ACTAS - Congreso internacional sobre lenguas neolatinas en la comunicación especializada
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Anexo
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Congreso internacional sobre lenguas neolatinas
en la comunicación especializada

El Colegio de México, México
28 - 29 de noviembre de 2002
 

PALABRAS DE APERTURA A CARGO DE PERSONALIDADES POLÍTICAS Y CULTURALES

Allocution de Pierre Baillargeon - Délégué général de Québec au Mexique

Allocution de Jean-Jacques Beucler - Agrégé de l'Université (Paris IV Sorbonne), Délégué Général de l'Alliance Française de Paris au Mexique

Palabras de Jaime Nualart - Coordinador de Asuntos Internacionales - Consejo Nacional para la Cultura y las Artes - México

Palabras de Daniel Prado – Director - Dirección Terminología e Industrias de la Lengua - Unión Latina

PONENCIA INTRODUCTORIA GLOBAL

Español, francés, portugués: ¿equipamiento o merma? - Carlos Leáñez Aristimuño - Unión Latina

LAS LENGUAS NEOLATINAS EN LOS ORGANISMOS INTERNACIONALES Y LAS CONFERENCIAS INTERNACIONALES

Presencia del idioma español en los organismos y en las conferencias internacionales - Eloy Ybáñez Bueno - Embajador de España

LAS LENGUAS NEOLATINAS EN LAS PUBLICACIONES CIENTÍFICO-TÉCNICAS

El español como lengua de las ciencias frente a la globalización del inglés. Diagnóstico y propuestas de acción para una política iberoamericana del lenguaje en las ciencias - Rainer Enrique Hamel - Universidad Autónoma Metropolitana - Departamento de Antropología

Le français dans la communication scientifique et technique - Louis Jean Rousseau - Agence Intergouvernementale de la Francophonie

A língua portuguesa nas publicações científicas: o caso brasileiro - Lígia Café - Instituto Brasileiro de Informação em Ciência e Tecnologia – IBICT

LAS LENGUAS NEOLATINAS EN INTERNET

La expansión del español en Internet - Francisco Gómez Aladillo - Asociación Hispanoamericana de Centros de Investigación y Empresas de Telecomunicaciones – AHCIET- España

Presencia de las lenguas neolatinas en la internet - Daniel Pimienta - Fundación Redes y Desarrollo - FUNREDES

LAS LENGUAS NEOLATINAS EN LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN ESPECIALIZADOS

La lengua española en el espacio internacional - Raúl Ávila - El Colegio de México

Espaço de enunciação latino-americano numa sociedade em rede - Eduardo Guimarães - Unicamp - Brasil

 

El español como lengua de las ciencas
frente a la globalización del inglés.
Diagnóstico y propuestas de acción
para una política iberoamericana
del lenguaje en las ciencias

Rainer Enrique Hamel

Universidad Autónoma Metropolitana
Departamento de Antropología

 

Versión ampliada de la conferencia presentada en el
Congreso internacional sobre las lenguas neolatinas en la comunicación especializada
Unión Latina y El Colegio de México
México, D. F., 28-29 de noviembre de 2002

ÍNDICE
 

1. Introducción: Globalización, lenguas y ciencia

2. La globalización del inglés y el uso de las lenguas en las ciencias

3. La diversidad de lenguas y pensamiento como motor de las ciencias

3.1 Monolingüismo y plurilingüismo en el campo de las ciencias: ¿Antes o después de Babel?

3.2 Relaciones científicas entre los EE.UU. y América Latina

3.3 El creciente monolingüismo de la academia anglo-sajona

4. La creciente asimetría en el acceso y la distribución de la producción científica de los países no anglófonos

4.1 El libre mercado y las ciencias

4.2 El campo científico y el uso diferenciado de las lenguas

5. El español en el campo de las ciencias: propuestas para una política del lenguaje

5.1 Resumen: el estado actual de las lenguas en las ciencias

5.2 Hacia un modelo plurilingüe e intercultural para la producción y circulación de la investigación científica

5.3 Distinciones para una política lingüístico-científica

5.4 El fortalecimiento de la lengua propia en la producción y las publicaciones científicas

5.5 El fortalecimiento del intercambio científico en otras lenguas: enseñanza, redacción y traducción

5.6 La enseñanza del inglés y de otras lenguas extranjeras

5.7 La traducción científica al español

5.8 La traducción de la investigación propia para el mercado internacional

5.9 Los Tres Espacios Lingüísticos: español, francés, portugués

6 Bibliografía


3. La diversidad de lenguas y pensamiento como motor de las ciencias

3.1 Monolingïsmo y plurilingüismo en el campo de las ciencias: ¿Antes o después de Babel?

 

Tenemos buenas razones epistemológicas para pensar que la reducción de la actividad científica de un conjunto diferenciado de lenguas a una sola afecta el desarrollo mismo de la ciencia y lo afectará aún más en el futuro. Resulta probable que se restrinjan los modelos, las propuestas y soluciones para ciertos problemas. Si partimos del principio ecológico que la diversidad de enfoques constituye uno de los motores de la producción y del avance de las ciencias, cabe pensar que la reducción de la producción científica a una sola lengua, especialmente en las ciencias sociales y humanas, podría tener consecuencias muy negativas, aún no previsibles en su totalidad, en cuanto a la riqueza, originalidad y el avance de la ciencia.

Esta tesis es sin duda controvertida, ya que se basa en el supuesto de que la selección de la lengua para el trabajo científico influye en la orientación que toma la investigación misma, lo que nos remite al viejo debate sobre universalidad y particularidad del conocimiento, del pensamiento y de las lenguas. El campo científico se ha postulado desde su inicio como universal, independiente de circunstancias culturales y lingüísticas particulares. Supone que los “descubrimientos”, es decir, las construcciones científicas del conocimiento, tienen validez universal y se pueden expresar en cualquier lengua sin afectar el contenido.

Las creencias sobre la relación entre universalidad y particularidad en las ciencias y su relación con lenguas y culturas particulares puede expresarse en varias modalidades. Veamos algunos ejemplos.

Alrededor de 1900, como habíamos visto, los físicos y químicos, filósofos y literatos europeos y estadounidenses sostenían un intenso intercambio con sus colegas en otros países y viajaban a congresos y conferencias; normalmente cada quien hablaba y escribía en su propia lengua y entendía las demás – siempre y cuando se trataba del alemán, francés o inglés.

Setenta años después este principio se conservaba por lo menos en ciertas ciencias sociales y humanas. Cuando alrededor de 1970 tuve la oportunidad de estudiar lingüística y literatura en diversas universidades alemanas, se consideraba absolutamente inadmisible leer cualquier obra literaria o científica en una versión traducida. No sólo estudiábamos a Dante y Calvino en italiano, Cervantes y Borges en español, Camões y Amado en portugués, Corneille y Camus en francés, Goethe y Grass en alemán, el Beowulf en Old English y Shakespeare en inglés medieval-moderno – también los libros y artículos científicos, viejos o de última aparición, los leíamos en su versión original y los citábamos sin traducción en nuestros trabajos.

Estas prácticas plurilingües se sustentaban, creo, en un supuesto fundamental que combinaba de manera exitosa la perspectiva universal con la particular: todas las lenguas [11] son iguales pero diferentes. Son iguales, por lo tanto, la ciencia, que es una sola, puede expresarse en cualquiera de ellas. Todas las exposiciones y publicaciones científicas tenían validez equivalente en cualquier lengua, y se le castigaba con el desprestigio de ser ignorante o, peor, plagiador, al científico que hubiera desconocido alguna aportación importante en cualquier otra lengua. Pero al mismo tiempo las lenguas eran diferentes y la obra – literaria o científica – transmitía en su versión original algo de su cultura, denotaciones y connotaciones irreductibles, en última instancia, a una traducción. Se reconocía, implícitamente, la imposibilidad última de separar forma y contenido.

En los tiempos de la globalización pareciera que estos principios se han roto [12]. Con una inversión un tanto perversa de una parte del supuesto original y una negación de otra, se justifica la exclusividad del monolingüismo científico en inglés: Como todas las lenguas son iguales y el principio de universalidad permite separar la forma del contenido, se puede expresar todo lo científico de una vez en la lengua universal de las ciencias, el inglés.

Pero el proceso no para ahí. La creciente hegemonía de una sola lengua debilita el principio formal de igualdad entre las lenguas, atribuyéndole cualidades intrínsecas de superioridad estructural al inglés (gramática fácil [13], mayor flexibilidad para neologismos) a través de un proceso ideológico harto conocido en la sociolingüística (cf. Phillipson 2001a). Incluso en la francofonía, el inglés ha transitado de un reconocimiento utilitario y práctico a un verdadero mito acerca de sus bondades en múltiples campos. Durand (2001:14-15), ingeniero francés de informática quien trabajó durante 23 años en los EE.UU., Japón y Canadá, relaciona varios casos que ilustran ese procedimiento de inferencia ideológica, dentro y fuera de las ciencias. En un primer ejemplo relata como un grupo de alumnos nativos en un departamento francés de ultramar en el Caribe se coloca armazones de lentes vacíos en sus narices cuando entran a clase para aparecer más intelectuales. En un segundo caso, un hombre de negocios francés conversa con sus contrapartes en Costa de Marfil en francés. Pero cuando llegan al momento del “serious business”, pasa súbitamente al inglés, ya que considera que es la lengua de los negocios. En Francia, en un tercer caso, el presidente francés de un congreso de microscopía electrónica franco-ibérico, donde todos los participantes hablan por lo menos dos de las tres lenguas nativas presentes, el español, francés y portugués, “prohíbe” el uso de cualquier lengua que no sea el inglés, puesto que en un congreso verdaderamente científico tiene que usarse la lengua científica internacional [14]. Como en el caso de los alumnos con sus lentes vacíos, en el congreso vale más la apariencia, el prestigio de la lengua legitimada, que la eficiencia de la comunicación entre los investigadores que se desarrollaría mucho mejor a través del principio de la intercomprensión entre tres lenguas neolatinas bastante transparentes.

Durand nos demuestra con ejemplos convincentes que la supuesta superioridad intrínseca del inglés carece de fundamento. En esta conclusión coinciden muchos analistas (cf. Phillipson 2001a). Los acrónimos creados en la informática en inglés y ciertos términos como “middleware” o “data mining” permanecen incomprensibles y bastante difíciles de memorizar, incluso para los mismos ingenieros anglófonos. Las lenguas neolatinas, en cambio, que conservan el potencial de una mayor continuidad, transparencia y naturalidad en la creación de terminología con base latina, ofrecen condiciones mucho mejores para la creación terminológica.

La supuesta supremacía del inglés carece entonces de toda base objetiva, pero opera como un constructo ideológico muy poderoso en nuestros países. Más allá de una serie de casos específicos que, sin embargo, reflejan quizás mejor que las estadísticas los dilemas actuales en el uso de las lenguas, debemos plantearnos la pregunta hasta qué punto el paso definitivo de una comunicación multilingüe, aunque con hegemonía del inglés, a un monolingüismo total afecta el desarrollo mismo de las ciencias.

Todos conocemos, particularmente en las ciencias sociales y humanas, los fenómenos de estructuración culturalmente diferenciada de los textos que a veces nos fascinan, otras veces nos perturban por su diversidad conceptual y discursiva. Las distintas culturas, sistemas discursivos y lenguas ofrecen caminos diferenciados, soluciones diversas para construir lo particular y (re)elaborar lo universal. Es aquí donde el postulado de la diversidad adquiere relevancia. Hay quienes afirman que sin diversidad no hay desarrollo ni futuro, que es necesario conservarla y al mismo tiempo impulsar la evolución de las lenguas como fuente permanente del desarrollo de la riqueza humana.

Es conocida la hipótesis del relativismo cultural de Sapir y Whorf, de la primera mitad del siglo XX, que postula la determinación de nuestra visión del mundo por la gramática de la lengua que hablamos. En su versión radical sostiene que no es posible traducir de una lengua a otra. Si bien esta hipótesis fue criticada y refutada desde distintas posiciones en su versión fuerte, no cabe duda que existe una relación entre determinadas estructuraciones del lenguaje, en su sentido más amplio, y los procesos de adquisición y desarrollo cognitivo.

En años recientes algunas investigaciones sobre lenguas y sociedades no occidentales retomaron ciertos postulados del relativismo cultural en un nuevo marco conceptual que incluye las categorías de discurso y de gramaticalización (e. g. los trabajos en Gumperz y Levinson 1996). Los estudios muestran de un modo muy convincente de qué manera distintos pueblos desarrollan y sistematizan sus conocimientos deícticos [15], pero también científicos y técnicos, de una manera radicalmente diferente a la occidental [16], estrechamente ligados a la estructura gramatical y discursiva de sus lenguas, como expresión de su mundo socio-cultural.

Estos ejemplos nos enseñan que no podemos postular una total independencia entre las ciencias y las lenguas empleadas en su desarrollo. La metáfora de la lengua como instrumento neutro nos engaña, por lo menos parcialmente. Dominamos una o a veces varias lenguas, pero las lenguas también nos dominan a nosotros, como lo ha demostrado tan magistralmente – y de un modo inimitable en inglés - la tradición francesa del análisis del discurso aislado (Pêcheux, Foucault, Robin, Achard, Gilhaumou, Maingeneau y otros) que ilumina el carácter ideológico de las construcciones, incluso gramaticales, en los discursos que se escapa al individuo.

El principio de universalidad tiene sin duda su validez, pero en su concreción en la actividad científica no puede despojarse totalmente de los componentes particulares de cada lengua; encuentra sus límites en lo que llamaría una posición relativista media. Si bien para todas las ciencias se puede postular una relación entre la lengua empleada, sus estructuras discursivas y los modelos de hacer ciencia, existe la posibilidad de trascender la particularidad; además, esta conexión varía considerablemente entre las ciencias naturales, por un lado, y las sociales y humanas, por el otro, como veremos más adelante.

Durand (2001) nos advierte que la especiación [17] del pensamiento científico como base para el surgimiento de ideas originales se ve hoy en día seriamente amenazada por la expansión del inglés hacia cada vez más ámbitos del quehacer científico. ¿Hasta qué punto los científicos, que dominan muchas veces un inglés rudimentario, se ven afectados en la creación de sistemas complejos de pensamiento si no tienen los “espacios mentales”, la terminología, los interlocutores, la libertad y el ocio para pensar, discutir y redactar en sus propias lenguas? ¿Cuál hubiera sido el destino de la elaboración teórica de un Foucault, Bourdieu o Habermas, tres autores tan eminentemente universales justamente porque son tan específicamente nacionales debido al arraigo en sus tradiciones, si se les hubiese obligado a redactar, por ende pensar, y publicar desde un inicio en inglés? [18]

Estas reflexiones no pretenden negar, por supuesto, la posibilidad y la utilidad de existir como científico y como comunidad académica en espacios bi- y plurilingües. Hay que preguntarse, sin embargo, ¿cuáles son los espacios y procesos de y en cada lengua, dónde se construyen puentes, en qué esferas se producen conflictos e incompatibilidades? ¿Por dónde pasan las líneas del conflicto, se producen los desplazamientos, las imposiciones y el achicamiento de las lenguas subalternas?

La relación entre el inglés y las demás lenguas presentes en el campo científico constituye un ejemplo específico, pero no atípico, de un conflicto lingüístico, visto desde una perspectiva sociolingüística. De un modo similar al de las lenguas nacionales que van desplazando a las lenguas minoritarias (indígenas, inmigrantes), el inglés penetra a nivel internacional un número cada vez mayor de espacios, entre ellos el académico-científico, del cual las ponencias en los congresos y las publicaciones en revistas especializadas constituyen un sub-campo. Al igual que en todo conflicto lingüístico, la relación asimétrica entre lenguas, que se relaciona estrechamente con la base económico-política y el prestigio de cada una de ellas, puede desencadenar procesos de minorización [19] y desplazamiento, sobre todo si una determinada comunidad de lengua subordinada desarrolla una reorientación colectiva hacia los valores, las prácticas y las connotaciones de prestigio de la lengua hegemónica.

Exactamente éste es el proceso que observamos en el campo de las ciencias. Aquellos investigadores y políticos que ya abandonaron el español como lengua científica o impulsan su abandono a través de múltiples mecanismos (la mayor premiación de publicaciones en inglés que en la lengua propia, el cambio de políticas de publicación en órganos y revistas, etc.), cavan su propia tumba porque destruyen las bases mismas de su producción científica y cultural.

En la discusión anterior sobre el uso de las lenguas, la creatividad y la producción científica, nos hemos percatado que no podemos limitar nuestro análisis a las lenguas a su materialidad gramatical y léxica en tanto sistemas lingüísticos. Distintos pueblos, estados nacionales y corrientes de pensamiento han desarrollado sus propias tradiciones científicas con sus sistemas discursivos específicos y modelos culturales de hacer investigación. Para analizar con mayor precisión la interacción y los desplazamientos entre lenguas en el campo científico, nos puede servir un marco conceptual de diferenciación analítica entre componentes que ha demostrado su utilidad en otros campos de relación asimétrica entre lenguas (cuadro 10).

El nivel de las estructuras lingüísticas [20] abarca sobre todo los diferentes registros (lengua especializada o común) y su base material (léxico, sintaxis, morfología, escritura). Las estructuras discursivas nos remiten a las formas de estructurar un libro o un artículo que difieren significativamente entre distintas tradiciones académicas y lenguas nacionales [21]. Los modelos culturales finalmente se refieren a entidades más globales que estructuran el conjunto de los procesos de investigación y su organización institucional al interior de las culturas académicas específicas y sus tradiciones. Como sabemos, nuestras instituciones académicas no son de ninguna manera tan universales, en el sentido de iguales u homogéneas, como podría deducirse de su nombre universidad.

Cuadro 10

ESTRUCTURAS LINGÜÍSTICAS
terminología, gramática, vocabulario general, escritura base material de los lenguajes especializados o tecnolectos

ESTRUCTURAS DISCURSIVAS
organización de textos científicos (macro-estructura) tipos lícitos y apropiados de descripción, argumentación, narrativa, linearidad, digresión, contextualización (“hedging”)

MODELOS CULTURALES
procedimientos específicos de definición de temas elaboración de proyectos y procedimientos de investigación, de teorías, desarrollo de escuelas y corrientes, procedimientos institucionales de debate, comunicación

 

Cuando existen intensos contactos entre sistemas desiguales en tamaño, calidad y fuerza, pueden ocurrir conflictos y, eventualmente, desplazamientos de diversa índole. Entre los niveles de estructuración se producen típicamente diversas rupturas. A veces, como sucedió cuando la lingüística moderna fue desplazando a la filología en los países iberoamericanos, se introducen primero estructuras discursivas nuevas, que luego van acompañadas por nuevas terminologías y, finalmente, un conjunto de cambios que afectan los modos mismos de planear y desarrollar la investigación. Sin embargo, la introducción de teorías francesas y luego estadounidenses, es decir, el paso de una filología hispánica a una lingüística hispánica, no ha conducido, obviamente, al desplazamiento del español como lengua científica, salvo quizás en los últimos lustros en el caso de los seguidores de escuelas norteamericanas muy cerradas que prefieren publicar cada vez más en inglés.

En otros países y ciencias los cambios pueden ser mucho más radicales. Hace algún tiempo un lingüista, analista del discurso holandés muy célebre, me comentaba que desde hace muchos años ya no enseñaba en holandés, ya que sus cursos en Holanda los dictaba íntegramente en inglés, y los otros según el país en español, alemán, francés, portugués. Yo mismo tuve la experiencia, durante mi estancia de profesor visitante en un departamento de romanística (lenguas neolatinas) en Alemania mencionada en una nota anterior, que la rectoría de la universidad estableció como condición para mi contratación que dictara por lo menos una cátedra por semestre – ¡en inglés!, - para encono muy comprensible de mis colegas romanistas. No bastaba que ofreciera mis cursos en español, francés y alemán – la “internacionalización de la docencia”, como programa y eslogan para un público cada vez más internacional, exigía la docencia en la lengua del Tío Sam (perdón, de Shakespeare). Y acabé dictando una cátedra sobre “Language Globalization and Linguistic Diversity”, explicando en inglés por qué no me parecía apropiado dar esa “Vorlesung” en la lengua imperial.


3. 2 Relaciones científicas entre los EE.UU. y América Latina
  El contacto académico entre contrapartes desiguales, cuando no existen esfuerzos particulares para contrarrestar las asimetrías existentes, conduce no sólo a que se impongan los modelos, propuestas, soluciones y a veces la lengua de la potencia mayor; muy probablemente se empobrecerán los modelos mismos a lo largo del tiempo, cuando sus autores no están dispuestos a confrontar en serio y a enriquecer sus propuestas a través del contacto con modelos exigentes y diferenciados provenientes de los demás países.

Esta tendencia se revela, por ejemplo, en los estudios que se realizan sobre América Latina desde los Estados Unidos de América. Observamos un nuevo boom en los estudios latinoamericanos desde comienzo de los años 1990. Hoy en día hay más investigadores universitarios latinoamericanistas en los estados de California y Nueva York que en toda América Latina en su conjunto (García Canclini 1999), y las diferencias en las condiciones de trabajo académico son conocidas. A partir de modelos específicos desarrollados en EE.UU. se investigan temas latinoamericanos estrechamente delimitados, sin conocer muchas veces el contexto socio-histórico más relevante que condiciona los datos. Se imponen definiciones y delimitaciones de campos completos a partir de debates internos de los EE.UU. [22]. La asimetría entre los diferentes actores le asigna el papel de proveedores de materia prima a los productores latinoamericanos, pero rara vez los autores del Primer Mundo aceptan, reconocen e incorporan creativamente una posición teórica diferente a la propia que provenga de sus contrapartes latinoamericanas [23]. Como ya lo he dicho, esta tendencia es preocupante para el desarrollo de la ciencia misma.

Veamos algunos ejemplos. En un caso, una estudiante norteamericana de una universidad de prestigio escoge, junto con su asesora, un modelo sobre género y literatura para aplicarlo en una investigación empírica a una autora chilena. Realiza su trabajo de campo en Chile, sin conocer ni preocuparse mayormente por el resto de la literatura chilena, ni por las condiciones socio-históricas de producción de su autora, más allá de lo que exige su modelo. No sorprende que, como conclusión de su investigación, se compruebe la validez del modelo. Este trabajo, una vez aprobado como tesis de doctorado y posteriormente publicado como libro en una editorial estadounidense de prestigio, regresa a Chile y causa un impacto, debido a que viene de un lugar de renombre internacional y está escrito en un discurso científico del „mainstream“, altamente legitimado en el campo científico. Posiblemente se publica una traducción en español, lo que incrementa la influencia de esta obra, basada en un modelo científico cultural ajeno a la realidad chilena.

En un segundo caso una brillante alumna de doctorado en ciencias políticas escoge hacia 1990 el nuevo partido mexicano PRD (Partido de la Revolución Democrática) como tema de estudio. Debido al considerable prestigio de su universidad californiana y los buenos contactos de su director, consigue entrevistarse con los más altos políticos en México y tiene acceso a información privilegiada. Luego escribe su tesis en el marco teórico sobre la transición a la democracia que su director de tesis había desarrollado con base en una docena de ejemplos alrededor del mundo y que quería someter a prueba en el caso mexicano. No hay sorpresa, el marco teórico funciona. En conversaciones personales pude constatar que la joven investigadora ya tenía respuestas “perfectas” para casi todos los asuntos que todavía les causaban dolor de cabeza a los mejores expertos en México. Otra vez, la tesis se publica, la autora consigue una plaza universitaria en California y consolida su posición como especialista sobre México. El libro llega a México...

Sin duda se preguntarán algunos lectores por qué cito estos casos a modo de ejemplos de la difusión o imposición del inglés como lengua científica. Vemos aquí que una hegemonización del inglés no procede necesariamente de manera directa o inmediata, ya que las políticas lingüísticas más eficaces suelen producirse a espaldas de los afectados. En nuestros ejemplos se imponen primero los modelos como marcos teóricos, temas, modas académicas, lo que se ha llamado “recorte teórico” o en inglés “framing, shaping, modelling”. Junto con las estructuras discursivas correspondientes van preparando el terreno para que efectivamente suceda lo que mencionan muchos investigadores: una vez que la sociedad académica subalterna haya adoptado e internalizado los modelos y sus técnicas, la “superioridad” del inglés como lengua científica aparece como un hecho natural, no como un desplazamiento construido ideológicamente a través de un proceso de hegemonización [24].

En otros casos se impone primero el inglés como lengua, particularmente cuando los investigadores latinoamericanos traducen o mandan traducir sus trabajos al inglés de un modo literal, conservando el estilo, las estructuras discursivas y los modelos culturales de origen de una investigación hecha en su contexto histórico-social propio. Estos escritos constituyen híbridos que suelen enfrentarse a muchas dificultades para publicarse en revistas anglosajonas de prestigio, aunque su contenido sea de buena calidad. Normalmente los árbitros están tan condicionados a una estructuración discursiva anglosajona que califican negativamente todo “desviación” del estándar esperado (cf. Clyne 1984, 1987, Ammon 2003). En un segundo paso, la presión hacia la asimilación que crean los procesos de selección llevan a los autores a adoptar cada vez más los estilos discursivos y, en última instancia, los modelos culturales de investigación, acompañados por la bibliografía legítima de origen anglosajón, que resulta imprescindible citar para conseguir la publicación.

Y las “soluciones” son cada vez más similares para distintos países y problemáticas, lo que resulta preocupante. El día en que las ciencias sociales se desarrollen en una sola lengua, se habrán reducido significativamente las condiciones mismas de hacer ciencia, que implican la diversidad, la contradicción y el pluralismo de enfoques.


3.3 El creciente monolingüismo de la academia anglo-sajona
  Uno de los fenómenos que influye en la creciente difusión del inglés en las ciencias consiste en el hecho que el mundo académico anglosajón está abandonando cada vez más el modelo plurilingüe tradicional a favor de un monolingüismo agresivo, total y explícito, es decir, del monopolio del inglés en las ciencias, desde una posición de poder absoluto. Esta tendencia la respaldan tres hechos contundentes:

más del 50% de la producción científica proviene del primer círculo de los países anglófonos, especialmente de los EE.UU. [25];

el peso económico, político y militar que respalda esta producción es incomparablemente superior al que apoya cualquier otra lengua;

aumentó de manera espectacular la producción científica en inglés procedente del tercer círculo (es decir, de los países no anglófonos) que acepta y fomenta la hegemonía del inglés.

El proceso mencionado no constituye un fenómeno aislado; forma parte de un desplazamiento más general hacia el monolingüismo social en los países anglófonos del primer círculo. Me concentraré en el caso de los EE.UU., donde observamos una polarización etnolingüística creciente [26]. Como el número y el peso de la inmigración alóglota, en primer lugar hispana, ha aumentado en una magnitud sin precedentes durante los últimos veinte años, la mayoría blanca anglófona se siente amenazada en su hegemonía y reacciona drásticamente. Frente a una época de apertura plural entre los años 60 y 80 del siglo XX, los últimos dos decenios se caracterizan por un combate frontal contra el multilingüismo y la educación bilingüe en los EE.UU. (Crawford 2000, Hamel 1999, del Valle 2003). A todas luces la clase política quiere evitar que el español, con más de 30 millones de hablantes según el censo de 2000, se estabilice como lengua permanente y definitiva en la Unión Americana. La clase política no quiere una situación canadiense, no quiere permitir que California se transforme en un Quebec. Su estrategia se centra por razones estratégicas bien definidas en el combate del español en los ámbitos de prestigio, sobre todo en la educación, la academia y en otras instituciones públicas, reforzando una política monolingüe de Estado [27].

El combate al multilingüismo y la reducción del interés por aprender lenguas extranjeras, que en los EE.UU. de por si nunca fue muy elevado, se han acentuado en los últimos años. El 65 % de los conocimientos de lenguas extranjeras proviene de las llamadas “lenguas de herencia”, es decir, del conocimiento que tienen los inmigrantes y sus descendientes de sus lenguas ancestrales; sólo un tercio se debe a un aprendizaje nuevo. Todos los analistas coinciden que las lenguas extranjeras se estudian como un requisito formal, y la gran mayoría de los estudiantes abandona los estudios durante los cursos básicos. Los EE.UU. son el único país de la OCDE sin enseñanza obligatoria de por lo menos una lengua extranjera en toda la educación pública, aunque varios 30 estados adoptaron algún requisito y la mayoría de las escuelas ofrece cursos optativos en lenguas extranjeras. Es decir, el estado se desentiende de cualquier compromiso obligatorio en la enseñanza de otras lenguas. La inscripción en cursos de lengua extranjera en el nivel universitario se redujo del 16.1 % en 1960 a 7.6 % en 1995. La única lengua que ganó espacios en términos relativos fue el español que subió del 32.4 % en 1968 a 53.2 % en 1995 del total de inscripciones - que a su vez cayó a menos de la mitad [28].

La disminución en el aprendizaje de las principales lenguas de la ciencia se inicia paulatinamente en los EE.UU.. Durante el siglo XIX y hasta aproximadamente 1920, existía un gran entusiasmo por las lenguas y culturas europeas entre las élites universitarias; los elogios del alemán y del francés en la academia estadounidense eran unánimes y, según Ammon (1991, 1998), a veces exagerados. Pero el declive de estas lenguas en el campo científico llevó a que las universidades norteamericanas replantearan sus políticas. Durante la primera mitad del siglo XX el aprendizaje del alemán era obligatorio o por lo menos altamente recomendado en la mayoría de las universidades para el estudio de las ciencias naturales a nivel de posgrado. Un análisis riguroso del uso de las bibliografías en otras lenguas, sin embargo, llevó a que se abandonara este requisito poco a poco [29]. Como consecuencia, las universidades cancelaron sus suscripciones de revistas científicas en lenguas extranjeras, lo que llevó a varias revistas europeas a la ruina, o a una rápida transición al inglés como lengua de publicación. En 1989 las tres publicaciones (Annales de l’Institut) del famoso Instituto Pasteur en París pasan al inglés, el renombrado Archiv für Kreislaufforschung alemán se transforma en Basic Research in Cardiology, la Monatszeitschrift für Psychiatrie und Neurologie transita por el latín (Psychiatria et Neurologia) hacia el inglés (European Neurology) y las más tradicionales y renombradas obras de referencia alemanas Chemisches Zentralblatt (desde 1833) y Physikalische Berichte (desde 1845) fueron absorbidas por publicaciones US-americanas en la misma época (Ammon 1998, 2002).

Dadas las cifras ínfimas de publicaciones en español, no sorprende que el gran interés por el castellano en los EE.UU. se deba a múltiples razones incluyendo viajes de académicos a países de habla hispana, pero rara vez a la voluntad o necesidad de lecturas científicas en esa lengua. El imaginario generalizado le asigna varias y vigorosas propiedades y funciones al español, pero éstas no contemplan el campo científico. Podemos encontrar un gran número de libros y artículos escritos en inglés sobre el bilingüismo y la diversidad cultural - mayoritariamente anglo-hispana - que no citan ni un solo texto en otra lengua que no sea el inglés. Con honrosas excepciones, la mayoría de los académicos chicanos que hace del bilingüismo su business, prácticamente no lee ni cita publicaciones científicas en español. La presión de un sistema académico en el cual han conquistado su espacio individual con muchas dificultades, los induce a adoptar el modelo dominante, aunque en su acción política aboguen por el bilingüismo, la diversidad y los derechos de la población hispana que representan. Reproducen así la diglosia imperante entre el inglés y el español en los EE.UU. que le asigna al castellano el lugar de la casa y del barrio y le reserva al inglés la función de la lengua científica [30].

En síntesis, la academia estadounidense se ha instalado en el monolingüismo científico, a veces militante, como forma normal de existencia. Existe, obviamente, una elite pequeña pero significativa de expertos en varios campos y para todas las áreas del mundo que exhibe una competencia muy elevada en las lenguas respectivas. Y hay unos pocos científicos no ligados a una región específica del mundo que sostienen la necesidad de un mutlilingüismo científico por razones de principio como el célebre Immanuel Wallerstein [31]. Pero en términos generales, la academia considera que todo lo que es relevante científicamente se tendrá que publicar en inglés, de otro modo no cuenta. A diferencia de tiempos anteriores, ya no se expone a la sospecha de plagio el autor anglosajón, que puede “comprobar” su monolingüismo, cuando reinventa la rueda que ya la habían descubierto otros pueblos. Y vaya que se reinventa la rueda en el mundo del monolingüismo anglosajón...

Como toda polarización crea sus propias contradicciones, percibimos también el surgimiento de una tendencia inversa en los últimos años [32]. El boom de estudios latinoamericanos, junto con la fuerte presencia del mundo latinoamericano en prácticamente todos los estados de la Unión americana, no sólo ha creado un gigantesco mercado para todo tipo de bienes latinos, desde el taco hasta la música salsa (cf. García Canclini 1999, 2002 y 2002 ed.); abrió también mayores espacios de intercambio académico con América Latina en diversas ciencias, en una perspectiva cada vez más crítica de las relaciones asimétricas existentes. La nueva relación incluye una revaloración del trabajo científico latinoamericano y con él del español y portugués como lenguas de las ciencias. Esta nueva práctica intercultural comienza a extenderse y podría expandir el enorme potencial del mercado lingüístico en español en los EE.UU. a los espacios universitarios y académicos, revirtiendo así, de una manera simbólica importante, las tendencias hacia el monolingüismo y monoculturalismo, particularmente en la ciencia. Apoyaría además la vigorización del español en un campo de prestigio y de relevancia estratégica para su desarrollo en los EE.UU..

              

Notas
 

[11] Otra vez, esta lógica valía para el pequeño puñado de lenguas europeas establecidas en las ciencias, el plurilingüimo restringido por el cual abogan muchos diplomáticos y políticos europeos.

[12] Afortunadamente no en todas partes. Durante el año lectivo 2001-2002 pude constatar, como profesor visitante en el departamento de romanística de Mannheim (Alemania), que las prácticas plurilingües no se han perdido, a pesar de la globalización. Muchos estudiantes exhibían un alto nivel de dominio en tres, cuatro o cinco idiomas y participaban junto con los docentes en una magnífica, jocosa y bien aliñada ensalada plurilingüe en la comunicación cotidiana.

[13] Las comparaciones generales entre lenguas son siempre riesgosas, aunque una buena parte de la filología se ha dedicado justamente a ese oficio (le français, langue abstraite, l’allemand, langue profonde). Podríamos admitir que la gramática del inglés es más simple que la de otras lenguas indo-europeas. La idiomática y también la ortografía, sin embargo, son bastante más difíciles.

[14] Que esta decisión viole leyes vigentes en Francia (Loi sur l’emploi de la langue française de 1992) subraya la ironía del caso.

[15] Se trata de relaciones lingüísticas de persona, tiempo y espacio como “yo-tú”, aquí –allá”, “antes-después” que existen en todas las lenguas pero con gramaticalizaciones muy diferentes.

[16] Consúltese como ejemplo la sistematización de los conocimientos técnico-físico del pueblo amazónico bora relatados por Gasché (ETSA 1996).

[17] La especiación como término biológico remite a la formación evolutiva de las especies que ocurre por la producción de barreras que impiden el intercambio genérico (aislamiento reproductivo) entre poblaciones genéticamente divergentes. También en la creación científica, un exceso de “comunicación” y una falta de espacios propios, necesariamente aislados por ciertas fases, puede reducir la riqueza y diversidad del desarrollo científico.

[18] El gran político europeo Charles de Gaulle expresó esta relación de la siguiente manera: “Dante, Goethe, Chateaubriand appartiennent à toute l’Europe dans la mésure où ils étaient éminemment italien, allemand, français. Ils n’auraient pas beaucoup servi l’Europe s’ils avaient été des apatrides et s’ils avaient pensé, écrit en quelque espéranto ou volapuk” (citado en Durand 2001: 113).

[19] El concepto de “minorización”, que tiene una vieja tradición en la sociolingüística europea (Lafont 1979, Lüdi & Py 1984, Hamel 1988), remite al proceso a través del cual una lengua – que bien puede pertenecer a una mayoría – es forzada poco a poco por los hablantes de una lengua dominante a adoptar el papel de lengua subalterna, al reducirse en su status y sus campos de uso (de escritura, ciencia, etc.) y finalmente su estructura misma (simplificación morfo-sintáctica, pérdida de vocabulario).

[20] Éstas constituyen el único nivel y objeto de análisis tanto de la lingüística como de la sociolingüística tradicionales.

[21] Clyne (1984; 1987) nos muestra que los textos científicos en inglés y alemán conocen una estructuración diferente que comprende varios aspectos: la linearidad, la digresión (“Exkurs”), la simetría, la organización global.

[22] Véanse las discusiones sobre Cultual Studies, Latin American Studies y su combinación, Cultural Latin American Studies, o sobre Latino y Latin America Studies, en el LASA-Forum de la “Latin American Studies Association (LASA)”, organismo que intenta moldear una visión hegemónica de América Latina desde los EE.UU. con la participación - a veces contestataria pero subalterna - de intelectuales latinoamericanos (ver la crítica en Mato 2000, en prensa). Al mismo tiempo, LASA constituye uno de los pocos foros estadounidenses donde el español circula como lengua legítima, prácticamente al mismo nivel que el inglés.

[23] He podido confirmar esta práctica con latinoamericanistas alemanes, franceses, británicos y estadounidenses. En sus lecturas de libros latinoamericanos se saltan los capítulos del “marco teórico” de cuya extensión muchas veces se burlan, y van directamente a los datos. A la misma conclusión llega el antropólogo venezolano Daniel Mato, un crítico agudo de las relaciones científicas entre EE.UU. y América Latina, cuando afirma (en prensa): “He examinado la utilización que hacen antropólogos y otros estudiosos de EE.UU. que se especializan en América Latina de la bibliografía que se produce en América Latina y que se publica en castellano y portugués. Al respecto he observado que salvo honrosas excepciones en la mayoría de los casos esta bibliografía es tomada como proveedora de información, es decir como discursos de "informantes", pero que muy pocas veces esta producción es considerada por sus aportes teóricos, es decir como discursos de colegas.” Le agradezco a Daniel Mato el envío de sus textos. Otro caso un poco diferente apunta en la misma dirección: varios académicos en los EE.UU., al mencionar el gran prestigio del que goza en su país Néstor García Canclini, antropólogo argentino-mexicano, me contestaron “… because he represents European theory.” También aquí se trata de no reconocer un aporte latinoamericano como original y propio, sino de redefinirlo como tributario del único centro de prestigio científico que la academia US-americana reconoce fuera de sus confines: Europa.

[24] No desarrollaré el camino de dependencia que se crea a través de los miles de becarios latinoamericanos que estudian en los EE.UU. o en Europa. Cuando regresan, muchos viven en la nostalgia del primer mundo y crean escuelas en torno a las enseñanzas de sus grandes maestros... o se vuelven políticos, presidentes y secretarios de estado quienes, como decía el intelectual mexicano Monsiváis, hablan en español, pero con sintaxis del inglés.

[25] Según el Informe General del Estado de la Ciencias y Tecnología 2002 del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT) mexicano, en 2001 cuatro países concentraban el 59% de la producción mundial medida en artículos; a EE.UU. le correspondía el 32.1%, a Japón el 9.61%, a Gran Bretaña el 9.24% y a Alemania el 8.9%. México participó con el 0.67%, Argentina el 0.58% y Chile el 0.27%.

[26] Un análisis más amplio de la orientación militante hacia el monolingüismo (English only) y la subordinación de las lenguas de los inmigrantes se encuentra en Macías, Valdés y Zentella, todos (1995) y (1997).

[27] Esta oposición al multilingüismo forma parte de una característica más general de etnocentrismo que resulta difícil entender desde América Latina o Europa. Nos sorprenderá el dato que en 2002, el 66% de los diputados y senadores del Congreso de la Unión Americana, es decir, los legisladores que le dieron con abrumadora mayoría luz verde al presidente Bush para su invasión de Iraq, no tenían ni nunca tuvieron pasaporte; en otras palabras, nunca habían viajado al extranjero y no tenía la intención de hacerlo (el total de cobertura de pasaportes es del 15% en los EE.UU.; datos recabados personalmente en el Tercer Foro Social Mundial en Porto Alegre, enero de 2003).

[28] Los datos sobre el aprendizaje de lenguas extranjeras en EE.UU. son contradictorias. Dorwick (2001) sostiene que cinco millones de alumnos de secundaria aprenden español, y García (2001) informa que más de 30 estados adpotaron cursos obligatorios de una lengua extranjera; otra estadística nos indica una reducción de estudiosos del español en términos absolutos de 600,000 en 1990 a 500,000 en 1995 en el nivel universitario; o sea, sólo el 0.21% de la población adulta universitaria aprende la lengua extranjera más importante del país. Por otro lado, los grandes perdedores son el francés y el alemán, mientras aumenta moderadamente el interés por las principales lenguas asiáticas. Los datos son de GEN 5, (1999), Ingold (2002), Colombi (2001), Blake (2001), Silva-Corvalán (2000) y Swender (2001).

[29] En esos años se produce una viva disputa en la academia estadounidense sobre las ventajas y desventajas del aprendizaje de lenguas extranjeras para las ciencias.

[30] En 1994 una muy renombrada profesora de una universidad estadounidense, experta en políticas del lenguaje, intentó colocar un artículo mío publicado en español en la lista de lecturas obligatorias para un curso de doctorado en lingüística (sic); pero fracasó en su intento en primera instancia. Sólo cuando encargó y pagó de su bolsillo una traducción al inglés el trabajo pudo calificar como lectura obligatoria. Contrasta dramáticamente este hecho escandaloso con los serios y diferenciados debates sobre el aprendizaje de lenguas extranjeras que se desarrollaban en la misma academia estadounidense 50 años antes.

[31] Wallerstein (1995: 6) sostiene como presidente de la Asociación Internacional de Sociología: “... Nos parecería anormal sugerir que los sociólogos marxistas y conservadores se expresen únicamente en un lenguaje liberal. Pero muchos no consideran anormal que sociólogos francoparlantes e hispanoparlantes se expresen en inglés. El plurilingüismo – es decir, el uso de más de un lenguaje fonético, no sólo en la lectura sino, lo que es más importante, en el uso público en congresos académicos – no es un problema técnico menor, sino un gran problema epistemológico del mundo académico.”

[32] Los contraejemplos son múltiples, pero no desdibujan la tendencia general. Hace poco me comentaba un experto en video digital y alto ejecutivo de una de las mayores empresas cinematográficas de Hollywood, en un bar del Sunset Boulevard, que los japoneses, contrario a lo que se cree comúnmente, seguían publicando primero en japonés los resultados de su investigación de punta sobre video digital y ellos, los US-americanos, tenían muchas dificultades para acceder rápidamente a los avances tecnológicos en un campo donde los japoneses continúan ejerciendo un liderazgo.

 




                    






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