva de este grupo de países que tienen
el español como idioma propio y
expresión, por tanto, de la voluntad común,
producto de sus intereses coincidentes.
En cada uno de estos países
esta tarea debería individualizarse de
las actividades ordinarias de su Administración,
a través de una estructura mínima,
específicamente dedicada a la preparación
y acompañamiento de la acción -que
podría estar constituida por un Comisionado
para la promoción de la utilización
del idioma español en las Organizaciones
Internacionales, asistido por una Secretaría,
asimismo mínima- con la misión de
diseñar, impulsar, coordinar, acompañar
y seguir la acción de las distintas unidades
de la respectiva Administración
con competencia en la materia y establecer los
necesarios contactos con las Administraciones
y Autoridades de los demás países
hispanófonos.
El diseño de la acción debe también
concretar los caminos y medios de esta puesta
en práctica, para no quedar reducida su
expresión a meras declaraciones de intenciones,
sin concreciones reales.
Como se sugirió en la Asamblea General
Ordinaria de la A.F.I.E., en Ginebra,
el 8 de diciembre de 1995, la Cumbre
de Jefes de Estado y de Gobierno de los países
iberoamericanos puede ser, desde luego,
foro adecuado para debatir esta acción
conjunta y tratar de llegar al acuerdo de realizarla,
pero, antes, las instancias competentes de los
países hispanófonos debieran
haber ya estudiado el tema y determinado estos
caminos y medios, para poder, inmediatamente después
de producirse la declaración pública
de la Cumbre, iniciar su puesta en práctica.
Sería, por tanto, conveniente que el tema
fuera, previamente a la Cumbre, abordado
en una reunión de los Ministros de Asuntos
Exteriores de estos países.
Y, previamente, que sus Representantes Permanentes
en las Organizaciones Internacionales,
al menos en las más importantes y las más
relevantes y significativas, lo hubieran estudiado
y formulado diagnósticos de situación
y propuestas de acción individualizadas
en cada una de estas Organizaciones Internacionales,
a sus respectivos Ministerios y, siempre
que ello fuera posible, conjuntas a la reunión
de Ministros de Asuntos Exteriores para
su eventual elevación a la Cumbre.
Si la declaración de la Cumbre
tendría, necesariamente, que ser de carácter
general, las propuestas de acción en cada
Organización Internacional deberían,
para ser eficaces y eficientes, ajustarse a las
características de la respectiva Organización
De esta preparación deberían salir
también instrucciones que, después,
habría que ir ajustando a la cambiante
realidad, no sólo para los Representantes
Permanentes, sino también para las
Delegaciones colectivas o delegados individuales,
que asistan a las reuniones de cada uno de estas
Organizaciones Internacionales.
Y el seguimiento de la evolución de toda
la acción y sus resultados.
Instrucciones, evaluación y seguimiento
que deberían ser, no sólo de cada
uno de los países hispanófonos,
sino también de su conjunto institucionalizado
en los diferentes niveles: Representaciones
Permanentes ante las Organizaciones Internacionales,
Delegaciones o delegados para reuniones concretas,
Instituciones públicas o, incluso, en la
medida de lo posible, privadas, Autoridades competentes,
Ministerios de Asuntos Exteriores y Cumbre de
Jefes de Estado y Gobierno.
En los más de 57 años transcurridos
desde la firma de la Carta de las Naciones
Unidas, nuestro idioma
ha tenido ocasión de probar su aptitud
para desempeñar el papel de idioma oficial
y de trabajo en Organizaciones Internacionales
y dejar constancia de que su elección no
había sido el resultado de una mera coyuntura
favorable a los países que lo utilizaban
como propio.
Pero la conservación de este papel, en
la normativa y, sobre todo en la práctica,
depende, en gran parte,
del esfuerzo que los hispanófonos
hagamos para obtenerla.
Esfuerzo, que no tiene un objetivo puramente
de vanidad narcisista, sino que, como antes he
recordado, debe tener muy en cuenta las implicaciones
que, para el futuro desarrollo de los países
que compartimos el idioma español
como propio, tendría la sustitución
del actual régimen de multilingüismo
limitado por otro de monolingüismo
en inglés, como algunos pretenden.
Y las aducidas por el actual Embajador de
España en Londres, Marqués de Tamarón,
sobre la "industria de la enseñanza
del inglés como lengua extranjera"
en su ponencia "El español, ¿lengua
internacional o lingua franca?", presentada
en el Congreso de la Lengua Española,
celebrado en Sevilla, del 7 al 10 de octubre
de 1992.
Creo, muy sinceramente, que merece la pena.
Muchísimas gracias por su paciente atención.
Estoy a su más completa disposición,
si, ahora, desean ustedes precisar, ampliar, matizar,
corregir o complementar lo que yo he osado afirmar.
O quieren que yo trate de precisarlo, ampliarlo,
matizarlo, corregirlo o complementarlo.
Lo intentaría, si lo creen conveniente.

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