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Las tecnologías de la traducción como factor catalizador de la innovación en la formación de traductores

Luis Pérez González, Centre for Translation and Intercultural Studies - The University of Manchester

1. Introducción

En los últimos tiempos, las Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC) se han erigido en el pilar sobre el que descansa la Sociedad de la Información. Por motivos obvios, la traducción no ha podido sustraerse a la creciente ubicuidad de las nuevas tecnologías, hasta el punto de que las publicaciones especializadas más recientes incluyen secciones específicas sobre el modo en que las TIC han modificado el modus operandi de los profesionales de la traducción y la interacción entre los traductores y sus estaciones de trabajo (Bowker, 2002:17-20) e incluso argumentan que la irrupción de las tecnologías permite definir un nuevo paradigma de investigación en el ámbito de la traducción (Austermühl, 2001), que vendría a sumarse a la dicotomía tradicional entre los paradigmas lingüístico y cultural (Baker, 1996).

A medida que las TIC han ido evolucionando y convirtiéndose en un vehículo canalizador de la comunicación humana en sus distintas manifestaciones, los lingüistas computacionales han desarrollado aplicaciones cada vez más sofisticadas y adaptadas a las necesidades concretas de los traductores. En tan solo dos décadas, las TIC —que, en un principio, fueron aceptadas por los traductores como un instrumento imprescindible para reducir el tiempo dedicado a procesar el texto traducido— han alcanzado un considerable grado de sofisticación, convirtiéndolas en una herramienta omnipresente en tanto que:

A través de las TIC, el traductor se comunica con sus clientes y colegas;

las aplicaciones de las TIC a la traducción aportan la información necesaria para solventar las dificultades de documentación e investigación con que el traductor se encuentra en cada proyecto;

las TIC han contribuido decisivamente a socializar y colectivizar la labor del traductor, erigiéndose en elemento imprescindible para la gestión de los grandes proyectos, cada vez más numerosos en la economía de mercado y en un entorno económico internacional dominado por grandes corporaciones multinacionales;

las TIC se han convertido en un asistente indispensable para la traducción de los nuevos formatos multimedia que ellas mismas han generado e impuesto en nuestra vida personal y profesional;

en último término, estas mismas TIC han aumentado la productividad del traductor hasta el punto de que (i) algunos profesionales han convertido su competencia tecnológica en una baza para realzar su competitividad respecto a otros profesionales y (ii) los clientes procedentes del ámbito corporativo presionan cada vez con mayor intensidad para reducir las tarifas de traducción de forma directamente proporcional al esfuerzo supuestamente «menor» que realiza el nuevo traductor de la Sociedad de la Información.

A pesar de algunas reticencias por parte de los traductores que estudiaremos posteriormente, anteriormente, las múltiples ventajas que ha reportado el uso de las TIC han servido para facilitar su aceptación por parte de amplios sectores de la profesión. En los últimos años hemos asistido a la consolidación de líneas de investigación específicas con innovadoras denominaciones (tal es el caso, por ejemplo, de tradumática) y a la proliferación de publicaciones especializadas sobre la contribución de las TIC a la traducción de textos referentes a distintos ámbitos profesionales. En la era de la tradumática, tanto las revistas publicadas por y para las industrias de la lengua como las monografías y publicaciones periódicas elaboradas por miembros del colectivo académico de la traducción analizan y ejemplifican las aportaciones de las TIC a la traducción de textos multimedia, científico-técnicos, médicos o financieros.

En este artículo, sin embargo, pretendemos abordar un efecto bien distinto del desarrollo de las TIC aplicadas a la traducción: el papel de catalizador que los avances tecnológicos han jugado en la evolución de los modelos y estrategias de formación de los traductores a comienzos del siglo veintiuno. Partiendo de una revisión de los modelos de enseñanza de futuros traductores, analizaremos los puntos de convergencia entre los ámbitos académico y profesional de la traducción. En nuestra opinión, la orientación de la formación de traductores hacia el ejercicio profesional de esta actividad se ha visto reforzada por la consolidación del papel que las TIC cumplen en el proceso de mediación interlingüística. La integración de las TIC en el aula ha supuesto todo un revulsivo no solo para la renovación de la pedagogía de la traducción sino también, como veremos en la sección final, para los ejes de investigación en el ámbito de la traductología aplicada.

 

2. Avances en la formación de traductores: hacia la profesionalización

En una reciente monografía dedicada en exclusiva al análisis de distintos modelos de formación de traductores, Kelly (2005) pasa revista a las prioridades que han determinado las estrategias pedagógicas de los formadores en las últimas décadas: la delimitación de los objetivos didácticos (Delisle 1980, 1993), la figura del aprendiz de traductor (Nord 1991), el propio proceso de traducción (Gile 1995), los factores cognitivos y psicolingüísticos que inciden en el aprendizaje (Kiraly 1995, 2000; Kussmaul 1995), el contexto situacional (Vienne 1994) y la combinación entre el análisis consciente y los descubrimientos subliminales que subyacen al proceso traductor (Robinson 1997).

En gran medida, los modelos anteriormente mencionados coinciden en su esfuerzo por contextualizar el proceso de traducción de acuerdo con un conjunto sistemático de parámetros bien definidos. El objetivo es capacitar al aprendiz para analizar de forma consciente aquellos factores que inciden de forma especial en la traducción que tienen entre manos y tomar decisiones informadas por las conclusiones de dicho análisis. En último término, estos especialistas en formación pretenden dotar a los aprendices de los medios necesarios para una internalización rápida de los mecanismos cognitivos y mecánicos de la traducción, acortando de este modo el largo proceso de adquisición de estos mecanismos que, de otro modo, abarcaría una parte de su carrera profesional.

Esta creciente orientación de los programas de formación hacia el ejercicio profesional de los futuros traductores tiene su máximo exponente en la aplicación a la enseñanza de la traducción de un modelo pedagógico diseñado originalmente para la formación en lenguas extranjeras, el enfoque por tareas. Aunque son muchos los aspectos de interés que presenta esta importación metodológica, liderada entre otras especialistas por Hurtado Albir (2000) y González Davies (2003, 2004), nuestra intención es centrar la discusión en una noción íntimamente ligada al enfoque por tareas: las competencias del traductor.

Pérez González (2000) y Pérez González y Rico Pérez (2001), en sendos estudios sobre la aplicación del enfoque por tareas a la enseñanza de la traducción, identifican una serie de competencias que se deben mantener estables en la formación del traductor (Pérez González, 2001: 861):

Competencia comunicativa. Agrupa las siguientes cinco dimensiones: (i) lingüística (comprensión y uso correcto de los aspectos formales de la lengua); (ii) sociolingüística (capacidad para producir un discurso adecuado a la situación comunicativa); (iii) discursiva (relacionada con los mecanismos organizativos del discurso tales como el mantenimiento de la cohesión y la coherencia o el uso de marcadores anafóricos); (iv) estratégica (empleo de las técnicas adecuadas para asegurar que el discurso se mantiene fluido); y (v) sociocultural (conocimiento de los aspectos culturales que se filtran en la lengua).

Competencia de procedimiento. Se trata de una serie de estrategias instrumentales que permiten al traductor llevar a cabo su tarea y que se concretan en el uso adecuado de los materiales de referencia (diccionarios y glosarios), de la selección adecuada de las estrategias traductoras que se deben aplicar en cada caso y para cada tipo de texto, entre otras.

Competencia evaluadora. Está directamente relacionada con la explotación y gestión de la lengua que hace el traductor así como con su capacidad lógica y de auto análisis como profesional. Esta competencia permite alcanzar una actitud creativa y, a la vez, crítica, acerca del trabajo realizado.

En el marco del enfoque por tareas, la competencia de procedimiento otorga una importancia destacada a la identificación de los recursos instrumentales más relevantes para cada proyecto de traducción. Entre estos recursos se incluirían, por citar tan solo unos ejemplos, los glosarios y textos paralelos de referencia disponibles en línea o las memorias de traducción. Además, el reconocimiento explícito del papel que las TIC aplicadas a la traducción desempeñan en la práctica profesional y, por extensión, en la adquisición de los procesos cognitivos y mecánicos de distinta naturaleza que caracterizan a esta actividad constituye un reflejo directo de (i) el grado de difusión de dichas tecnologías en las industrias de la lengua y (ii) la creciente convergencia entre los ámbitos académicos y profesionales de la traducción. Son varios los factores que podrían considerarse como responsables de dicha convergencia durante la última década:

Los informes elaborados por el proyecto LETRAC (Language Engineering for Translator Curricula) aportan información valiosa con respecto a las necesidades del sector empresarial, las agencias de traducción y los traductores, así como un estudio del estado de la formación de traductores en ese momento en diferentes países europeos. Como parte de su propuesta de diseño curricular, se sugiere la conveniencia de otorgar una mayor importancia en los planes de formación al uso de Internet como herramienta de comunicación y fuente de documentación, los sistemas de gestión terminológica, la explotación de corpus paralelos y traducción, la familiaridad con las memorias de traducción y la iniciación en la traducción automática y la evaluación de sistemas desde el punto de vista del usuario.

En un interesantísimo artículo titulado Educating Translators for Success?, Larsen (2001) ofrece una visión general de las dimensiones internacionales del problema al que hace referencia el título. Inger Larsen, directora general de Larsen Globalisation, empresa londinense de contratación de personal, expone con gran detalle los problemas a los que se enfrentan las distintas firmas para encontrar un traductor con el perfil adecuado a las exigencias del mercado.

En el contexto de la elaboración de normas europeas, como la norma EN-15038 sobre calidad en la traducción de Documentación Técnica, se incide en la importancia de que la universidad forme traductores con capacidad para incorporarse rápidamente a la industria y que, llegado el caso, puedan ser actores de los cambios que en ella se producen. Como es obvio, el compromiso con este tipo de formación exige de la universidad una gran inversión en dinamismo, recursos y adaptación del perfil del estudiante. A este respecto, el diseño de contenidos para la enseñanza de las nuevas tecnologías en el marco de las licenciaturas en Traducción e Interpretación debe tener en cuenta que el objetivo prioritario es conciliar las exigencias cambiantes de la industria y la tecnología con la necesidad de formar al futuro traductor en el pensamiento crítico, el razonamiento lógico, la innovación y la capacidad de adaptación a nuevos entornos.

La creciente capacitación tecnológica de los formadores de traducción, a menudo también profesionales en ejercicio, que han importado al aula herramientas y procedimientos de trabajo de creciente implantación en las industrias de la lengua. Este es, por ejemplo, el caso del uso de sistemas de gestión de proyectos colectivos de traducción como BSCW, que hace posible la aplicación en el aula de los modelos de aprendizaje cooperativo basado en el descubrimiento y en el empleo de recursos compartidos. Borja y Monzó (2002) ilustran cómo la combinación de este sistema con la página web de determinadas asignaturas de traducción especializada proporcionan un entorno de trabajo virtual idóneo para el desarrollo de encargos de traducción que emulan las condiciones del mercado de trabajo

 

3. La difícil convivencia entre el traductor y las nuevas tecnologías

Como es bien conocido, el proceso que hemos revisado en las líneas anteriores no ha estado exento de una justificada suspicacia por parte de los traductores. En un reciente artículo sobre la convergencia entre los factores humano y tecnológico en el ámbito de la traducción profesional, Rico (2003) resume de forma sistemática algunos de los lugares comunes a los que han recurrido los profesionales más beligerantes en sus escritos sobre esta cuestión. Aún a riesgo de aportar una visión excesivamente simplista de su exposición, podríamos decir que su aproximación a la divergencia entre el factor humano y el tecnológico gira en torno a tres ejes básicos:

Frente a los complejos procesos cognitivos e intelectuales que activa el traductor, las herramientas tecnológicas se limitan a formalizar ciertos procesos de transferencia que solo permiten la manipulación de determinadas secuencias especialmente recurrentes;

frente a la capacidad del traductor para procesar, interpretar y transferir información lingüística, técnica y cultural, las herramientas tecnológicas son incapaces de hacer frente a múltiples manifestaciones del uso lingüístico, como la ambigüedad;

mientras que el traductor es capaz de transformar sus conocimientos abstractos en decisiones específicas adecuadas al contexto o función del texto que tiene entre manos, las herramientas informáticas requieren de la intervención posterior del traductor durante las etapas de revisión y control de calidad para garantizar que se produce dicha adaptación.

El proceso progresivo de integración de las nuevas tecnologías en los ámbitos docentes y profesionales de la traducción ha sido estudiado recientemente por Hernández y Austermühl (2003), quien describen los cambios acontecidos como el paso de un contexto de trabajo dominado por las ‘translator tools’ hacia las que el autor denomina ‘localizer tools’. Pese a la longitud de la cita, la formulación de los autores nos parece lo suficientemente importante para reproducirla en su totalidad:

In general, we will distinguish between two separate, yet closely interconnected sub-processes, each requiring its own set of task-specific tools. The first of these domains comprises the ‘classical’ three-step translation model of source text reception, information transfer, and target text formulation. The network- and computer-based resources used during this core translation process aim at providing the translator with the linguistic, encyclopedic, and cultural information necessary to successfully perform his or her task. Since we consider translation to be an utterly knowledge-based activity (Stolze 1992), these ‘translator tools’ will ideally serve to enhance the translators’ hermeneutic abilities, thus allowing them to unfold their full, creative potential.

This ideal situation of a translator’s freedom, however, is in many cases torpedoed and restricted by a second group of electronic tools. These applications, which we will call ’localizer tools’, aim primarily at streamlining the business process of translation, especially with regard to larger, repetitive translation tasks and projects. Although from the point of view of a human translator it is tempting to characterize these tools ¾primarily translation memories or localization tools¾ as merely productivity-enhancing, their impact on the improvement of translation quality, especially with regard to terminological and phraseological consistency, should not be ignored. Figure 1 below reflects the approach taken in this article with regard to the categories of translator and localizer tools (Hernández y Austermühl 2003: 226).

Nos encontramos, en definitiva, en un momento en el que las tecnologías han pasado de ser un elemento auxiliar a un elemento nuclear en el proceso de traducción, en el que las herramientas informáticas no sólo complementan sino también determinan la propia dinámica del proceso de mediación interlingüística. Y lo que es aún más importante, en una coyuntura en la que, probablemente por primera vez desde la implantación de los programas universitarios de formación de traductores, los contextos docentes y profesionales comparten en gran medida una serie de objetivos y prioridades de orientación eminentemente práctica.

 

4. Conclusiones: las TIC como factor catalizador de la innovación en la formación de traductores

En secciones anteriores de este artículo hemos hecho referencia a la convergencia entre los avances registrados en la aplicación de las TIC al ejercicio profesional de la traducción y la evolución de los métodos de formación de futuros traductores en un contexto pedagógico. En este nuevo entorno, las universidades han asumido un creciente liderazgo en la investigación sobre la explotación de las TIC para la formación de traductores que está redundando, por extensión, en beneficio de la propia industria de la lengua. La investigación originada en ámbitos académicos refleja en gran medida los cambios esbozados en secciones anteriores, de modo que las nuevas líneas de investigación están desviando su atención progresivamente de las ‘translator tools’ y mostrando cada vez un mayor interés por las ‘localizer tools’.

Durante la primera de estas fases, los esfuerzos investigadores se centraron en fenómenos relacionados fundamentalmente con la cuantificación:

En primer lugar, la comprobación de la validez de las hipótesis formuladas por el investigador recurriendo a volúmenes de datos relativamente importantes y fácilmente compilables;

en segundo lugar, la explotación de técnicas de filtrado muy depuradas y sofisticadas, que permiten ampliar o reducir la dimensión del fenómeno lingüístico analizado de acuerdo con los intereses del investigador;

en tercer y último lugar, el uso del aparato cuantitativo y estadístico que acompaña y subyace a los análisis cualitativos que estas herramientas hacen posibles.

Teniendo en cuenta estos factores, las principales aportaciones de las herramientas informáticas a la investigación en traducción y, por ende, a la formación de futuros traductores, podrían resumirse como sigue:

Las TIC constituyen un recurso indispensable para describir de forma empírica, sistemática y, si es necesario, contrastiva, el comportamiento de uno o varios traductores ante determinadas dificultades de traducción;

de acuerdo con lo expuesto en el punto anterior, las TIC harían posible establecer generalizaciones a partir de las estrategias y técnicas de traducción utilizadas por profesionales concretos en determinados contextos o géneros y explotar pedagógicamente estas conclusiones en la formación de nuevos profesionales;

asimismo, el avance de las TIC no solo debería permitir que se llegue a cuantificar la incidencia y efectos derivados de la elección de una técnica de traducción, sino también que se elabore una clasificación sistemática de la nómina de estrategias alternativas disponibles en cada momento.

Pero además de abrir nuevos cauces para la investigación sobre cuestiones y aspectos que podríamos calificar como tradicionales, la implantación de las TIC ha dado lugar a la aparición de nuevas prácticas y condicionantes que merecen, en tanto que tales, ser estudiados por los investigadores en este ámbito. Así, son ya numerosas las líneas de investigación específicas en torno a esta cuestión que se están haciendo un hueco dentro del ámbito de la traductología aplicada. A título de ejemplo, son cada vez más los especialistas que han comenzado a estudiar cómo la utilización de los sistemas de gestión terminológica por parte de los traductores ha modificado las prácticas tradicionales de registro de datos léxicos, tanto en lo referente a la delimitación del término como en la selección de información asociada al uso del mismo (Kenny 1999).

De igual modo, se analiza ya la incidencia que la mediación de la interfaz de usuario de las distintas herramientas informáticas tiene sobre el proceso y el producto final de la traducción. Así ocurre, por ejemplo, con la interfaz de las memorias de traducción, que induce al traductor a utilizar en el texto traducido el mismo número de segmentos (en la mayor parte de los casos, frases) que componían el texto original (Bédard 2001); al traducir bajo el pautado que conlleva la división del texto en segmentos de traducción por parte de las memorias, los traductores podrían terminar viendo erosionada su capacidad de establecer vínculos de coherencia y cohesión entre las distintas partes del texto, eliminando de forma más o menos consciente los mecanismos de referencia anafórica o catafórica que estos mismos traductores no perdían tan fácilmente de vista al trabajar con el procesador de textos tradicional (Heyn 1998);

Asimismo, la credibilidad de alguno de los principales reclamos de ciertas herramientas informáticas está siendo objeto de un minucioso análisis. Este es el caso de la supuesta reversibilidad de las memorias de traducción que, según sus principales distribuidores comerciales, pueden explotarse en sentido directo o inverso, independientemente de cuál haya sido la direccionalidad utilizada en la fase de creación de la memoria (Bowker, 2003). Es éste un factor importante para los traductores jurídicos que, por la naturaleza de los textos con que trabajan y el contexto en el que desarrollan su actividad, realizan traducciones inversas más frecuentemente que los profesionales de otras especialidades.

Desde un punto de vista más práctico, los investigadores han comenzado a analizar los efectos que las nuevas tareas asociadas a la utilización de las TIC (alineación de textos, conversión y manipulación de formatos, etc.) tienen sobre la realización de cada proyecto, desde la fase de planificación previa del proyecto hasta las prácticas de facturación posteriores a la traducción (Bowker 2002: 121-122).

Finalmente, uno de los ejes de investigación más novedosos son los sistemas informáticos o sistemas expertos que almacenan conocimientos expertos para un campo determinado y solucionan problemas de ese campo mediante la deducción lógica de conclusiones. Una característica muy importante es la separación entre conocimientos, por un lado, y su procesamiento, por el otro. Estos sistemas expertos son “sistemas con base de conocimientos” (knowledge based systems) en oposición a los sistemas tradicionales que trabajan con bases de datos (database systems) (Borja 2005). Se trata, en definitiva, de trabajos de investigación que están convirtiéndose progresivamente en catalizadores de la innovación en las industrias de la lengua. Pero en un contexto académico cada vez más proclive a la utilización de las TIC en los programas de formación de futuros traductores, la enseñanza de esta actividad profesional no solo representa un contexto adecuado no solo para emular las condiciones de trabajo en el mercado profesional, sino también para contribuir al desarrollo futuro de las nuevas herramientas informáticas.

 

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