Cuando a mediados del año 2000, la Unión
Latina preparaba la realización de este
encuentro, no se esperaba que algunos felices
sucesos facilitasen la comprensión de los
objetivos del mismo. En efecto, desde 1984, la
Unión Latina se inquieta por la lenta degradación
que sufren las lenguas latinas en beneficio de
una lengua dominante en el ámbito de la
comunicación especializada.
En aquel entonces, dicho tema no representaba
un gran interés para las autoridades tanto
intelectuales como políticas de la mayoría
de los países latinos, con la excepción
notable de la francofonía.
Pero desde hace algunos años, vemos un
“despertar” que se traduce en acciones
políticas, muchas veces un tanto aisladas
y otras de común acuerdo, para manifestar
la disconformidad con una sociedad mundial en
la que el monolingüismo se impone de forma
acelerada.
Quizás el fenómeno que lleva una
apelación reciente, pero que no describe
en absoluto una realidad tan nueva, es la mal
llamada “globalización” (mundialización
hubiese sido una mejor traducción del término
inglés que la inspiró), que permitió
percibir de forma más palpable los efectos
nefastos del retroceso notorio de los idiomas
neolatinos en la comunicación internacional.
Entre los felices sucesos que alimentaron la
idea de realizar este Congreso, podemos mencionar
varios espacios lingüísticos (la francofonía,
la lusofonía, la hispanofonía, pero
también los alemanes, los neerlandeses,
etc.), que manifestaban un cierto descontento
con la nueva situación lingüística.
En el contexto de las cumbres iberoamericanas,
francófonas y lusófonas, así
como en otros espacios, las instituciones que
las acompañan han declarado sus intenciones
de lograr un mayor respeto de la diversidad cultural
y lingüística a escala mundial. Es
así como nace igualmente la iniciativa
“Tres espacios lingüísticos
ante la globalización”, la cual reúne
cinco organizaciones intergubernamentales para
desarrollar acciones en pro de una mayor presencia
de las lenguas española, francesa y portuguesa.
Al mismo tiempo, tanto los países hispanohablantes
como los francófonos han expresado su descontento
ante las Naciones Unidas por la presencia desigual
de las lenguas oficiales frente a la preponderancia
de la lengua inglesa. En la Unión Europea
también se presentan debates permanentes
con respecto a las lenguas oficiales y a la falta
de equidad entre las mismas. Dichos debates son
cada vez más intensos ante la inminente
adhesión de los nuevos Estados y las implicaciones
desde el punto de vista lingüístico.
Incluso, en el Foro Social de Puerto Alegre se
dictan manifiestos por un respeto de la diversidad
lingüística, lo que significa que
la sociedad civil está consciente de los
desafíos culturales que la globalización
implica.
Muy recientemente, la Provincia del Quebec tomó
una inicitativa notable de invitar a representantes
de las cuatro lenguas oficiales de todo el continente
americano con el objetivo de preparar una estrategia
armonizada para lograr una equidad entre el español,
el francés, el inglés y el portugués
en el Acuerdo de Área de libre comercio
de las Américas.
Todos estas decisiones recientes suscitan aún
más el interés por este Congreso,
puesto que de él se espera un diagnóstico
sobre el comportamiento actual y real de nuestras
lenguas en los principales sectores de la comunicación
especializada; una especie de “observatorio
puntual”, un preludio de lo que significará
una de las acciones de la ya mencionada iniciativa
“Tres espacios lingüísticos”.
Este observatorio puntual debería permitirnos
establecer algunas recomendaciones, por ahora
exclusivamente científicas, con miras a
la realización, en el año 2004,
de un foro con implicaciones más políticas.
Los organizadores del presente encuentro desean
que dicho foro pueda reunir a los responsables
de los principales países de habla neolatina,
de manera que, en común acuerdo, se tomen
iniciativas en pro de una mayor y mejor utilización
de nuestras lenguas en los ámbitos en los
cuales la comunicación técnica,
científica, administrativa y profesional
se haga presente.
Deseamos agradecer muy especialmente al Colegio
de México, muy particularmente al profesor
Luis Fernando Lara, quien ha hecho eco de esta
iniciativa de la Unión Latina, sin cuyo
apoyo este evento no hubiese podido realizase.
Agradecemos igualmente a la Agencia Internacional
de la Francofonía por su contribución
tanto material como técnica y moral, muestra
de su convencimiento y militancia por un mundo
justo y respetuoso de la diversidad cultural,
muestra igualmente de su convicción de
que las áreas lingüísticas
no pueden trabajar aisladamente, y de que los
problemas comunes deben tener soluciones comunes.
Finalmente, no podemos dejar de agradecer al
Gobierno de la provincia de Quebec y al Instituto
Camões de Portugal, así como a todos
los presentes, por la asistencia entusiasta, signo
igualmente de una forjada creencia de que es el
momento de actuar en favor de una acción
mancomunada en pro de las lenguas neolatinas.
Muchas gracias a todos.

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