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Congreso internacional sobre
lenguas neolatinas
en la comunicación especializada |
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El Colegio de México,
México
28 - 29 de noviembre de 2002 |
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Resumen |
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La lengua escrita, sobre todo a partir de la
imprenta, ha sido un instrumento fundamental para
la estandarización de las lenguas europeas.
Sin embargo, el analfabetismo ha sido una limitante
para la unidad lingüística. Por eso
se pensó que el español, al extenderse
por América, podría disgregarse
en diferentes idiomas. Frente a esto, durante
el primer tercio del siglo XX surgen los medios
orales de información masiva, como la radio
y la televisión, los cuales rebasan la
barrera del analfabetismo. Esos medios han contribuido
a la unidad de la lengua hablada gracias a su
alcance y penetración.
Los medios orales, como los escritos, requieren,
por sus propios intereses, una len-gua unificada
que pueda ser comprendida por la mayor parte de
sus audiencias. Por eso la promueven, aunque no
haya una conciencia clara al respecto. En la investigación
se exponen los resultados que se han obtenido
a partir de muestras aleatorias del español
que se escucha en programas de noticias que transmiten
los medios orales de difusión internacional.
A partir del corpus se plantean las posibilidades
de usos convergentes o divergentes de la lengua.
Para esto se analizan la pronunciación
y el léxico. En relación con la
pronunciación, se describen las normas
que se escuchan con más frecuencia en los
medios, y se plantean los usos divergentes.Las
voces se caracterizan, de acuerdo con su filiación,
como no marcadas o de uso general y marcadas o
ismos —americanismos, españolismos,
mexicanismos, extranjerismos, neologismos, etc.
Nuestros datos indican, entre otros aspectos,
que las voces marcadas son escasas y que las normas
de pronunciación tienen pocas variantes
en el habla profesional. Esto confirma el planteamiento
de que la radio y la televisión, al igual
que la imprenta, promueven la unidad de la lengua.
La convergencia lingüística se confirma,
además, en el ámbito de la Internet.
Todo esto facilita la ubicación del español
dentro de las lenguas que más se emplean
en el espacio mundial. |
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Introducción |
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Una amiga noruega que había aprendido
el español como cuarta o quinta lengua
me contó el primer viaje que había
hecho por los países hispánicos.
Empezó en Oslo, desde donde fue a Madrid
en tren, en un viaje que duró más
de 24 horas, sin considerar los tiempos de espera.
De Madrid tomó un avión a Buenos
Aires, luego voló a Santiago de Chile y
después a la ciudad de México. De
allí continuó su viaje aéreo
hacia Miami y terminó en Chicago. El itinerario,
por supuesto, es imaginable. Lo que sorprendió
a mi amiga, aunque ya tenía referencias
bibliográficas al respecto, fue que después
de más de 24 horas de vuelo efectivo continuaba
escuchando la misma lengua. Esto equivalía
aproximadamente a las mismas horas que viajó
en tren para ir de Oslo a Madrid, trayecto durante
el cual cruzaron por sus oídos los sonidos
y las palabras de nueve lenguas, más el
inglés. “Y seguían hablando
español”, me dijo, recordando su
viaje aéreo por el espacio hispánico.
Me comentó, sin embargo, que en algunos
países le resultaba difícil entender
lo que decían, sobre todo cuando la gente
tenía poca instrucción. En cambio,
me dijo, casi siempre comprendía lo que
escuchaba en español por televisión,
sobre todo cuando eran programas de noticias.
Salvo lo de las nueve lenguas que se escuchó
mi amiga de Noruega a España, todo lo demás
parece una obviedad para un hispanohablante. Aún
más obvio resulta el hecho de que en la
actualidad los medios masivos de comunicación,
especialmente la televisión, cubren el
inmenso territorio hispánico todos los
días con la lengua común cuyas palabras
y sonidos nos llegan desde el cielo como lluvia,
a través de los satélites.
La comunicación oral cara a cara —única
posible antes de la invención de la radio—
sólo posibilitaba la formación de
redes de hablantes que creaban dialectos o lenguas
nacionales. El único recurso —por
cierto, de gran importancia— era la lengua
escrita, que pudo difundirse gracias a la imprenta.
Sin embargo, para que los textos impresos tuvieran
un peso mayor en la estandarización de
las lenguas europeas, era necesario que hubiera
una población alfabetizada. Como sabemos,
el analfabetismo apenas empezó a abatirse
a partir del primer tercio del siglo XX.
Algunas de estas lenguas, como el español,
se extendieron por diferentes ámbitos del
planeta y, al hacerlo, corrieron el riesgo de
disgregarse en diferentes dialectos ininteligibles
entre sí. Esta preocupación fue
expresada en el siglo XIX por Andrés Bello.
El admirado filólogo americano —no
obstante su actitud innovadora en otros campos,
como la gramática y la ortografía—
no puede evitar la expresión de juicios
de valor en relación con la suerte del
español. Nuestra lengua, dice, podría
convertirse en
una multitud de dialectos irregulares, licenciosos,
bárbaros; embriones de idiomas futuros
que durante una larga elaboración reproducirían
en América lo que fue la Europa en el
tenebroso período de la corrupción
del latín [1].
Bello escribió esto a mediados del siglo
XIX, en 1847, y se entiende su preocupación.
Era la época de la independencia de los
países hispanoamericanos. Por esos años
había quienes proclamaban, además,
la independencia lingüística, como
el argentino Alberdi. Sin embargo, estas voces
pronto fueron acalladas por los que deseaban la
unidad de la lengua, considerada un legado inapreciable
de España [2]. Esa nueva
actitud promovía la convergencia de usos
bajo la condición de construir la lengua
entre todos, y no a partir de una sola norma,
como en la época colonial. La deseada convergencia
tuvo, desde el primer tercio del siglo XX, el
apoyo de la radio y, más adelante, desde
los años cincuenta del mismo siglo, de
la televisión. Si Bello hubiera imaginado
el alcance y la penetración de los medios
orales de información seguramente habría
pensado de otra manera. Sus planteamientos respondían
al aislamiento de los países hispánicos,
y al alto grado de analfabetismo que existía
de España a Argentina. Estos dos hechos,
sin duda, actuaban a favor de la diversificación
del español.
En la actualidad hay muchos factores que favorecen
la comunicación y, con ella, la unidad
de la lengua. Ahora tenemos no sólo vías
marítimas, sino también terrestres
y aéreas. Contamos con telégrafos
—que, por cierto, corren el peligro de desaparecer—,
teléfonos y faxes, y podemos escribir cartas
electrónicas que llegan instantáneamente
a todo el mundo. Además, se ha extendido
el sistema escolar, y el analfabetismo ha descendido
de manera significativa. |
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El español en el
espacio internacional |
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La radio, que en sus orígenes cubrió
zonas relativamente pequeñas, ha ido extendiendo
el alcance de sus transmisiones hasta cubrir los
espacios nacionales e internacionales por onda
corta y, más recientemente, a través
de Internet. La televisión, por su mayor
costo de producción, requería cubrir
el mayor espacio posible para ampliar sus audiencias.
Ese medio audiovisual, con el advenimiento de
los satélites, ha rebasado los límites
nacionales para volverse internacional y mundial.
Los medios orales pueden ser escuchados y vistos
por todo el mundo bajo la condi-ción de
que se limiten a transmitir sonidos o imágenes.
En cambio, hay una condición cuando se
quieren difundir ideas y pensamientos, discusiones
y acuerdos, religión o literatura. Esa
condición es, por supuesto, una lengua
que compartan las audiencias. Para los medios
la lengua no es sólo un producto cultural
o un vehículo para la comunicación,
sino también un hecho económico
[3]. Consecuentemente, los medios
necesitan, de ser posible, una lengua mundial
única que, afortunadamente, no existe.
En cambio, hay un buen número de lenguas
internacionales, con audiencias muy extensas,
como la española, cuyos hablantes se acercan
a los 400 millones.
La hipótesis es obvia: los medios promueven
la unidad lingüística por sus propios
in-tereses. Esa convergencia lingüística
se confirma en nuestras investigaciones sobre
el español que se utiliza en los programas
informativos internacionales. Para demostrarlo,
me referiré a continuación a los
componentes de la lengua que pueden presentar
más variación: la pronunciación
y el léxico.
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La pronunciación:
normas convergentes y divergentes |
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En los medios orales de alcance internacional
—como he mostrado en otras investigaciones
[4]— se escuchan básicamente
tres normas convergentes de pronunciación.
Ejemplificaré cada una de esas normas,
que he llamado a (alfa), ß (beta), gamma,
de acuerdo con la forma en que se escucha en cada
una de ellas el enunciado Ellos empezaron a
viajar desde los doce años [5].
La norma a se caracteriza porque no presenta
distinción entre los fonemas /s/ (letra
s) y /z/ (letras z y c ante e,
i); y porque en esa variante no se aspira
el fonema /s/ en posición final de sílaba.
El enunciado se escucha así: /eyos empesaron
a biajar desde los dose años/. Esta pronunciación
se puede encontrar, por ejemplo, en hablantes
cultos de ciudades como México o Bogotá.
La norma ß es semejante a la anterior
en la medida en que no hay distinción entre
/s/ y /z/, pero se diferencia porque en ella se
aspira con alguna frecuencia el fonema /s/ en
posición final de sílaba. Dentro
de ß hay tres variantes principales. En
ß1 se escucha el fonema /n/ final
de palabra con articulación velar, y el
fonema /j/ un poco abierto: /eyoh empesaron
a biajar dehde loh dose años/. Esta
pronunciación se puede encontrar en hablantes
cultos de las ciudades de Caracas o La Habana.
La variante ß2 no tiene /n/ velar
ni /j/ abierta, pero el fonema /y/ (letras
y y ll) se pronuncia tenso /y/:
/eyoh empesaron a biajar dehde loh dose
años/, como se puede escuchar en la ciudad
de Buenos Aires. Por último, en ß3
no aparece la n velar y el fonema /y/ no
es tenso: /eyoh empesaron a biajar dehde loh dose
añoh/, como se escucha en hablantes cultos
de la ciudad de Santiago de Chile.
Finalmente, en la norma gamma se pronuncia más
grave el fonema /s/ el cual, además,
se distingue del fonema /z/: /eyos empezaron
a biajar desde los doze años/. Esta pronuncia-ción
se puede encontrar en hablantes cultos de ciudades
como Burgos, Salamanca o Valladolid.
Las tres normas anteriores tienen algunas variantes
más, que no voy a describir ahora. Sólo
quiero señalar que, de acuerdo con lo que
se escucha en los programas que hemos analizado,
la norma que predomina es la a, a la que sigue
la ß y, finalmente, con poca frecuencia,
la gamma. Por otra parte, en los canales de televisión
por suscripción que se captan en la ciudad
de México por satélite, la norma
a predomina de nuevo en los programas culturales
o documentales y en los anuncios de la programación.
Esta pronunciación es prácticamente
la única que se escucha en las series o
películas dobladas [6]
y en los programas de dibujos animados. Frente
a la norma a, se escucha también la pronunciación
ß2 en algunos comerciales —probablemente
dirigidos a las audiencias de Argentina y Chile—,
y en unos pocos programas culturales.
En Europa, en cambio, la situación es
diferente. El pasado mes de mayo de 2002 tu-ve
la oportunidad de sintonizar en Madrid los canales
de TV por suscripción que ofrece una empresa.
En esa situación sólo escuché
la norma gamma en los programas informativos y
culturales. Las únicas excepciones fueron
los canales de Andalucía y de Canarias,
en los cuales se prefiere la pronunciación
tipo ß.
Frente a lo anterior, en las estaciones de radio
de carácter internacional que transmiten
en español y que hemos escuchado a través
de WWW —BBC, Radio Francia Internacional
y Radio Nederland— la pronunciación
de los locutores o comentaristas refleja más
adecuadamente la realidad del español en
su variante culta. Esas empresas parecen tener
una mayor conciencia de las tres normas a las
que he hecho referencia, pues no hay un predominio
tan claro de ninguna de ellas, aunque la gamma,
de nuevo, es la menos frecuente. Además,
en esas transmisiones se escuchan mezclas de las
tres normas en la pronunciación profesional
de hombres o mujeres. Esta situación parece
deberse al hecho de que los locutores han dejado
sus países de origen —e incluso pueden
haber cambiado de nacionalidad— y han estado
en contacto con hispanohablantes de otras regiones.
Esa característica, por cierto, no parece
importarle a quienes toman decisiones en los medios.
Lo único que parecen exigir es una buena
voz y una articulación clara, aunque no
se apegue estrictamente a ninguna de las tres
normas que he descrito. |
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El léxico internacional |
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Las compañías editoriales siempre
han buscado que sus libros —por lo menos
los científicos o los de estudio, inclusive
las traducciones— tengan un mercado internacional.
Por eso han procurado que en esos libros el léxico
y la sintaxis correspondan, en la medida de lo
posible, a los usos académicos. Los medios
orales tienen una actitud semejante: buscan una
audiencia internacional lo más extensa
posible. La diferencia está en que estos
últimos están más preocupados
que los primeros por quienes escuchan sus programas
a todas horas. A diferencia de los lectores, las
audiencias, por lo instantáneo de la comunicación
oral, no tienen tiempo de consultar un diccionario
para comprender el significado de un vocablo que
desconocen. Y si no comprenden las emisiones,
lo más probable es que cambien de estación.
En una empresa como CNN en español —de
acuerdo con los comentarios que me envió
por correo electrónico el jefe de redacción—
hay discusiones diarias entre los redactores,
que provienen de diferentes países hispánicos,
en relación con las palabras más
adecuadas para las audiencias. Esta preocupación
quizá explique nuestros resultados en relación
con los vocablos de uso general o no marcados
frente a los ismos o voces marcadas. De
acuerdo con nuestras estadísticas, los
vocablos de uso general que recogimos en los programas
informativos internacionales [7]
iban de un mínimo de 98.8% (CNI) a un máximo
de 99.5% (ECO). Frente a estos, los ismos
—americanismos, mexicanismos, latinismos,
helenismos y extranjerismos— no pasaron
del 1.2%.
Esos porcentajes son incluso menores si se considera
el nivel del discurso, la frecuencia de presentación
de las voces en el texto. En este caso, las audiencias
escucharían un máximo de 25 ismos
por cada 10000 palabras (CNN) y un mínimo
de 1 (Radio Vaticana para España). Por
otra parte, muchas de esas voces marcadas son
ampliamente conocidas o fáciles de interpretar,
sobre todo si se escuchan en contexto, como antiterrorista,
balear, bolsa de valores, chinosoviético,
cogobernante, conscientizar, desocupación,
dirigencia y otras. La situación es
semejante en el caso de los extranjerismos —básicamente
anglicismos— como, country —tipo
de música—, look —“tiene
un look de verano”—, okey o
ranking; o los términos deportivos
fául, jit, nocáut y pénalti,
entre otros pocos. Por cierto que convendría
ver el otro lado del asunto: los hispanismos que
han sido incorporados al inglés, como adobe,
guerrilla, amigo, solo flight, salsa y muchas
otras [8]. |
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Conclusiones |
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Los medios orales de información masiva
están presentes en la actualidad en todas
partes y a todas horas. Su ubicación mundial
puede ejemplificarse, en el caso de la televisión,
por la transmisión ininterrumpida de datos
climatológicos de todo el planeta a todo
el planeta. Para los medios, las lenguas son uno
de sus activos fundamentales. Eso fue precisamente
lo que señaló el rey de España
en su reciente visita a México: el español
es “una herramienta de penetración
social y económica” [9].
En el caso del español, la audiencia
máxima que pretenden alcanzar los medios
orales, sobre todo los audiovisuales, es de 400
millones. Por eso buscan y promueven un modelo
estándar de la lengua. Como señalé
antes, en Hispanoamérica —incluidas
las regiones hispanohablantes de los Estados Unidos—
este hecho se constata por los componentes más
variable y más abierto de la lengua: la
pronunciación y el léxico respectivamente.
En el primer caso, se escuchan básicamente
dos normas convergentes, la a /las kájas
de sapátos/ y la ß /lah kájah
de sapátos/, con predominio de la primera
sobre la segunda. Esta mayor aceptación
puede quizá deberse a que la norma a —sin
el fonema /z/ y sin la aspiración de /s/
final de sílaba, como la ß—
representa una pronunciación intermedia
entre las otras dos. En España, como he
comentado arriba, el predominio de la pronunciación
tipo gamma /las kajas de zapatos/
es muy claro. Esta pronunciación se escucha
incluso en programas de radio de estaciones regionales,
fuera de Castilla [10].
En relación con el léxico, he
señalado que los ismos o vocablos marcados
representan un porcentaje insignificante de las
voces que se escuchan en los programas informativos.
De ese porcentaje los anglicismos son aún
menos: no llegan más allá del 0.03
por ciento en el discurso —tres por cada
diez mil palabras que se escuchan. Además,
recordemos que en ese conjunto hay voces tan generales
como okey, o palabras del léxico
deportivo como mánayer y otras ya
citadas [11]. Lo único
que cabe hacer con esos anglicismos es apropiárselos
plenamente: pronunciarlos y escribirlos a la española
[12].
Por otra parte, la sinonimia geográfica
merece un tratamiento más amplio en un
nuevo tipo de diccionario, de dimensión
internacional. Hay quienes consideran que un hispanohablante
no tiene mayor problema si, por ejemplo, tiene
que decir piscina en España, alberca
en México o pileta en Argentina
[13]. Sin embargo, las diferencias
no son únicamente connotativas. En la ciudad
de México se usan las tres palabras, pero
con significado distinto: la alberca es rectangular
y grande, frente a la piscina, que puede tener
diversas formas y es más pequeña;
y frente a la pileta, donde no se puede nadar,
ya que es un depósito relativamente pequeño
de agua que se usa, entre otros propósitos,
para lavar la ropa [14].
En lo que respecta a los medios orales, es difícil
imaginar que en un programa de deportes se dijera
algo como: “Los competidores se acercan
al borde de la alberca, pileta o piscina
para iniciar la competencia de 100 metros de nado
estilo libre”. Los medios necesitan escoger
un sinónimo, el más adecuado para
sus audiencias, que pueden ser de diferentes países.
Y ese vocablo no necesariamente tiene que ser
el académico. Los medios, al tomar en cuenta
a su público, han roto con la pretensión
de tener una versión única de la
lengua española, como en la época
colonial. Eso explica su preocupación por
evitar palabras o expresiones de uso regional
[15]. Los medios internacionales
—por lo menos los que producen para Hispanoamérica—
parecen haber incorporado, a veces intuitivamente,
los criterios de frecuencia —el peso demográfico
de quienes usan la voz— y dispersión
geográfica —el número de países
donde se utiliza. Así, por ejemplo, si
se ha de considerar la audiencia, en el caso de
los sinónimos enagua, falda, pollera
y saya, la selección sería falda,
que se utiliza en 17 países (incluida España),
con casi el 95% de la población; y en el
caso de abrigo, buzo, chomba, chompa, jersey,
pulóver, saco de lana, suéter o
tricota, el sinónimo más general
y con más hablantes sería suéter,
que se escucha en 13 países (excluida España,
único país, junto con Guinea Ecuatorial,
donde prefieren jersey), con casi el 64%
de la población (ver tablas 1 y 2).
La responsabilidad de mantener la estabilidad
de la lengua —su unidad dentro de su diversidad—
es de todos. Los hispanohablantes, al hablar fuera
de nuestros países, nos desprendemos en
alguna medida de nuestras características
nacionales: dejamos de ser venezolanos, colombianos,
argentinos, cubanos, españoles o mexicanos
para volvernos parte de una misma comunidad lingüística.
Así construimos nuestra identidad internacional
y nos convertimos, como decía Octavio Paz,
en ciudadanos de la lengua española.
El privilegio que supone la lengua común
es disfrutado sobre todo por los medios masivos,
que la difunden a todas horas por todo el ámbito
hispánico. Por eso los medios deben asumir
una mayor responsabilidad y una mayor conciencia
del uso de la lengua. En todo caso, es necesario
que haya armonía entre estas dos dimensiones
del lenguaje: la pública y la privada.
Así será más fácil
enfrentar, en el espacio mundial, la idea neocolonial
de proponer una sola lengua y un solo pensamiento.
TABLA 1: FALDA Y SINÓNIMOS
|
Concepto |
población (mil) |
porciento |
# países |
países |
| enagua |
3,744 |
1.0% |
1 |
CR |
| falda |
352,971 |
94.8% |
17 |
ES GE CU RD PR MX GU EL NI PN CO VE EC
PE BO CH AR |
| pollera |
45,639 |
12.3% |
3 |
PA UR AR |
| saya |
14,981 |
4.0% |
2 |
CU PR |
| POBLAC. TOTAL (mil) = 372,344
100.0% |
TABLA 2: SUÉTER Y SINÓNIMOS
| Concepto |
Población (mil) |
Porciento |
# países |
países |
| abrigo |
2,828 |
0.8% |
1 |
PN |
| buzo |
54,865 |
14.7% |
3 |
CO EC UR |
| chomba |
14,996 |
4.0% |
1 |
CH |
| chompa |
33,878 |
9.1% |
2 |
PE BO |
| jersey |
40,022 |
10.7% |
2 |
ES GE |
| pulóver |
53,796 |
14.4% |
5 |
GE BO PA UR AR |
| saco de lana |
51,532 |
13.8% |
2 |
CO EC |
| suéter |
237,387 |
63.8% |
13 |
CU RD PR MX GU EL NI CR PN VE CH PA AR |
| tricota |
3,333 |
0.9% |
1 |
UR |
| POBLAC. TOTAL (mil) = 372,344
100.0%
(GE: Guinea Ecuatorial) |
En negritas: vocablo con mejor distribución
(países) y más hablantes (población)
(De H. Ueda, Demolingüística, 1997
[programa de cómputo, ed. provisional]).
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Notas |
| |
[1]
A. Bello, Gramática de la lengua castellana
[1847], ed. de R. Trujillo, Madrid, Arcolibros,
1988, p. 160.
[2]
Véase para todo esto el art. de G. M. Guitarte,
“Del español de España al
español de veinte naciones: la integración
de América al concepto de veinte naciones”,
en El español de América. Actas
del III Congreso Internacional sobre el español
de América, Valladolid, 3 a 9 de julio
de 1989 (Salamanca, Junta de Castilla y León,
1991), p. 78.
[3]
Véase al respecto lo que dice
M. Cebrián Herreros, “La lengua en
la información televisiva (nuevos territorios
del español)”, en La lengua española
y los medios de comunicación. Primer congreso
internacional de la lengua española, Zacatecas,
1997 (México, Siglo XXI-SEP- Instituto
Cervantes,1998), t. 2, pp. 1043-1065.
[4]
Me he referido a esto sobre todo en mi ponencia
"La pronunciación internacional del
español: medios de comunicación
masiva y norma culta", XIII Congreso ALFAL,
San José, Costa Rica, febrero 2002.
[5]
Por razones tipográficas transcribo el
fonema interdental sordo con /z/. Para las variantes
fónicas a las que me refiero utilizo letras
subrayadas.
[6]
Lo mismo sucede con las películas dobladas,
cuya pronunciación más aceptada
es, de nuevo, la gamma. Así me lo hicieron
saber los responsables de una empresa de doblaje
mexicana. De acuerdo con su opinión, se
prefiere lo que ellos llaman “español
neutro” que, en relación con la pronunciación,
corresponde a la norma gamma. Un ejemplo reciente
es el caso del doblaje al español de la
película “Harry Potter y la cámara
secreta”. Tras escuchar a varios cientos
de niños hispanoamericanos, fueron escogidos
tres mexicanos. De acuerdo con la entrevista que
les hicieron en un periódico mexicano,
“Claudio, Carlos y Mitzi aseguran que como
el trabajo iba a presentarse en los distintos
países de Latinoamérica se cuidó
bastante la entonación y se evitaron las
expresiones "mexicanizadas [...] Se cuidó
mucho, estaba prohibido el 'ahorita' y el 'este'
y la pronunciación te la cuidan mucho [...]",
mencionó Mitzi (Reforma, México,
domingo 17 de noviembre de 2002, sección
C, p. 1).
[7]
Me baso en muestras de los programas de televisión
de CNN (Cable News Network en español),
CNI (Corporación de Noticias e Información,
canal 40, de México, de cuyo noticiero
internacional se recogieron las muestras), ECO
(noticiero internacional de TELEVISA, México,
ya fuera del aire); así como en las que
recogimos de las estaciones Radio Vaticana para
Hispanoamérica y RV para España
(onda corta). El corpus es de un total de 76300
palabras gráficas (10000 o más por
cada estación). Véase mi investigación
“Los medios de comunicación masiva
y el español internacional”, en el
sitio http://cvc.cervantes.es/obref/congresos/valladolid/ponencias/
unidad_diversidad_del_espanol/1_la_norma_hispanica/avila_r.htm.
Ofrecí datos más detallados de los
programas informativos en mi artículo “Lenguaje
y medios: noticias internacionales”, Anuario
de Letras, xxxv, 2000, pp. 37-65.
[8]
Véase para esto Félix Rodríguez
(ed.), Spanish loan words in the English language,
New York, Mouton, 1996.
[9]
Los conceptos fueron expresados por el rey Juan
Carlos al inaugurar la nueva sede de la Academia
Mexi-cana de la Lengua el 19 de noviembre de 2002.
Allí dijo que “el español
es «el principal activo» de 400 millones
de personas, hermanadas por este idioma «en
historia, cultura y destino» [...] Sus hablantes
en Estados Unidos y Brasil lo convierten en una
herramienta de penetración social y económica”
[subr. mío] Reforma (México),
miércoles 20 nov 2002, sección C,
p. 1. Añado a esto que, de acuerdo con
los datos que ofrece Amparo Morales, en la actualidad
hay en los Estados Unidos, más de 500 estaciones
de radio y más de 159 de televisión
que transmiten en español. Véase
su art. “El español en Estados Unidos.
Medios de comunicación y publicaciones”,
en
http://cvc.cervantes.es/obref/anuario/
anuario_01/morales/ [02.11.26].
[10]
Véase Antonio M. López González,
El lenguaje radiofónico de la ciudad
de Almería. Estudio sociolingüístico;
Almería, Universidad, 2001 [Tesis de doctorado].
[11]
En nuestro corpus, de 76300 palabras gráficas,
sólo encontramos 23 apariciones de extranjerismos,
sobre todo anglicismos.
[12]
Por supuesto, estoy en desacuerdo con la opinión
de Álex Grijelmo, Defensa apasionada
del idioma español (México,
Taurus, 2002), p. 131. Para él la unidad
de lengua se encuentra indefensa ante la avalancha
de anglicismos. Sin embargo, coincido con él
en que, en el caso de los extranjerismos, convendría
evitar el uso de grafías y sonidos extraños
a nuestra lengua.
[13]
Así lo plantea Grijelmo, op. cit.,
p. 80.
[14]
El Diccionario de la lengua española
de la Real Academia Española, 22a ed. (Madrid,
2002) registra alberca, ac. 3 “piscina
deportiva” como mexicanismo; pileta,
ac. 6, idem, como usual en Argentina, Bolivia
y Uruguay; y piscina, ac. 1, “estanque
[para] la natación”, sin marca geográfica.
Comparativamente, podría ponerle la etiqueta
de que se usa en España (y otros países).
Esta sería la marca de uso que aparecería
en un diccionario del español de México
o de Argentina. De paso, muy cerca de piscina
está el españolismo plató
“Escenario acondicionado para el rodaje
de películas o la realización de
programas” de TV. Este vocablo difícilmente
se entendería en México o en otros
países hispanoamericanos. De paso, Grijelmo
(op. cit., p. 82) utiliza el término
marchamo, probable españolismo por
señal, marca.
[15]
Véanse al respecto (nota 6) los comentarios
que hicieron los chicos mexicanos que fueron escogidos
para el doblaje al español de una película
en inglés.

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